Hay símbolos que atraviesan la historia de un pueblo como un rayo que ilumina el cielo oscuro de una tormenta.
Para continuar, suscribite a Tiempo de San Juan. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.
SUSCRIBITEAnte la propuesta de muerte, llenamos plazas con alegría. Un recuerdo más que necesario: el Chango Illanes y su poesía que apuesta al corazón.
Hay símbolos que atraviesan la historia de un pueblo como un rayo que ilumina el cielo oscuro de una tormenta.
La Argentina contemporánea y democrática tiene uno. Está tatuado en millones de pieles, estampado en remeras, pintado en murales y banderas; presente en múltiples formas que configuran una cultura y una identidad nacional. A pesar de que, a 50 años, sigue en disputa política, histórica y simbólica, las plazas del país han dado una batalla contundente: los pañuelos de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo no son un recuerdo nostálgico ni pintoresco, sino el corazón que le da sentido a nuestra historia.
La multitud del 24 sostiene una convicción profunda e irrenunciable: existe un piso ético desde el cual mirar y proyectar un país.
Esa fuerza inconmensurable, sostenida por mujeres que defendieron la dignidad enfrentando el terror y el dolor más íntimo, nos permite encontrar esperanza allí donde la muerte dejó un río de sangre y una tierra herida.
¿Cómo es posible que, después de tanto sufrimiento, en las plazas haya alegría y encuentro?
Porque creemos en la vida y no en la muerte; creemos en las infinitas posibilidades y no en la resignación. Porque somos un pueblo bravo e invencible: somos los hijos, los nietos y ahora también los bisnietos de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.
A modo de pequeño homenaje a cada uno de los que creyó, cree y seguirá creyendo que vale la pena intentarlo, comparto un poema de Daniel “Chango” Illanes, que es la contratapa del libro que escribió mi viejo para sembrar Memoria, Verdad y Justicia:
video
video