En un partido cargado de tensión y polémica, Platense escribió una de las páginas más inolvidables de su historia reciente. Dio el batacazo en el Monumental, eliminó a River por penales después del 1-1 en los 90 minutos y se metió en las semifinales del Torneo Apertura, donde enfrentará a San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro. En una serie que tuvo de todo, el Calamar resistió con coraje, fue efectivo desde los doce pasos y dejó afuera a un River que llegó al empate agónicamente gracias a un penal convertido por el juvenil Franco Mastantuono, pero que volvió a tropezar en su karma: las definiciones desde los once metros.
Justicia divina para Platense: dio el batacazo y eliminó al River de Gallardo pese al escándalo arbitral
Pese a que el Millonario llegó al empate con un penal convertido por el pibe Mastantuono, los penales le negaron el triunfo y el Calamar ganó en el Monumental.
El Monumental fue un hervidero. Platense tenía la clasificación en el bolsillo hasta la última bola de la noche: un pelotazo largo de Marcos Acuña que encontró la cabeza de Mastantuono, quien asistió al área donde Miguel Borja no llegó a conectar porque Salomón levantó la pierna de manera imprudente. Penal. El chico de 17 años se hizo cargo con personalidad y puso el 1-1, mandando la serie a una definición dramática.
Pero el gol llegó envuelto en polémica. Los jugadores de Platense estallaron contra el árbitro Yael Falcón Pérez por un lateral anterior que claramente debió ser suyo: la pelota había rebotado en Martínez Quarta antes de salir. Además, protestaron el tiempo adicionado, aunque en ese punto los nueve minutos (6 iniciales más 3 extra) se ajustaron a la cantidad de interrupciones que había tenido el partido, mayormente provocadas por el propio equipo visitante.
Más allá del enojo justificado por la grosera falla arbitral, Platense se impuso en los penales con justicia. Porque Cozzani le atajó el disparo a Driussi, porque Armani detuvo uno pero le cobraron adelantamiento en el tiro de Zapiola, que en la repetición sí convirtió, y porque el palo dijo que no en el intento de Castaño. El último penal de Schor selló la hazaña y desató el festejo largo, ruidoso y merecido de los jugadores vestidos de marrón.
Ya lo había demostrado en Avellaneda contra Racing. Este Platense es bravo. Y en Núñez lo volvió a confirmar. El desarrollo del encuentro se dio como lo imaginó la dupla técnica integrada por Orsi y Gómez. El Calamar se plantó con los 10 jugadores detrás de la línea de la pelota, bien compactos, preparados para resistir y jugar al límite. Corrieron, metieron, cortaron el circuito de juego de River y nunca dejaron de estar enfocados.
Incluso recurrieron a las artimañas clásicas: hacer tiempo, exagerar faltas y enfriar el ritmo. También se cargaron de infracciones -algunas duras-, pero nunca perdieron la compostura táctica. No necesitaron al "francotirador" que en la semana mencionaban en tono de broma para frenar a Mastantuono. Bastó con orden, concentración y aprovechar los errores ajenos.
Y River, con varios de sus habituales titulares, no fue el mismo de los últimos encuentros. Sintió el desgaste de la seguidilla, careció de frescura, movilidad e ideas. El mediocampo no tuvo la dinámica habitual, Nacho Fernández apareció con intermitencias y Castaño estuvo impreciso.
El golpe llegó en el primer tiempo, cuando Platense encontró el momento justo para golpear. Tras un pelotazo largo de Herrera entre los centrales, la defensa de River falló en cadena y Vicente Taborda —a préstamo desde Boca— quedó mano a mano con Armani y no perdonó.
River fue en busca del empate con más empuje que claridad. Tuvo un 74% de posesión, sumó gente en ataque, pero apenas generó peligro real. “Movete, River, movete”, bajó desde las tribunas más como un grito de aliento que como una crítica. Pero el equipo no logró responder. Platense se sentía cada vez más cómodo, protegido por un sólido Cozzani y una defensa que no se desordenó casi nunca. Hasta que en la última jugada apareció Mastantuono para rescatarlo y empujar la serie a los penales.
Allí, sin embargo, River volvió a tropezar con su maldición. El penal del pibe fue impecable. Pero no alcanzó. Otra vez, como en otras noches coperas recientes, el Millonario se quedó con las manos vacías desde los doce pasos.
Platense festejó con el alma. River, por su parte, se quedó sin chances de dar la vuelta en el primer semestre, salvo que haga historia en el Mundial de Clubes frente a los gigantes europeos. Demasiado poco para un equipo que había empezado el torneo con ilusiones altas y ahora deberá barajar y dar de nuevo.