Por Ernestina Muñoz
CANAL 13
Ingenio mata inflación
Independientemente de las mediciones de inflación, todos sentimos que nos sobra mes al final del sueldo. Algunos sanjuaninos le hicieron honor a su ADN argento y pusieron la creatividad a la orden del ahorro. Algunas estrategias son muy conocidas, otras tienen un giro nuevo.
Filosofía hippie
Es una versión moderna de la vida comunitaria. Uno compra mucho para todos y reparte. Generalmente un inscripto como mayorista que puede adquirir lotes de mercadería y packs de elementos de higiene. Después, en el reparto, recupera el dinero gastado. María Pereyra vive con dos hijos varones y sus padres jubilados. Además de la comida, el mayor gasto que advirtió fue el de jabón en polvo para dar guerra a las travesuras de sus niños. Viviendo lejos de los mayoristas y sin transporte, la alianza con un amigo que hace las compras al por mayor fue una solución. Este tipo de compra representa un ahorro variable según el producto, un promedio del 20% en el caso de María; según comparó con la compra individual. La única contra que advirtió fue que al momento del pago debe hacerlo sí o sí en efectivo y tiene que coincidir con los tiempos de los demás socios y sus necesidades.
Lo mismo se puede aplicar a la ropa. Teresita Cabello tuvo su local de ropa en Santa Lucía hasta que los gastos fijos pudieron más que la rentabilidad. Lo cerró pero conservó contactos con los proveedores. Ahora vende ropa a precios directo de fábrica si reúne la cantidad de prendas necesarias para justificar el flete. Respecto de los precios de mercado, representa un ahorro del 20 % hasta el 50 %.
Pools de compras
Lo contrario de la filosofía hippie, en este caso son muchos los que compran un artículo, generalmente caro y luego comparten su uso. Por ejemplo, un grupo de amigas de Ana Sánchez que empezaron porque querían adquirir una depiladora de luz pulsada. La máquina estaba valuada en ese momento en más de $3.500, traía garantizadas al menos 300 pulsaciones. En teoría 30 eran necesarias para lograr la depilación definitiva. Hicieron las cuentas y repartieron el precio entre 3. Les fue bien y ahora compran y comparten otros productos; generalmente suntuarios: botas, bolsos de diseño, una podadora de césped. ¿La contra? Coordinar el uso y el cuidado de los ítems. La regla clara es que la que rompe, paga.
Todo cuidado
La llegada del acuerdo de precios nacional le resolvió las cuentas a varios que sólo compran lo que tiene la etiqueta azul y lila. Empezó con alimentos y hoy se puede ver el sello "Precios cuidados" en materiales de construcción y hasta motos. Juan Pablo Muñoz es uno de los adeptos porque puede adquirir primera marcas a precios convenientes, anclados al acuerdo. Ha encontrado precios inferiores a los cuidados, no son de las marcas que le dan seguridad. La otra ventaja es que se pueden adquirir precios cuidados en varios supermercados, sin necesidad de caminar y caminar a lo Lita de Lázari. La desventaja es que depende del stock. Otra versión de lo “cuidado” son los camiones de Economía Popular, o de Pescado para todos o de Verduras para Todos. ¿El defecto? Los cronogramas son variables y a veces hay que trasladarse varios kilómetros para acceder. Una vez en el lugar donde se instalan, dependen del stock del camión que se destina generalmente a las necesidades de la comunidad más vulnerable.
La vuelta de los clásicos
El carneo, la fabricación de salsa, de dulces o el amasado volvieron con una vuelta de rosca. Lo más insólito que esta cronista escuchó fue la iniciativa de unos amigos de despostar una vaca. La compraban en Valle Fértil y la despostarían en el fondo de una casa con el servicio de un matarife. Necesitaban que cada encargue sea de al menos 5 kilos de carne para justificar el carneo y calculaban un ahorro cercano al 20%.
Ana y Andrés Sánchez volvieron a envasar tomate en salsa y conservas el verano pasado y hoy lo consumen a una gran diferencia económica respecto de los precios de mercado. Entusiasmados con esos resultados ahora encararon la elaboración de dulces y mermelada de membrillo para ahorrar un poco en el rubro. La modernidad es que ahora pueden comprar la pulpa pre- elaborada de la fruta, lo que ahorra varios pasos en la industrialización.
Matías Naranjo amasa, pero no en horno de barro como hacían las abuelas. La levadura ahora viene en sobres y no hay que compartir amasijo. Otra opción modernosa es utilizar los hornos eléctricos que en cuestión de minutos fabrican el pan. Permite ahorro y también personalización de resultados ya que a la masa se le puede agregar semillas o fibras para enriquecerla.