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Opinión

Larreta vs. Bullrich: en San Juan, también un duelo complejo y de final abierto

El jefe porteño aparece con ventaja, de la mano de la estructura del flamante gobierno electo. Pero el bullrichismo armó fuerte y se juega a la influencia nacional. Lo que hay en juego.

Por Sebastián Saharrea

En plena marcha ascendente tras haber conquistado un casillero clave para la oposición en el tablero nacional (la gobernación de San Juan), Marcelo Orrego tendrá un duelo que preferiría no tener.

A escaso mes y medio de su éxito electoral, su propia formación para legisladores nacionales deberá obligadamente mezclarse en el barro de una confrontación de trenes de escala superior, en la que no tiene mucho por hacer y poco para ganar: el choque planetario entre los presidenciables Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich.

Un lodo al que la radiante futura administración provincial deberá ingresar más por retribución de gentilezas que por convicción. En San Juan se juega poco y nada, en el país es una pulseada sin sangre. Y como San Juan es una pieza del país –y no una pieza cualquiera, a la luz de los recientes resultados electorales- habrá una caja de resonancia especial.

Como es de buena gente ser agradecido y en el equipo de Marcelo lo tienen bien claro, no hubo otra alternativa que devolver gentilezas a Horacio. Porque el jefe porteño fue el principal sostén de Orrego y de todo Producción y Trabajo en los últimos meses, los que derivaron en la coronación del santaluceño. Y ahora es el momento que poner el cuerpo en reciprocidad, sobre lo que nunca hubo duda en realizar pese a cualquier consejo racional para un futuro gobernador de no embanderarse demasiado frontalmente.

Marcelo decidió jugar fuerte en favor de su escuadra nacional, pero lo hizo de manera especial. Sin poner el cuerpo personalmente, luego de un mar de especulaciones previas sobre si sería él mismo el postulante a senador. No lo fue, más que nada al ver de cerca la posibilidad de ganar el premio político mayor, el gobierno sanjuanino.

Pero se jugó apostando a su brazo derecho y su pierna derecha asumiendo su condición de diestro y sin discriminar sobre cual de las dos extremidades es su fiel lugarteniente Emilio Achem y su colaboradora de toda la vida Marcela Montaña. En la faceta pública, una vez producida la llegada la de avanzada de Santa Lucía al gobierno provincial, seguramente Marcelo optará por un tono de cautela en esta campaña incómoda.

Achem y Montaña no son dos dirigentes del montón para nadie. Son verdaderos exponente del paladar negro en la nueva administración provincial. De ganar, serán los ojos de Marcelo Orrego en el Congreso, una arteria que debe estar lo suficientemente lubricada como para respaldar eficientemente una negociación lógica entre provincia y Nación: obras o recursos a cambio de manos levantadas, nadie podrá ignorar el valor de ese factor ayer, hoy y siempre en un país como el nuestro.

Del otro lado, el de Patricia Bullrich, se conformó una estructura potente. A tono con el convite de jerarquía nacional: dos megaestructuras dentro de un mismo espacio (Juntos por el Cambio), en medio de una campaña sin contemplaciones. Y que exhibe por un lado a un ala liderada por Horacio y sus vínculos con la UCR nacional, y por el otro el núcleo duro de Mauricio Macri.

Pesos pesados a punto de quedar cara a cara sobre el ring, que se muestran los dientes y no se quieren ni un poquito, se disparan todo tipo de munición y operaciones de desgaste. San Juan incluida, aunque en una dosis notoriamente menor y dentro de los límites de la compostura. Igual, jugando fuerte.

Hubo mucha literatura previa sobre la presunta formación de Patricia en San Juan, muchos anotados de primera hora. Entre quienes circulaban varios nombres que también iban para gobernador y terminaron poniendo una moneda en la alcancía de la campaña provincial: Marcelo Arancibia y Sergio Vallejos, dos bullrichistas confesos, a quienes la fecha incómoda de una eventual doble candidatura más los consejos de los buenos amigos convencieron de abstenerse.

Sobre el filo de la decisión, aparecieron los nombres. Que no eran siquiera mencionados y cuya revelación despertó una mueca en los observadores más avezados. Primero, Juan Domingo Bravo. Apellido ilustre por su padre, don Leopoldo, el último gran caudillo bloquista. Y nombre ilustre también derivado del padrinazgo del general sobre el vástago del sanjuanino en tiempos de buenas vibraciones entre ambos.

De ganar, sería ni más ni menos que el regreso de un Bravo al Senado. Terreno generosamente explorado por su antecesor, con varios hitos que deberían recordarse en las páginas memorables de la política provincial y nacional. El primero, en los 80, cuando el gobierno nacional de Alfonsín buscaba votos para aprobar el divorcio y don Leopoldo aprovechó la volteada para sacar un increíble índice de coparticipación aún vigente –el 3,46%- para San Juan que la provincia no justifica por ningún indicador a nivel nacional (ni por población, ni por territorio). Luego, en los 90, cuando terció entre el PJ y la UCR y dio el último voto que faltaba a Menem para reformar la Constitución, antesala del Pacto de Olivos de 1994.

Acompaña a Bravo en la boleta bullrichista María Luisa Velazco, una dirigente histórica de la UCR en la provincia. Focalizada en asuntos de inteligencia y seguridad –tema del momento-, lo que la acerca automáticamente a las costas de Bullrich y al tono de su campaña. Velazco fue ministra de Gobierno de Wbaldino Acosta, aplicó la Infantería para desalojar una rebelión política del entonces interventor que la rivalizaba (Franklyn Sánchez) en Jáchal.

Podría usar esa foto de la tapa del diario para mostrar quién es, seguramente sumaría porotos en una sociedad atraída por esos contenidos. Para dar dimensión de su discurso, que excede lo local y apunta a lo internacionalista, esta semana en Off the Record (el steeeming político de Tiempo) habló de Golda Mair, la premier israelí en tiempos de guerra. Y acompaña como diputada Eugenia Raverta, ex titular del Anses y dirigente picante del PRO.

Tutela esa lista en condición de armador otro radical de laureles en los 80 y 90: Mario Osvaldo Capello. Apuntan a consolidar un discurso que les cae naturalmente bien. Y a capitalizar en San Juan la dimensión nacional de la confrontación, en la que Bullrich no pierde pisada. Se vota presidente, lo demás no importa nada, calculan. Lo demás son los nombres en la misma boleta, que sí importan y además pueden tomar la autopista del arrastre y la escasa vocación de corte.

Del lado de Larreta esperan capitalizar toda la buena vibra que baja desde la coronación de Orrego. El propio Horacio bajó a festejar ese domingo a la noche, exhibiendo lo que es Marcelo: uno de los propios. Pero Patricia saludó a la distancia y Marcelo retribuyó el saludo del mismo modo: no vaya a ser cosa que gane la dama y haya que gestionar juntos.

Orrego puso su foto junto a la de Horacio y la de los candidatos, sus íntimos colaboradores. Juega fuerte, como corresponde a gente agradecida en política. Habrá que ver si ese apoyo excluyente del hombre fuerte de San Juan es suficiente en el cuarto oscuro para arrastrar una diferencia, o la gente se focaliza en el voto presidencial.

Por ahora, los números le sonríen y les da confianza. Pero el territorio es inestable, da margen a la incertidumbre. Marcelo no se juega ningún tipo de liderazgo ni de ascendiente. Pero siempre es preferible ganar.

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