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Santuario Difunta Correa: pura energía y magnetismo

Más de un millón de visitantes por año y otros tantos que "pasan" en sus movilidades a toda hora. El paraje es mucho más de lo que se ve. Por Viviana Pastor

Por Redacción Tiempo de San Juan

Ya no es el miedo a que Ella "te lo cobre", tampoco es "paso por las dudas". Entrar con la movilidad al santuario Difunta Correa implica un magnetismo del que nadie escapa, y vale no sólo para el que tiene fe en ella, es un imán para todos. Quienes transitan por la Ruta 141, no pueden abstraerse de este saludo a la santa popular, ritual tradicional para camioneros y una costumbre para las familias.

La energía del paraje atrapa a un millón de visitas que recibe cada año, promesantes, amigos de promesantes y curiosos, que llegan al desierto sanjuanino, en Vallecito, departamento Caucete, para pedir o cumplir con Deolinda. Hoy es el santuario más visitado de San Juan, al que llegan devotos de varios países.

"La fe de la gente motoriza un flujo energético de algo que se conecta en el universo. Hay un mundo invisible dando vueltas al rededor nuestro, independientemente de que lo que vemos, incomprobable a no ser por la fe, indemostrable a no ser por la fe. La gente que cree  lo percibe y ahí se entroncan los milagros, milagros que se producen porque si no la gente no volvería a agradecer, ya sea la casa, la sanación, el auto, el camión, el trabajo", dijo Michel Zeghaib, licenciado en Filosofía y escritor.

Y agregó: "Si no entras, algo te va a pasar porque la Difunta es cobradora. Esta jerga popular tiene que ver con una cosa simbólica que es el hecho de estar acompañado por alguien que te puede dar la fuerza y es capaz de ayudarte a seguir en la vida para poder llegar".

"Esa energía es imposible de no percibir, y que tiene que ver cuando la gente se muestra en estado descarnado". Carlos Gómez Centuerión

El historiador e investigador, Edgardo Mendoza, destacó el poder del lugar que le ganó la pulseada nada menos que a la última dictadura militar argentina, que quería tirar abajo el paraje. "Tuvo una etapa de menosprecio de la Iglesia y en el último golpe de Estado es cuando tratan de destruirlo, hay  documentos muy hostiles al sitio, propios de una Iglesia cavernaria, preconciliar, y que aún existe pero es minoritaria", señaló Mendoza.

El artista Carlos Gómez Centurión, dijo que fue centenares de veces a la Difunta Correa donde se respira "esta comunicación de la persona con el mas allá.  Esa energía es imposible de no percibir, y que tiene que ver cuando la gente se muestra en estado descarnado, cuando está delante de Dios, o en este caso, de un representante".

Luego añadió "si me preguntas en la ciudad capaz que te digo que no soy devoto; pero en el santuario te digo que sí porque me parece que te aspira, no podes ser ajeno, no podes mirar de afuera. Y es por esto de la energía contagiosa o apabullante".

Las historias de la gente que siente esa atracción y esa energía se repiten por millones. En noviembre de 2017, Hugo Sombra, oriundo de San Luis, contaba a Tiempo de San Juan cómo viaja dos veces al año con toda su familia 450 kilómetros exclusivamente para visitar el santuario y volverse a la noche manejando otros 450 kilómetros para llegar a su casa "como nuevo".

Zeghaib destacó que la gente que llega al santuario encuentra en el lugar todo lo que le gustaría tener en su vida, en un lugar donde el tiempo no existe. "Entras ahí y es atemporal, está fuera de tiempo, pero también hay una atmósfera espiritual, religiosa, energética, muy interesante. Allá encontrás  paz, serenidad, respeto, cosas que la gente reclama en la vida cotidiana. Entonces, ir al oratorio es como ir a la fuente y vas a beber de eso que la vida no te da tan fácilmente", aseguró.

Además, pasar por ahí, explicó, es también buscar esa energía que se respira y que es provocada por lo que la gente entrega, no lo material sino el sentimiento, el sacrificio, el dolor.

"El santuario es el arquetipo del ideal de sociedad, un fenómeno que propone un perfil de sociedad que todo ser humano quisiera tener. Siguiendo la línea de Cristina Krause y de Carl Jung, que trabaja la sociología y la religión, todos los lugares que tienen que ver con santuarios representan esto y crean espontáneamente una microatmósfera social y religiosa no confesional, válido para el cree y para el que no, porque ahí encontrás lo que deseas para tu vida".

 

 

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