Por Miriam Walter
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Cuatro chicos sentados en el murito de afuera, en medio del jardín de la Facultad de Ciencias Exactas, con una bandejita y arreglándoselas para que el pollo y el dulce de batata no se les caiga al suelo. No es un picnic, son alumnos universitarios que usan el comedor de la UNSJ y que se quedaron sin lugar en el salón que abrieron este año dentro del complejo CUIM (en Rivadavia) para descomprimir el servicio en El Palomar. Sin embargo, la infraestructura sigue quedando chica, por la demanda creciente que este año se disparó por primera vez a más de 1.000 comensales diarios, según dijo el director del Comedor de la UNSJ, Enrique Orozco, quien agregó que la situación les preocupa.
