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jueves 26 de marzo de 2026

Panorama complicado

El sector vitivinícola, en picada: en Mendoza dijeron que es el peor momento en los últimos 20 años y en San Juan hay suma preocupación

La vendimia 2025 está dejando números muy desalentadores en la provincia y se perfila para ser “la peor cosecha”, aunque este no es el único problema del sector vitivinícola. Según un referente local, hay hermetismo por la suba de costos valuadas en dólares, la debacle del consumo en el mercado internacional y las importaciones.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Una nota del diario La Nación reflejó el complicado panorama: “La industria vitivinícola enfrenta su peor momento en las últimas dos décadas”. Un informe expuesto en Mendoza a fines de marzo reflejó una caída generalizada del consumo de vino a nivel global, aunque en San Juan esto no es la única preocupación. Ya estiman que la vendimia 2025 será peor que la cosecha del año pasado y también se presentaron varios dolores de cabeza para el rubro, como la suba de costos valuados en dólares, las importaciones y la presión fiscal.

Gustavo Samper, presidente de la Cámara Vitivinícola de San Juan e integrante de la mesa chica de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR), fue tajante al describir el panorama: la vendimia actual podría ser incluso más crítica que la de 2024, considerada una de las más bajas de la historia local. “Teníamos la peor cosecha de la historia del año pasado, creo que esta va a ser peor que la del año pasado”, dijo a este medio. Aunque los números definitivos aún no están cerrados, las proyecciones no dejan lugar al optimismo, coincidiendo con el cálculo de la Asociación de Viñateros Independientes (AVI).

A nivel macroeconómico, la situación también se ha deteriorado. Si bien en un principio la actualización del tipo de cambio había devuelto cierta competitividad al sector exportador, la suba constante de los costos en dólares volvió a licuar esa ventaja. En la práctica, el dólar acompaña a los costos, pero no genera márgenes que permitan al sector vitivinícola recuperar terreno, ni en el mercado externo ni en el interno.

Samper remarcó que las exportaciones se encuentran “bastante trabadas” y que muchas de las medidas anunciadas desde el gobierno nacional no se han traducido en beneficios concretos. Uno de los puntos más críticos es la presión fiscal. En San Juan, los productores ya no cuentan con exenciones sobre Ingresos Brutos y actualmente tributan un 1,5%, lo que representa un retroceso para una industria que ya opera con rentabilidad ajustada.

A nivel internacional, las perspectivas tampoco son alentadoras. El consumo global de vinos ha caído, y si bien el mosto despierta expectativas especialmente en San Juan, su capacidad de traccionar al conjunto de la industria es limitada. El mercado del mosto, explicó Samper, tiene un techo claro, tanto en volumen como en valor, y no puede ser considerado un salvavidas ante la crisis del vino.

Incluso los informes que buscan destacar repuntes en el consumo interno son puestos en duda por los actores del sector. Samper advirtió que, más allá de algunas comparaciones mensuales que pueden mostrar leves subas, los datos interanuales evidencian una caída de entre el 3,6% y el 4% en las ventas, lo que confirma una tendencia descendente sostenida.

En cuanto a los precios, el diagnóstico también es negativo. El valor del vino en góndola sigue siendo extremadamente bajo y eso repercute en toda la cadena productiva. La imposibilidad de trasladar los aumentos de costos a los precios finales genera un ahogo progresivo, especialmente para los pequeños y medianos productores.

“Vos vas a la góndola y lo más barato que encontrás es el vino. No hay forma de actualizar ese precio”, expresó Samper. “Vos vas a la góndola y lo más barato que encontrás es el vino. No hay forma de actualizar ese precio”, expresó Samper.

Las demoras en las devoluciones de IVA para exportadores constituyen otro de los reclamos centrales del sector. Según Samper, algunas bodegas acumulan retrasos de más de ocho meses en la devolución de estos montos, que muchas veces representan la diferencia entre mantener o perder rentabilidad.

La apertura de importaciones, aunque valorada en ciertos aspectos, también ha tenido efectos negativos sobre la producción local. “Estamos caros para salir y estamos muy baratos para entrar”, contó. En un contexto donde los productos argentinos resultan caros para exportar y demasiado baratos para competir internamente, la entrada de vinos, tomates y cebollas desde países vecinos como Chile perjudica la estabilidad de precios locales y la viabilidad del negocio vitivinícola.

Desde COVIAR, la preocupación es permanente. Samper aseguró que existen canales de diálogo activos tanto con Nación como con las provincias, y que se han impulsado estrategias para posicionar el mosto argentino en mercados como el estadounidense, donde también se han enfrentado situaciones de dumping. Sin embargo, la coyuntura económica dificulta la implementación de políticas de mediano y largo plazo.

Finalmente, el dirigente puso sobre la mesa una cuestión estructural que, según su visión, debe ser parte del debate público: si se exige a las empresas mayor eficiencia y competitividad, también debería exigirse lo mismo a la política. Sin una reducción real del llamado “costo argentino”, advirtió, será muy difícil que la vitivinicultura —y la producción nacional en general— pueda sostenerse frente a un mercado cada vez más exigente y abierto.

¿Por qué la industria presentó su peor año en las últimas dos décadas?

La industria vitivinícola argentina atraviesa su momento más crítico en las últimas dos décadas, según un informe presentado por el consultor Javier Merino en el 6° Foro de Inversiones & Negocios de Mendoza y expuesto por La Nación. La combinación de una disminución global en el consumo de vino y factores macroeconómicos adversos ha puesto al sector en una situación delicada. Merino enfatiza que, para revertir esta tendencia, es esencial que las empresas se diferencien y mejoren su propuesta de valor, adaptándose a los cambios en canales de distribución y tecnología.

El informe destaca que, en los últimos 20 años, las ventas de vino han alcanzado sus niveles más bajos, con precios promedio que retrocedieron a valores de hace dos décadas. Entre 2008 y 2023, el consumo global de vino disminuyó un 7,5%, mientras que en Argentina la caída fue del 37,2%. Este declive ha erosionado los márgenes de contribución de las empresas y ha impedido aprovechar economías de escala, complicando la sostenibilidad del sector.

La inflación y la consecuente reducción del poder adquisitivo han sido factores determinantes en la disminución del consumo interno. Además, la caída de las exportaciones se atribuye al retraso del tipo de cambio y a la crisis económica mundial. En 2021, las exportaciones argentinas de vino alcanzaron su pico de facturación debido a la devaluación de 2018 y a altos precios internacionales, pero esta tendencia se ha revertido en los años siguientes.

Merino subraya la importancia de mejorar la imagen del vino argentino en el mercado global, ya que existe una fuerte correlación entre la percepción del producto y su desempeño en exportaciones. Para ello, recomienda enfocarse en comprender profundamente al cliente y profesionalizar toda la cadena de comercialización. La flexibilidad y la capacidad de adaptación serán esenciales para que la industria vitivinícola argentina supere los desafíos actuales y aproveche las oportunidades futuras.

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