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A 10 años del robo de la Catedral

Monseñor y el lejano recuerdo de “un momento muy triste”

El padre Alfonso Delgado recordó la profanación que sufrió la cripta más importante de la Iglesia sanjuanina y su conversación con Tello, uno de los autores del hecho, que fue instado por su abuela a devolver lo sustraido. Por Jorge Balmaceda Bucci.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Jorge Balmaceda Bucci

El 21 de noviembre de 2004 transcurría como un domingo más en la Catedral de San Juan hasta llegar el anochecer. En este horario fue cuando el párroco Juan José Leiva advirtió que había sido profanado el sagrario de la cripta ubicada en el subsuelo. En el lugar encontró el agresivo mensaje "Padre muerto que estás en el infierno, maldito sea tu espíritu"y comprobó que habían desaparecido dos copones con hostias consagradas. Tras presentar la denuncia a la mañana siguiente se dispararon varias hipótesis que intentaron explicar lo ocurrido, pero finalmentefue una abuela la que esclareció el hecho al obligar a su nieto, uno de los tres muchachos que protagonizaron el robo, a devolverlas. Cuando intentó deshacerse de ellas fue descubierto y apresado.


Monseñor Alfonso Delgado, luego de enterarse, acudió a la Central de Policía para solicitar la devolución de los copones y perdonar, charla mediante, al ladrón, rememoró una década después con Tiempo de San Juan en aquel episodio. "Fue algo muy triste que nos tocó vivir. Recuerdo que fui a hablar con el muchacho para preguntarle por qué lo había hecho y él reconoció su culpa. Después de hablar me di cuenta que él no era realmente consciente de lo que hizo. Le dije que con ese acto no me había insultado a mí sino que había ofendido a Dios”.


Las primeras noticias que trascendieron hablaban de un acto satánico –por el mensaje encontrado-. Después se miró a los allegados a la Catedral, pero finalmente, fue el propio Tello el que contó lo sucedido a su abuela y esta lo obligó a devolver copones. Cuando intentó deshacerse de las pertenencias fue identificado por unvecino en la Plaza de Santa Lucía –al parecer tenía las hostias en la mano-. La Policía no tardó en detenerlo. Sus dos amigos, también arrepentidos, envolvieron los dos copones en una bolsa y lo dejaron en la gruta de la parroquia de la Medalla Milagrosa (Barrio Bancario).


"El hecho de creer que los copones tenían unas vetas doradas le hizo pensar que se trataba de oro macizo, pero no es así, fue empujado por la ignorancia. Él sabía que no estuvo bien lo que hizo, pero nunca tomó dimensión del daño que le hizo a toda la comunidad. La gente se puso muy triste y yo también”, agregó Monseñor, quien compartió con todos los feligreses diversas misas en la que se rezaba por la aparición de los objetos extraviados y también la primera una vez que se recuperaron.

FRASE
"Después de hablar me di cuenta que él no era realmente consciente de lo que hizo”.

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