editorial

Basualdo se va, una era se cierra y un detalle más que no es poco

Anunció que deja su banca en el Senado, posiblemente a fin de año. Deja atrás 25 años de un estilo propio. Además, el juego que se abre por ese espacio. Por Sebastián Saharrea
sábado, 19 de junio de 2021 · 11:26

Sin levantar demasiada polvareda, Roberto Basualdo dijo en público hace dos semanas lo que se viene rumoreando por lo bajo desde hace meses. Esta vez, oficial y en on: que a fin de año está considerando dejar su banca del Senado, con lo que cerraría definitivamente su paso por la política.

Traducido al criollo, implica que casi seguramente eso ocurrirá. Y que no ocurrió antes, como lo expresó el aún senador en el confesionario de Paren las Rotativas (martes a las 22 por Canal 13 San Juan) porque se desató la pandemia que lo impidió. Sólo consiguió demorarlo: Basualdo estaba tan decidido entonces como ahora en alejarse del todo de esa actividad a la que irrumpió formalmente hace 27 años, a mediados de los 90, en condición de empresario exitoso interesado por la actividad pública. Vocación contagiosa entre sus semejantes por esa época, también ahora.

Para adelante, dejará dos años sentada en la máxima representación parlamentaria (la de un Senado que supo llevar el membrete de honorable aunque no se lo mencione demasiado luego de que tuviera un protagonismo vergonzante en el algunos episodios de la historia reciente) a una de sus más fieles dirigentes: Susana Laciar. Y una estela de interpretaciones sobre el futuro, acerca de lo que más adelante se profundizará.

Para atrás, deja Basualdo una prolífica historia política a la que la ausencia de un resultado en el casillero de los triunfos impide ser valorada en su correcta dimensión. No es cosa de todos los días ni para cualquiera obtener cifras superiores al 30% de toda la ciudadanía de San Juan. Mucho menos, hacerlo tres elecciones consecutivas, para el cargo máximo, el de gobernador provincial.

No ganó nunca Roberto Basualdo, pero ocupó en 2003, 2007 y 2011 la condición de segundo candidato más votado de San Juan. Una particularidad sin ningún antecedente en la historia provincial, con el plus de haber fundado una agrupación política que perdura en eso de mantener altas adhesiones en el electorado provincial.

La ocasión que más cerca estuvo fue la primera. No por la cifra, porque años más tarde estrecharía aún más la diferencia, sino porque en esa ocasión la moneda estuvo en el aire en otras dimensiones. Y de acuerdo a cómo cayera, alumbraría de uno u otro modo los años siguientes de la política sanjuanina. Meses antes de aquella elección provincial se definió al Presidente de la Nación luego del caos de la renuncia de De la Rúa, corralito, muertos. No era una elección más y en resultado se conoce: se impuso en primera vuelta Carlos Menem pero no le daba la nafta para el ballotage, al que terminó desistiendo y dejando todo en manos de Néstor Kirchner con apenas el 21% de los votos.

Si no hubiese ganado Kirchner, tal vez hubiese resultado imposible que dos meses después hubiera ganado José Luis Gioja en San Juan. Esa vez, el resultado nacional influyó como nunca en San Juan. Siempre lo hace, nunca tanto como en 2002. Difícil probarlo, pero la historia de Basualdo –y la de San Juan- pudieron haber cambiado en esa curva.

A partir de ahí se le hizo complicado ubicar el coche en pole position, por emplear un lenguaje afín al empresario-senador-piloto. Los tiempos no le jugaron a favor: fueron años de predominio del eje Kirchner-Gioja, con quienes debió acomodarse a convivir con la mejor supervivencia posible.

Mal no le fue. Acuñó un estilo propio que a veces le valió recriminaciones de los más ultraopositores por considerarlo demasiado liviano, pero que la gran audiencia electoral fue premiando turno por turno confiriéndole la condición de alternativa preferida por fuera del oficialismo.

Mantenerse más de una década en ese podio no fue un mérito menor. Y menos si en ese mientras tanto fue dando paso a una generación de herederos en el laboratorio de su agrupación política, Producción y Trabajo. Conocida para la síntesis periodística de los títulos como el basualdismo, definición ésta que se fue desdibujando a medida que se acercó a otros ísmos como el macrismo, el radicalismo, incluso el massismo en otro momento.

Y a medida que él mismo se fue corriendo del centro de la escena política hasta declararse abiertamente prescindente en el último turno electoral, en el que dejó la baraja de naipes en manos de su sucesor natural, Marcelo Orrego. Ya el basualdismo comenzó a transformarse en orreguismo: el mismo discurso constructivo desde la oposición, un par de tonos más arriba en materia de aspiraciones.

Si hace un lustro aparecía la sensación de cierto conformismo de Basualdo en la condición de opositor mayoritario, no parece ser ese el mismo carácter de sus principales sucesores. Orrego junto a Fabián Martín son los dos productos más exitosos de la factoría política echada a rodar por Roberto hace un cuarto de siglo. Manejan un abanico estilístico similar al del creador, pero son jóvenes y tienen un capital que excede al del senador: tuvieron gestiones ejecutivas importantes en municipios (Santa Lucía y Rivadavia) y se suponen con un campo abierto por delante.

El alejamiento de Basualdo no hace otra cosa que traducir en definitivo algo que ya operaba desde hace tiempo: un retiro real, en el que sólo quedaba activa la banca. Ahora, ese lugar será ocupado desde el momento en que lo concrete por su suplente, Susana Laciar.

Lo que no representa un tema menor: ella es una de las principales operadoras del espacio desde su creación, Roberto considera que la ocupación de una banca nada menos que en Senado es además para ella un reconocimiento a toda esa trayectoria y ese respaldo, que quiere ver compensado.

Desde lo político, implica un nuevo elemento en el rompecabezas de cargos del espacio. Porque Susana Laciar no deja de sonar para la lista de renovación en la Cámara Baja, pero al ocupar el asiento en la Alta en remplazo de Basualdo saldrá de esa especulación. Pero la repercusión gruesa de esta movida no se dará hasta dentro de dos años.

Es que ahí será la cita para la elección general, que renovará no sólo gobernador de la provincia y presidente de la Nación sino los tres senadores en el caso de San Juan. En Producción y Trabajo no habrá, de lógica, la mínima gana de dejar de ocupar el sillón que hoy tiene Basualdo y dejaría a Susana Laciar, por lo que se sumará un lugar importante más para distribuir las energías.

Desde 1994, la primera minoría tiene una banca en el Senado y es la que viene ocupando Basualdo. De mínima, lo tendría garantizado desde el 2023, con la chance de ganar y saltar a dos. No sería extraño que si la elección a gobernador no ofrece demasiadas garantías de éxito, la pelea de fondo en el espacio resulte quién queda en el Senado en un cargo seguro.

Se irá viendo cuando se concrete el paso anunciado por el senador. A menos que ocurra lo que intentan algunos de sus más íntimos: demorar la despedida, bajo argumento que a su trayectoria no le corresponde una salida anticipada. Como fuera, más cerca y más tarde, será más bien pronto.

 

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