No siempre hace falta ropa deportiva, horarios estrictos ni rutinas intensas para cuidar la salud. Actividades cotidianas de baja intensidad, como caminar, limpiar, subir escaleras o trabajar en el jardín, pueden aportar beneficios metabólicos, cardiovasculares y cognitivos si se realizan con regularidad. Estas acciones forman parte de lo que los especialistas llaman la “zona cero”, un nivel de movimiento por debajo de las zonas tradicionales de entrenamiento que contribuye a prevenir la grasa abdominal, mejorar la circulación y potenciar la energía y la creatividad.
"Zona cero": cómo los movimientos cotidianos mejoran la salud, el ánimo y la longevidad
Incorporar movimientos cotidianos de baja intensidad, como caminar, limpiar o subir escaleras, ayuda a reducir la grasa abdominal, mejorar la circulación y la energía, y favorece la creatividad y la longevidad sin necesidad de rutinas intensas ni gimnasio.
El concepto surge de la clasificación de zonas de frecuencia cardíaca utilizadas en deporte. Mientras las zonas uno a cinco corresponden a distintos niveles de esfuerzo, la zona cero se mantiene por debajo del 50 % de la frecuencia cardíaca máxima. Para una persona de 50 años, esto equivaldría a mantener el pulso por debajo de 85 latidos por minuto. Se trata de movimientos no estructurados ni planificados, pero que interrumpen la inactividad y generan efectos positivos en el organismo.
Investigaciones citadas por The Telegraph señalan que alternar periodos sedentarios con uno o dos minutos de actividad ligera cada media hora ayuda a reducir la cintura, bajar triglicéridos y estabilizar la glucosa en sangre tras las comidas. Además, caminar después de comer activa la circulación, favorece la digestión, mejora el sueño y ayuda a la recuperación muscular.
El impacto también se extiende al ánimo y la función cognitiva. Pausas activas durante la jornada laboral aumentan la energía, la motivación y la creatividad. Incluso una caminata breve de seis minutos tras estar sentado mejora la agilidad mental, la velocidad de procesamiento y la capacidad para alternar tareas, según estudios de la Universidad de Stanford. En entornos de oficina, quienes caminan al mediodía presentan mayor entusiasmo y menor nerviosismo que quienes permanecen sentados.
La zona cero también se relaciona con la longevidad. Un metaanálisis publicado en The Lancet mostró que dar más pasos diarios disminuye el riesgo de mortalidad. Los beneficios se estabilizan en torno a 6.000-8.000 pasos diarios para mayores de 60 años y 8.000-10.000 pasos para adultos jóvenes. La clave está en la cantidad de pasos y no en la velocidad, por lo que caminar despacio sigue siendo eficaz para la salud.
Especialistas destacan que la zona cero es ideal para personas sedentarias, en recuperación o que se sienten intimidadas por el ejercicio tradicional. Pequeñas caminatas cada hora, subir escaleras, usar escritorios de pie o caminar después de las comidas son estrategias simples que se pueden incorporar al día a día para romper con el sedentarismo. Aunque quienes ya tienen un buen nivel físico experimentan efectos menores, para personas inactivas estas acciones representan un gran impulso para la salud metabólica, cardiovascular y cognitiva.