Nadie es ajeno al entorno. Ni siquiera aquellos que construyen un mundo de fantasía o los que se sumergen en las drogas para escapar de la realidad. Inevitablemente, somos seres sociales y cada una de nuestras vivencias se convierte en otro "ladrillo en la pared”. A veces, ese muro se vuelve tan alto y fuerte que no podemos ver más allá de nuestra propia historia personal. Algo así nos quería decir Roger Waters cuando compuso gran parte de The Wall, el disco conceptual más famoso de la historia que, paradójicamente, surgió como respuesta a la alienación que producía el rock en sus fanáticos y la mercantilización del arte. La educación, la religión, las imposiciones gubernamentales, las pérdidas, el sexo, la música que ponés en tú reproductor, el fracaso, el éxito, la voz de tu vieja diciéndote que sí y que no, todo nos cerca.
Hace 35 años se estrenaba Pink Floyd. The Wall
¿Un film de culto o un video clip eterno?
Cuando Alan Parker, fanático de la banda, se dio cuenta que aquél álbum de Pink Floyd le permitiría seguir explorando todos sus fetiches visuales se acercó a EMI y los convenció de la idea. Waters –quien ya venía con ganas de meterse en el mundo del cine- fue rápidamente convocado como guionista, mientras que el ilustrador Gerald Scarfe se encargó de las escenas de animación. A pesar de que en un principio el mismo Waters se propuso como protagonista, tras algunas pruebas de cámara dudosas, el lugar lo ocupó Bob Geldof, un punk que lideraba a los The Boomtown Rats. Con casi todo listo, el rodaje comenzó y no tardó en reinar la tensión: mientras al músico le alteraba la búsqueda constante del cineasta por lograr algo de "culto”, Parker masticaba bronca por todo lo que proponía insistentemente alguien que venía de otro palo…
Finalmente, la producción salió adelante y La Pared (Pink Floyd: The Wall, 1982) se estrenó un día como hoy hace 35 años en el Festival de Cannes. Lo más gratificante para el realizador fue ver como en unas filas más delante de su ubicación, Steven Spielberg y Terry Semel, jefe de Warner Bros., se preguntaban qué carajo acababan de ver. Casi como le sucedió al padre de E.T. y al pope del estudio, la crítica no supo explicar muy bien qué era esa sucesión de imágenes locas y melodías psicodélicas. ¿Un pretencioso video clip o una "midnight movie” imprescindible? Poco importaba, la misión era que las imágenes llevaran a los espectadores a plantearse el rol de las instituciones y los políticos conservadores –no es un dato menor que se haya estrenado en pleno auge de Margaret "Dama de Hierro” Thatcher-. Lisérgica sí, coherente también.
Fuente La Cosa Cine
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