Editorial

Elecciones adelantadas en San Juan y la teoría de la ventanita

Operó la lógica intención de no quedar atrapado en el debate nacional. También, una atractiva conjunción de fechas. Repasemos. Por Sebastián Saharrea.
sábado, 27 de octubre de 2018 · 10:06

Sin fecha confirmada aún, quedó establecido ya que San Juan votará en un día diferente al de la Nación. Se pondrá así la provincia a salvo de todo incendio nacional, como auguran las llamas ya encendidas de la política nacional. Y, si se sacan cálculos, quedará abierta una atractiva ventanita temporal en la que “cualquier cosa puede ocurrir”, en referencia a una irrupción sanjuanina a los primeros planos.

Poco que agregar al argumento de desacoplar las elecciones nacional de las provinciales, holgadamente explorado en estas páginas. Necesario siempre, pese a que opera con mayor frecuencia de lo digerible el factor de la conveniencia. Ahora y siempre, queda firmemente conocido que lo avasallante de una elección presidencial termina inundando todos los debates locales, los provinciales y los municipales, donde se juegan cosas demasiado relevantes como para ocupar rol de partenaire.

Qué mejor entonces separar una fecha electoral de la otra, con el afán de permitir una reflexión profunda al electorado tanto en una como en otra dimensión, evitando de ese modo arrastres indeseables que ni la poca cultura política (por medio de la meditación y la opción por el corte de boletas), ni un sistema de elección de la época de las cavernas han logrado atenuar.

Aunque surjan repentinas voces críticas sobre el gasto político, que no se suelen escuchar ante la abultada suma de intereses por deuda pública que se pagan semanalmente y que quintuplican el gasto de la sana costumbre de ir a votar. O aunque esas críticas resulten más comprensibles cuando se trata de poner fecha y presupuesto a pseudo eventos democráticos como las Paso, que como viene la mano determinan dos nuevos días de urnas sin nada que resolver. Más que votar, una molestia para una encuesta a cielo abierto.

Con las reservas de eventuales emergencias de última hora –que no son el deseo de nadie, pero que nadie puede descartar de plano- entre la semana pasada y la anterior quedaron fijados los cronogramas electorales de la provincia y de la Nación.

Y la primera apreciación que surge para observadores atentos es que no superponen en nada. Un dato de alto contenido político, como se verá más adelante.

Si bien la provincia sólo confirmó que habrá comicios separados y adelantados, las fechas que se manejan son el 2 de junio del 2019 para la general, el 18 de marzo para las Paso y entre fines de enero y febrero para la fecha final de presentación de candidatos. Es decir, dentro de poco más de tres meses.

La Nación confirmó también que se elegirá presidente el 27 de octubre del 2019, es decir junto dentro de un año. A partir de allí, el resto de las fechas significativas son: el 11 de agosto serán las Paso nacionales (que no serán eliminadas) y el 22 de junio cerrará el plazo para la inscripción definitiva de los candidatos.

¿Qué es lo que salta de un profundo análisis de calendario político sanjuanino y nacional? Que las fechas locales se agotarán el 2 de junio, mientras que las nacionales se inauguran el 22 de junio en el caso de los postulantes (hay fechas previas de alianzas, etc.). Campo abierto entonces para consolidar el razonamiento de un posible juego complementario, de doble estímulo, el torneo local y la Libertadores. Y no sólo para el gobernador sanjuanino Sergio Uñac, como se podrá advertir.

El sentido de este razonamiento aparece impreso en la respuesta a siguiente pregunta: ¿qué ocurriría si el peronismo mantiene el nivel de diferencias que muestra hoy, y a poco de la definición de un pretendido candidato de unidad se despacha un gobernador del pelotón de los presentables con un resultado político resonante?

Habrá que ir por partes para que todos los planetas de ese universo imaginario queden alineados. Sergio Uñac es una de esas piezas de recambio del tablero peronista nacional, no sólo por su gestión y su juventud sino también porque ha conseguido atraer la atención de los sectores del poder que anidan en Buenos Aires y que suelen tener palabras pesadas en este ajedrez. Que impulsaron a Macri y ahora se muestran con él distantes, aunque no desengañados con que el hombre no tenga futuro. Que miran de reojo también a Sergio Massa, pero no tienen ancla en el peronismo más que los gobernadores que arrancan con U.

Para concretar una unidad en esos plazos, un requisito imprescindible es que ninguno de los nombres en danza se haya consolidado: ni Urtubey, ni Felipe, ni Alberto, ni la opción cristinista. Pero que perdure la sensación de que la oportunidad es con todos juntos, no separados, para derrotar al macrismo. El otro condimento irrenunciable es que el candidato de unidad pueda contener a todas las expresiones: aunque no sea la luz de los ojos para ninguna de las lecturas extremas dentro del peronismo, al menos que no resulte refractario.

Por ejemplo, hay sectores peronistas que podrían llegar al extremo de preferir la continuidad de Macri antes que la irrupción de Sergio Massa. Entendiendo por sectores no sólo a los dirigentes sino también a los votantes. Lo mismo ocurre con Urtubey, un mandatario al que el sector kirchnerista identifica como línea Pepsi del actual presidente.

Si uno observa los últimos movimientos políticos de Sergio Uñac, puede advertir ese intento de equilibrio en una soga plagada de dificultades. No asistió a la celebración tucumana del Día de la Lealtad en la que coincidieron algunos de sus pares más cercanos (el caso del propio Manzur), tampoco al lanzamiento sanjuanino de Unidad Ciudadana. Armó su propio acto, equidistante de todas las invitaciones y tironeos, con un dato de alto interés para los que hilan fino: la foto que se sacó y difundió con la senadora K mendocina Anabel Fernández Sagasti, quien llegó al encuentro acompañada por su colega Rubén Uñac.

El otro ingrediente para este cóctel imaginario es el resultado resonante. ¿Puede Sergio Uñac meter en la previa de las presidenciales un marcador inapelable que lo catapulte sin miramientos? Las últimas mediciones lo ubican por encima de los 60 puntos de intención de votos, una cifra que no garantiza nada a un año de ir a las urnas pero que de ser así efectivamente encandila. Y es de exportación: ¿cuántos gobernadores peronistas con chances de irrupción nacional pueden mostrar una perfomance política de ese nivel?

La ventanita requiere que esos factores se presenten dentro de un período de tiempo, que no será cualquiera: 20 días, no 20 días del montón sino los que definirán el postulante peronista a competir con Macri. Hasta entonces, Uñac sólo podrá decir que está concentrado en San Juan, abriendo una pequeña luz para que esos planes afortunadamente se le trastoquen.

Si se corta adelante alguno de los que se vienen lanzando, pase a archivo. Si no hay resultado resonante, ídem. Quién pude sostener con tanta distancia lo que puede pasar en un año: ¿o alguien podría haber pronosticado con 12 meses de anticipo de Kirchner sería presidente, o que lo sería el mismo Macri?

PD: la ventanita no sólo quedará entreabierta para dejar pasar alguna ilusión en las chances de irrupción de Uñac. También lo hará con quien podría resultar su rival a la gobernación local: con las fechas desplegadas como quedaron, los que tallan las cartas en Cambiemos podrán conceder el deseo de aparecer como postulante a diputado nacional en octubre 2019 con la condición de que sea candidato a gobernador y arrastre al resto en junio, nada menos que al santaluceño Marcelo Orrego.

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