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Historias del Crimen

La sanjuanina que pasó de víctima de maltratos a asesina de su pareja en Trinidad

Fue un caso de violencia de género que, una noche de 2000, culminó con una mujer shockeada y su maltratador muerto en un departamento del B° UVT en San Juan Capital.

Por Walter Vilca

Muchos años de convivencia, con una relación desgastada y peligrosa por los continuos maltratos de un hombre. Y una mujer que soportaba en silencio las agresiones físicas y psicológicas y parecía resignarse a llevar esa vida. Así transcurrían los días en aquel departamento del barrio UVT en la zona capitalina de Trinidad, hasta que un hecho de sangre puso fin a esa dramática historia una noche de diciembre de 2000. A diferencia de otros casos de violencia de género; en esa ocasión, cambiaron los roles: la víctima fue el golpeador y la asesina, la mujer.

Luis Sperandío trabajaba de jefe de compras en el área administrativa de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de San Juan. Mariela atendía un puesto de ropa en un negocio de una feria persa de la calle Laprida en la Capital sanjuanina. Llevaban años de pareja, pero hacían tres que vivían juntos en uno de los monoblocks del sector I del barrio UVT.

Habían comprado la transferencia de ese departamento; es decir que en principio tenían proyectos en común. Sin embargo, Luis planeaba todo en función de ellos dos. Ahí no incluía a la hija de Mariela. Es más, la mujer contó después que él no quiso que la jovencita viviese con la pareja, tampoco quería tener hijos y entonces ella lo aceptó.

Un hombre violento

Pero esa apariencia de una pareja consolidada y emprendedora sólo resultaba ser una fachada para los amigos, incluso para los parientes. Aunque Mariela ya le había confiado a su suegra que Luis se ponía nervioso por cualquier motivo, últimamente se mostraba muy cambiante y sobre todo violento. Concretamente, le contó que le pegaba. Además, la situación económica de esa época y los gastos empezaban a asfixiarlos y tenían muchas deudas, lo que genera más discusiones entre ambos.

También es cierto que la suegra, que quería mucho a Mariela, le aconsejó que abandonara a Luis o que se fuese a vivir con ella. La muchacha, sin embargo, creyó que pronto se le iba a pasar y seguía aferrada al muchacho de 30 años. Él sabía dominarla. Cada que vez que ella dejaba la casa tras alguna golpiza, Luis siempre la buscaba, le hacía obsequios y le prometía que no volvería a suceder.

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Un hogar que no era tal. La pareja tenía un departamento en este barrio de Capital.

Un hogar que no era tal. La pareja tenía un departamento en este barrio de Capital.

Para los compañeros de trabajo de la facultad, Sperandío era un empleado responsable y reservado en su vida privada. Es así que nadie sabía si atravesaba problemas o era un golpeador con la pareja.

Luis adoraba el gimnasio y tomaba anabólicos para cultivar su fornida contextura física. Le sacaba una diferencia de casi una cabeza a Mariela, que no llegaba al 1,60 metro de estatura. Y él se aprovechaba de esa superioridad corporal y lo hacía valer a la hora de imponerse sobre ella. Mariela recibía mechonazos, cachetadas y trompadas cuando éste se enojaba.

La chica medía 1,60 metro de estatura, en cambio el muchacho era mucho más alto y fornido. Él iba a gimnasio y tomaba anabólicos.

Ella misma lo contó tiempo más tarde. Dijo que Sperandío tenía esa costumbre, pero no le pegaba en el rostro y sí en otras zonas del cuerpo que no estuvieran a la vista. Para que los vecinos no escucharan sus gritos, él encendía el equipo de música y subía el volumen, explicó.

La noche fatal

Esto demostraba que la relación estaba rota hace tiempo y que la espiral de violencia en manos de ese hombre iba en ascenso. Mariela no podía escapar de ese vínculo viciado de maltratos o quizás se convencía que el tiempo sanaría las heridas y Luis volvería ser el de antes. Pero se equivocó y así llegó esa noche del viernes 22 de diciembre de 2000.

Mariela se molestó porque esperó a Luis con la mesa lista para la cena, pero eran las 0.30 y no llegaba. Al rato apareció, le dijo que venía del gimnasio. Otra vez comenzaron los reproches de ambos lados, pero él contestó que no tenía que darle explicaciones, según la causa judicial. Ella continuó discutiéndole, el muchacho se alteró, la insultó a los gritos y de ahí se fue a las manos.

La versión que dio la mujer fue que el muchacho le propinó una cachetada y luego le lanzó una trompada en el pecho. Cuando ella se encogió del dolor, él la tomó de los cabellos y la arrastró en dirección a la ventana, como amagando con tirarla al vacío. No llegó a eso y finalmente la empujó contra el piso.

Un cuchillazo mortal

Mariela alcanzó a ponerse de rodillas y manoteó un cuchillo sierrita de la mesa. Luis intentó arrebatárselo y ahí mismo ella le clavó un puntazo en el pecho. El cuchillazo le tocó el corazón, más precisamente en uno de los ventrículos y eso fue fatal producto de la hemorragia interna.

Cuando la chica vio que Sperandío cayó y no reaccionaba, salió del departamento y corrió a golpearle la puerta a la vecina. Esa señora y su hija trataron de calmar a Mariela, que lloraba e imploraba para que auxiliaran a su pareja que permanecía tendida en el piso del comedor de su departamento.

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Escenario. Así está hoy el barrio en el que ocurrió el asesinato.

Escenario. Así está hoy el barrio en el que ocurrió el asesinato.

La vecina fue a ver y junto a Mariela trataron de reanimar a Sperandío, pero fue en vano. La hija de la mujer entre tanto se trasladó al Hospital Español y pidió ayuda. Lo mismo hizo minutos después la propia Mariela. Cuando llegó el equipo médico, lo único que pudo hacer fue constatar el fallecimiento del hombre de 30 años.

El cuchillazo fue directo al corazón. Sperandío murió en el comedor de su departamento.

Esa madrugada, Mariela fue detenida e imputada del delito de homicidio simple. En el lugar secuestraron el cuchillo sierrita marca Tramontina, mientras que el examen médico practicado a la chica reveló que tenía desprendimiento de parte del cabello, esto a consecuencia de los mechonazos que sufrió. Otro dato es que presentaba hematomas, propios de golpes, ocasionados esa noche y también de vieja data. Eso también demostró que eran ciertas las versiones sobre las golpizas que recibía continuamente.

Todo revelaba que la muchacha era víctima de violencia de género por parte de Sperandío, que las pruebas la respaldaban y que el asesinato había sido un acto de defensa. Fue así que el 10 de enero de 2001, Mariela fue procesada por el delito de homicidio cometido en exceso en la legítima defensa y quedó en libertad bajo caución juratoria.

Con el correr de los meses y los años, la causa penal pasó al olvido. Mariela buscó rehacer su vida; de hecho, formó pareja y hasta fue mamá. Pero cuando ya había olvidado su terrible pasado, la Policía allanó su casa y la detuvo a fines de diciembre de 2006. El juez del caso la declaró prófuga por no la localizaba para notificarla de la causa.

La segunda detención

Eso reavivó el drama de Mariela, que permaneció presa en el penal de Chimbas durante once meses. En noviembre de 2007 fue juzgada por los jueces Ricardo Conte Grand, Héctor Fili y Eugenio Barbera en la Sala III de la Cámara en lo Penal y Correccional.

El fiscal Eduardo Mallea sostuvo la acusación de homicidio en exceso en la legítima defensa. Esa teoría se fortaleció por los informes médicos que constataron que la mujer sufría agresiones físicas por parte de Sperandío. La autopsia indicó también que la víctima presentaba lesiones y rasguños en su cuerpo, lo que evidenciaba que la mujer se defendió.

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Las testimoniales fortalecieron esa versión. El más importante de esos testimonios fue el de la madre de Luis, quien declaró que pese a todo lo ocurrido quería mucho a Mariela y la consideraba una hija. Esa mujer recordó que la chica le contó que su hijo la maltrataba y que en ese momento ella le aconsejó que se alejara.

La chica fue condenada a 2 años de prisión por homicidio simple con exceso en la legítima defensa.

Los jueces entendieron que ella no provocó el incidente y reaccionó ante una agresión ilegítima, pero que se excedió con el uso de ese cuchillo. El juez Fili expuso: “el votante admite la configuración de la legítima defensa, pero también que la misma aparece sobrepasada de acuerdo a las circunstancias desarrolladas en los acontecimientos, generando una desproporcionalidad entre el medio defensivo y la agresión”. Sus colegas Conte Grand y Barbera acompañaron esa postura.

Mariela fue condenada a 2 años de prisión por el delito de homicidio simple con exceso en la legítima defensa. También ordenaron que esa pena quede en suspenso y la mujer sea puesta en libertad de inmediato. Hoy no se sabe qué es de la vida de ella, ya tiene más de 50 años.

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