El conflicto entre el gobierno y la empresa Monsanto está
escalando a situaciones impensadas. La filial argentina de esa compañía ordenó
a sus proveedores de semillas que quemen o destruyan las variedades de soja RR2
Xtend, un nuevo transgénico que se pensaba comercializar en la próxima campaña
agrícola.
Tras esta decisión, deberían quemarse varias miles de
toneladas de esas semillas que habían sido producidas sobre 3.000 hectáreas
sembradas en diferentes lotes de Nidera, Don Mario, ACA, Satus Ager, Sursem y
hasta por la Estación Agropecuaria Obispo Colombres de Tucumán. Lo confirmaron
a Clarín fuentes de Monsanto y también el presidente de la Asociación de
Semilleros Argentinos (ASA), Alfredo Paseyro, quien de todos modos reveló
negociaciones de último momento para evitar que la sangre llegue al río.
La soja Roundup Ready 2 Xtend, que combinaba resistencia al
tradicional glifosato y a otro herbicida llamado Dicamba, ya pasó los filtros
del Senasa y la Conabia, pero todavía resta un pronunciamiento del Ministerio
de Agroindustria para su aprobación definitiva. Por esa razón, Monsanto ya
había ordenado comenzar a producir las semillas en el país, pensando en
disponer de esa variedad a partir de octubre, con la nueva siembra de la
oleaginosa.
Pero en estos planes está metiendo la cola la creciente
pelea entre Monsanto y el gobierno de Mauricio Macri por la vieja demanda del
sector semillero de que el Estado le asegure un marco propicio para que quien
desarrolla nuevas variedades obtenga por ellas las regalías que le
correspondan. En realidad, ambos actores están de acuerdo en que el objetivo a
lograr es erradicar la venta de semilla de soja por los canales informales, que
no pagan esos derechos. Pero mientras Monsanto avanzó con la implementación de
un sistema de control propio en los puertos, el ministro Ricardo Buryaile se
puso del lado de los productores que argumentan que ninguna compañía privada
tiene derecho a ejercer controles y descuentos compulsivos sobre sus cosechas.
Por eso Agroindustria dictó la Resolución 140, que obliga a Monsanto a contra
con una "homologación" oficial de su sistema. Mientras esto no
suceda, para el Estado no tienen valor legal.
Monsanto, el lunes, emitió un comunicado en el que mostró su
decisión a tensar al máximo la cuerda. "Aunque el gobierno de Argentina
nos ha hecho saber que están comprometidos a apoyar un entorno propicio para la
inversión continua y el desarrollo a largo plazo de la agricultura a través del
reconocimiento de los derechos de propiedad intelectual y el reconocimiento de
los contratos privados, las recientes acciones no son coherentes con esa
posición", señaló la empresa estadounidense, al anunciar que haría
"una revisión completa" de sus planes en el país. La orden de quemar
las nuevas semillas transgénicas se inscribe dentro de esa revisión.
Frente a esta actitud, Buryaile replicó que los ejecutivos
de Monsanto "creen que están por encima del Estado y por encima del
presidente Macri". En declaraciones al diario La Nación, el ministro
reconoció que la firma tiene derecho a cobrar el desarrollo tecnológico, pero
aclaró que el Gobierno está "en desacuerdo en cómo se pretende llevar
adelante" y que "no va a dejar que manejen el comercio de
granos" con sus controles compulsivos en puertos y acopios.
Paseyro, en este contexto, reveló a este diario que no están
agostadas las vías de negociación y confió en que podría llegarse a un acuerdo
en las próximas horas, que incluso podría ser anunciado por Macri en su visita
a la Bolsa de Cereales, este jueves por la tarde. "Es necesario un
acuerdo, porque si no la decisión de Monsanto va a traer consecuencia
colaterales, porque las otras empresas difícilmente tampoco harán los
lanzamientos que tenían previstos".
La posible prenda de paz, según pudo saber Clarín de fuentes
del mercado, pasaría por un sistema de transición en el que convivan ambos
controles para detectar si una semilla de soja tiene tal o cual tecnología
transgénica: el de Monsanto para aquellos productores que lo acepten de modo
voluntario, y otros controles del propio Estado para quienes decidan mantenerse
al margen, a través del Instituto Nacional de Semillas (INASE).