Pulsó el casillero del corazoncito para divulgar es su propia cuenta un posteo de un usuario que “en política y en comunicación difícilmente ocurran casualidades, si queremos volver mejores empecemos por Grabois”; otro que dice “fuerte presión económica y mediática contra Alberto porque los que evadieron van a tener que pagar un impuesto extraordinario”; otro que dice “tenemos a un gran capital liderando, pero si cada uno de nosotros no hace lo que le corresponde se la estamos haciendo más difícil”, u otro con “me quebró ver a Alberto luchando contra todo y todos para que no seamos noticia, está cansado, no vencido, él piensa estrategias para salvarnos a todos, aún los ingratos”.
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Podrían ser consignas del montón, de las que tanto abundan en la red. Todas ellas educadas, pero que dicen cosas. Pero son no cualquiera, fueron recirculadas nada menos que por el presidente, a quien se refieren esos posteos. Lo que de mínima implica cierta complicidad de quien aplica me gusta: o por acuerdo con esas consignas, o por interés que se sepa.
Sabremos entonces y de ese modo que: encuentra Alberto que los que publican los diarios no es casualidad?, y si no lo es, qué es?; desconfía de Grabois, un punta de lanza en que se apoyó la denuncia de sobreprecios en los fideos?; se siente objeto de una potente campaña de desgaste?; se siente solo tirando del carro, mientras a su alrededor se juega a encender la mecha del caos sanitario y económico?; está cansado pero no vencido?. No lo dice este periodista, lo dice él mismo. De manera elegante e indirecta, lo dice igual.
Presiones, intereses, medios encendiendo mechas, embestidas políticas fogoneadas desde el impersonalismo de las caceroras de Palermo, gente que busca “hacerla difícil” porque le sirve más, condimentos esenciales de la grieta que, señores, is back. Luego del espejismo de no sólo Larreta sino los bloques parlamentarios opositores respaldando las medidas del “capitán del barco”, el completo abanico de herramientas de la grieta está de nuevo.
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Con sus instrumentos de siempre. El desgaste de los ruidos en las redes (“todos sabemos quién las maneja”, deslizó el presidente), las críticas descorazonadas hasta a las campañas benéficas, y un elemento irreemplazable: el lanzamiento de los que más padecen, en este caso el comercio informal desesperado por el restablecimiento de la actividad para no seguir perdiendo, sobre las narices de los que toman decisiones. Total, el contador de muertos será responsabilidad sólo del presidente.
Ocurrió en una semana en la que Alberto habló con los amigos y con los no tanto, con Verbitsky y con Morales Solá. Con éste último, de visitante entre quienes sospecha de operar en su contra, salió a defender las denuncias de sobreprecio que lo jaquearon en la línea de flotación: la sensibilidad social para dar respuesta urgente a los que pasan hambre, y la honestidad.
Una glándula a la que salió en rescate en plena apelación popular de bajarse sueldos y, contra todo consejo de los que miden aprobación, espadeó sosteniendo que sus funcionarios no son CEOs de grandes compañías, que así como el salario les es fundamental y se lo ganan, tampoco juegan en las dos ventanillas a la vez. Difícil de explicar y de entender, lo hizo igual aunque deba dejar alguna tajada de su aprobación.
Justo cuando tuvo que salir a confrontar con una información de La Nación sobre el pago de fideos por encima de los precios máximos del propio Estado. Grieta pura: consigna razonable que nunca fue aplicada por el periodismo a Carolina Stanley. Pero que llora de pura lógica, ¿cómo comprar a precios más alto de los que uno dice que valen las cosas? Carta al descubierto de viejas prácticas empresarias en todos lados.
Alberto frenó la compra y determinará que no se pague un peso más de ese tope. “Cómo un empresario se le va a plantar al Estado y le dice no te vendo si no me pagás lo que quiero”, se preguntó. Casi telegrafiado a un incidente que ocurrió en San Juan en estos mismos días: fue cuando un audio entre dos presuntos proveedores del Estado locales fue lanzado a las redes, en el que acuerdan la manera que cartelizarse y obligar a pagar el máximo, siempre. Material que deja más dudas sobre la forma y los motivos por los que se viralizó que con la veracidad de su contenido, y que fue denunciado de inmediato por la gestión provincial.
Se da en medio de imágenes dantescas y datos también dantescos. El Cantoni tapizado de camas es una imagen que quedará en el recuerdo popular por siglos para la crónica de estos días. Las profecías de 40.000 contagios y 500 internados en terapia (de allí, descontar el dato implícito de muertos) aterra de sólo pensar. Algo de efecto miedo, claro, necesario para guardar a los audaces un poco más en casa. Pero con mucho registro en la realidad: alcanza con mirar aunque sea de reojo lo que pasa en el ombligo del mundo, Europa y Nueva York, entrando ya en el terreno de las fosas comunes como en el 1800.
Se siguen estos días con la mano en la madera, producido por el beneficio de ese mix entre destino y eficiencia sobre los datos de la presencia del virus en San Juan. “Dios es formoseño”, aventuró un ministro de esa provincia ante la ausencia de infectados allí. En San Juan la cosa es parecida, apenas dos casos con el que fue detectado el viernes.
Que contrasta con provincias parecidas en tamaño o de la región. Está el caso de Chaco, donde los más de 100 infectados y 6 muertos que registra se ocasionaron por un par de irresponsables que volvieron de Europa con coronavirus (entre ellos una médica) y lo repartieron por todos lados. O está el de Mendoza, que superó los 40 infectados y 2 muertos como consecuencia de una manejo también extraño de sus viajeros, más un extraño incidente en una clínica con médicos infectados y atendiendo. Un error de ese tipo, sólo eso, puede ser letal. No perdona, apuntemos en San Juan sin despreciar el lugar apacible del mundo en el que estamos parados. Siempre conociendo que se trata de una diapositiva del momento, y hay que agregar el prudente “por ahora”.
En ese contexto es en el que Uñac debió comenzar a resolver la encrucijada entre volver y no volver, como poetizó Fito Paez. O cómo comenzar de a poco a volver, para sintonizar con la realidad. “Estamos haciendo equilibrio entre lo que se quiere y lo que puede”, explicó con razonabilidad extrema el gobernador. El asunto es que ambas cuestiones –el querer y el poder- no disponen de una línea clara de salida y de llegada, y entonces todo queda tamizado por las escalas. O los intereses, ni siquiera dañinos sino desesperados de los que sienten perder, es decir casi todos en la actividad privada.
Así empieza un toma y traiga interminable sobre hasta dónde aflojar la cincha. La ilusión de todos de poder ver el centro reactivado y a todos trabajando, frente el pánico de ingresar en un espiral de locura con muertos en la calle y una contador despiadado de gente sin atención. Que aguarda a la vuelta de la esquina. No son definiciones fáciles, desde ese balcón en el que miramos el mundo y la cruda vereda que paga la cuenta.
Mirando de reojo también la salud financiera del Estado provincial, hoy principal soporte de una economía que cruje. Se escuchó esta semana alguna cavilación sobre el uso o no del fondo anticíclico, dos grillas salariales de reserva para tiempos tormentosos que están de respaldo.
Si no son estos tiempos tormentosos, cuál será su requisito, podrá preguntarse. Igualmente se hace bien en extremar las medidas para no tocarlo. Las condiciones de protocolo seguramente se cumplirán inmediatamente, la caída de la recaudación nacional de impuestos coparticipables. Luego habrá una decisión de la provincia entre romper el chanchito y tomar deuda que ofrezca la Nación, se verá a qué tasa y con qué condiciones. También operará la relación con Alberto, de eso habrá tiempo para explayarse.
Mientras tanto, los intendentes fueron convocados al frente de batalla y esa es una buena noticia: son ellos los más en contactos con los comercios minoristas, conocen también a los grandes. En San Juan, ya se había implementado la modalidad de que los municipios salieran a la calle a contener los precios, con lo que la medida de Alberto se tornó casi en redundante. Pero lo que abunda no daña, el roce municipal no estará de sobra si es que se hace con dedicación.
Los jefes comunales encantados, tanto los propios como los extraños, en apunte de procedencia partidaria. Los más entusiastas son el capitalino Baistrocchi y el rivadaviense Martín, uno y uno. Ambos con la certeza de que tendrán un rol relevante en la cadena de funciones para contener al bicho.
Un bicho que no afloja y que obliga a extender el confinamiento. Para los funcionarios, pensar y repensar cada decisión, cómo conjugar la obligación de salvar la salud de las personas afectando lo menos posible la salud de la economía. No se ha inventado un índice científico para eso, no hay escalas ni cotiza en Wall Street. Sólo son las convicciones de cada uno y lo que cada pueblo esté dispuesto a tolerar. Nada menos que eso, como preguntarse, si alguien puede contestar con precisión: ¿cuánto vale una vida humana, cuántos quebrantos de empresas, cuántos empleos, se corresponden con una muerte?
Tan difícil de responder como de anticipar en forma de profecía que la naturaleza iba a poner todo patas para arriba como nunca nadie hubiera imaginado.