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miércoles 1 de abril de 2026

Vitivinicultura

Un gigante australiano del vino y su propuesta audaz: rico y sin resaca

Una poderosa bodega de Australia invirtio en un experimento millonario con el vino: tecnología, aroma y sabor.

Por Elizabeth Pérez

En el corazón del Valle de Barossa, al sur de Australia, uno de los gigantes mundiales del vino ha desarrollado con una inversión millonaria una tecnología inédita que promete al consumidor no emborracharlo, pero mantener intacta la esencia en la copa.

El protagonista es el grupo australiano Treasury Wine Estates (TWE), que acaba de dar un paso clave para eliminar el alcohol del vino sin sacrificar ni el aroma, ni la textura, ni el sabor.

La noticia llega en un momento clave para el sector vitivinícola global, teniendo en cuenta que en los últimos años los consumidores han comenzado a exigir productos que acompañen estilos de vida más saludables y, sobre todo, más sobrios.

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San Juan, una oportunidad aún sin explotar

En Argentina, donde el vino tiene un peso cultural profundo, esta tendencia comienza a asomar tímidamente. El Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) ya autorizó hace unos años la elaboración de vinos desalcoholizados, incluyendo a San Juan, una de las provincias vitivinícolas más importantes del país. Sin embargo, la producción sanjuanina de vinos sin alcohol sigue siendo marginal.

En San Juan, algunas bodegas han manifestado interés, incluso dieron el paso con algunas presentaciones, pero sin avanzar mucho. A pesar de que existe un nicho de consumidores interesados en bebidas más livianas o sin alcohol –por razones de salud como las embarazadas o preferencia personal-, la inversión tecnológica y el riesgo comercial son todavía barreras difíciles de sortear.

Pero el vino NOLO -acrónimo de “No or Low Alcohol” (sin o con bajo contenido de alcohol)-, crece de manera sostenida en Europa, Estados Unidos y Asia. No obstante, el gran reto siempre es cómo hacer para que el vino sin alcohol sepa como el vino.

Una respuesta prometedora

La respuesta podría estar en una inversión de 15 millones de dólares y una flamante planta diseñada específicamente para ese propósito del grupo TWE. “Lo primero que se pierde en el proceso de desalcoholización es el aroma. Por eso, diseñamos un sistema que permite capturarlo y reintroducirlo sin alterar la experiencia sensorial del consumidor”, explicó Kerrin Petty, directora de Suministros y Sostenibilidad de la empresa.

El sistema ya está en trámite de patente y, según la empresa, se diferencia de otros por integrar la eliminación del alcohol con un tratamiento cuidadoso de la textura, el color y la fragancia. Según lo publicado por ABC Rural (Australia), dentro de la planta, el vino circula a través de una red compleja de tuberías y tanques de acero inoxidable.

La precisión del proceso permite separar el alcohol sin alterar los compuestos aromáticos que definen la personalidad de cada varietal. El resultado, aseguran, es una bebida que conserva la esencia del vino original, pero sin el componente etílico.

Esta innovación, respaldada por una inversión millonaria y una bodega de última generación representa un hito en la industria vinícola. El grupo empresario asegura haber encontrado la fórmula para elaborar un vino sin alcohol que no renuncia a ser vino.

El desarrollo de vinos desalcoholizados de alta calidad podría significar una expansión del mercado y una renovación generacional del consumo. Para los más tradicionales, sigue siendo una herejía. Para otros, representa una oportunidad de seguir brindando, pero sin resaca.

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