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Opinión

Provincias, capítulo uno: la hora de los raros y su correlato con San Juan

En Neuquén y Río Negro ganaron dos candidatos imposibles de ser leídos en clave nacional. ¿Hay en San Juan expresiones de tanta transversalidad?

Por Sebastián Saharrea

Supongamos que el Movimiento Popular Neuquino (MPN) es como el Bloquismo de San Juan para que pueda comprenderse mejor por acá lo que ocurrió el domingo pasado en la primera elección del año en las provincias.

Tienen mucho en común: se hicieron fuertes en el 62-63, las elecciones que convocó Frondizi con una tenue participación del peronismo proscripto, y por ese motivo debió repetir bajo amenaza militar. Ese año marcó el inicio de los neuquinos Sapag y los sanjuaninos Bravo, dos caudillos provinciales que no tenían nada que ver con los partidos dominantes de la época pero atraían el voto peronista.

La caída desde la marquesina principal ocurrió antes en San Juan que en Neuquén. El bloquismo dejó de ser el partido del poder provincial con la renuncia de Bravo en el 85 y el final de la gestión Gómez Centurión en el 91. El MPN acaba de darse las narices contra el piso hace una semana, cortando una tradición de medio siglo en la provincia.

Y no lo hizo a manos del algún eventual regreso los formatos políticos nacionales tradicionales, sino de maneras muy particulares: como un rejunte de dirigentes que ven al país y al mundo de manera muy diferente entre ellos, pero que se juntaron en Neuquén para tirar juntos en la provincia. A eso los neuquinos le dijeron que sí, igual que los rionegrinos. Repasemos.

En Neuquén, quien pudo finalmente vulnerar un larguísimo predominio del MPN de más de 50 años fue una astilla del mismo palo. Rolo Figueroa, el gobernador electo, es una reciente escisión del MPN, donde reportó como intendente y nada menos que vice del actual gobernador hasta que dio el portazo.

Es como si Enrique Conti –sólo por citar a alguno de los encuadrados como bloquistas disidentes- consumara un armado ganador que desbordara no sólo a su viejo partido sino a todo el abanico provincial. Aunque difícil verlo a Enrique asociado, por ejemplo, con el Movimiento Evita. Que es sólo uno de los partidos aportaron su grano de arena para empujar a la coronación.

Como los medicamentos de alto espectro, la medicina que aplicó Figueroa en su provincia tuvo condimentos muy diferentes. Toda una rareza, pero en las provincias suelen ser posible estos implantes, no resultan chocantes no ideológicamente impracticables. No siempre, pero pasa, como acaba de ocurrir en Neuquen. Otro cantar es verlo funcionando, en plena gestión. Se verá.

Concentró dentro de su estructura a 9 colectoras de surtida procedencia. Aportó el PRO por un lado, separado de sus socios nacionales como la UCR y Carrió que fueron por separado, aportó el massismo (el ministro de Economía saludó eufórico a su “amigo”) y aportó nada menos que el albertismo, de la mano de su estilete entre los movimientos sociales, el Evita. Todos ellos, juntos y con la misma camiseta. Raro, no imposible.

En Río Negro ocurrió algo similar. Con otras características, pero muchas sintonías cromáticas. La más relevante, la consolidación de una fuerza provincial de nueva generación. Diferenciada de los viejos tanques sesentistas como el MPN o el Bloquismo. Esto sería el “Weretilnekismo” si vale la acepción para definir a un líder provincial que no responde a lógicas nacionales.

El ex y futuro gobernador se consolida en tierra tradicionalmente radical como Río Negro, con procedencia del Frente Grande y fórmula con el peronismo duhaldista del Gringo Soria (asesinado por su esposa a los pocos días de asumir, lo que le dio la posibilidad de llegar).

Para esta vez, conformó una extraña alquimia entre los suyos, los peronistas clásicos, los massistas y los progres. Y les sumó una lista de neta estirpe radical con foto de Alfonsín y todo, y otra nada menos que con La Cámpora, emblemas de Néstor y Cristina incluidos. Cosechó más del 40% con 20 puntos de ventaja al segundo, y puso rumbo a su tercer período. Con el intermedio de la actual gestión de Arabela Carreras, a quien puso luego de ser vetado por la Corte en su intento de rereelección y con quien no faltaron chispazos ahora en el retorno. Hubo paz.

Por esos motivos, los flamantes gobernadores sureños representan una rara irrupción simultánea de híbridos políticos, para quienes miran con ojos nacionales. Cabe preguntarse si en San Juan opera ese mismo criterio que encumbró a los dos mandatarios. Y la respuesta es que en algo sí y en algo no.

En San Juan, por caso, no hay candidato que pueda mostrar semejante amplitud: el PRO larretista y el albertismo juntos como con Figueroa; o la UCR y La Cámpora juntos como con Weretilnek. Los hay, pero con la barrera más alta. El propio Uñac, por ejemplo, contiene en su armado a La Cámpora, hay incluso funcionarios de esa extracción. Eso sí, los muestra poco porque piensa que su sola presencia es piantavotos hacia el otro lado, cosa que no se verificó con Weretilnek.

La semana pasada, en una extrevista en la radio comunitaria La Lechuza –identificada por los sectores del progresismo y la izquierda- el gobernador disparó: que le pregunten a La Cámpora con quién les fue mejor, si con Gioja o con él. Lo digo con confianza sobre una eventual respuesta, sabrá por qué.

El otro factor de análisis en los primeros dos capítulos electorales en el país profundo, más allá de la generosa publicación de encuesta, es la perfomance en el territorio de la nueva estrella de la TV. Javier Milei, el hombre cuya irrupción ha sacudido la corteza nacional, cosechó entre 7 y 9 puntos en Neuquén y Río Negro, llevando además en su boleta a empresarios reconocidos.

Por una cifra parecida, en San Juan –donde van con tres candidatos que buscan hacerse fuertes- darían un brazo. Pero no se acercan a los 25-30 puntos que le otorgan las encuestas nacionales para posicionarse entrando al ballotage y llegado a la presidencia.

El próximo turno será el 7 de mayo en Jujuy, Misiones y –más cerca- La Rioja. Las dos primeras con resultado cantado para el oficialismo, igual que la más cercana en el vecindario, donde los riojanos no tienen clima electoral (efecto tal vez forzado para buscar menos concurrencia a las urnas) y también es favorito el postulante oficial. Entre ellos, sólo Misiones dispone de un esquema político alejado de la estructura clásica nacional con un gobierno integrado por condimentos variados. Luego vendrá el superdomingo el 14 de mayo con San Juan en la grilla.

A todas, las que ya votaron el domingo pasado y las que lo harán el próximo mes, los une un hilo de alarma. La eterna transición hasta el recambio –si lo hay- en diciembre. Siete meses de convivencia entre un gobierno de salida y otro de entrada. Como ya se quejó el mandatario flamante de Neuquén y se empezó a escuchar también en San Juan. Claro que acá puede darse que esa transición sea con el mismo gobernador si retiene Sergio Uñac, lo que no implica que no habría cambios pero sí sería diferente. Y para la oposición local, que para reclamar por la transición primero deben ganar.

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