Leonardo Bustos conoció el amor por los fierros a los 10 años por un torino de la época que se estacionaba en la puerta de su casa. Si bien siempre soñó en convertirse en piloto, se acercó desde otro lado: en la fabricación de autitos. Su primera tanda a un automovilista del Top Race, las sentidas palabras del Flaco Traverso y cómo se gestó la llegada de un clío rosa a las manos del piloto de Fórmula 1.