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Maravilla y las simetrías: Escribe Hugo Asch

Ante un rival menor Sergio Martínez inició el camino para recurar el título del mundo. Leé el análisis de Hugo Asch.
sábado, 22 de agosto de 2020 · 09:08

Por Hugo Asch

MARAVILLA Y LAS SIMETRÍAS

“A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos”, dice Borges en El Sur (1944). Por alguna razón me acordé de esa cita mientras lo veía a Sergio Martínez de nuevo sobre un ring, después de seis años.

Sucede que él y yo, me enteré después, huimos el mismo día del mismo del infierno argentino del 2001 rumbo a Madrid, en la primera semana de febrero de 2002. Ni uno ni otro sabía que le esperaba. Solo nos unía el espanto, diría el Maestro.

Caminando por Cuatro Caminos, una tarde me enteré que había hecho una pelea en Parla y otra en Leganés, pero no llegué a tiempo para conseguir un boleto y verlo. Siempre me gustó su estilo de boxeador fino, tiempista, de manos rápidas y manejo de la distancia.

Lo había visto por la tele en casa de mi mamá en Avellaneda, tres días antes de subirme a aquel avión, cuando le ganó por puntos en la FAB a Francisco Mora. Cuando uno vive esas situaciones límite hay cosas insólitas que se graban en la memoria. Ésta fue una.

Yo zafé, hice una revista de consumo y lujos, lo que era bastante más que un lujo. A Maravilla le fue mucho mejor.

Fue de punto a pelear por un título de una organización menor a Inglaterra y le fue bien. Ganó y siguió ganando. Se impuso por bueno, por muy bueno. Terminó siendo doble campeón mundial y dejó para la historia un nocaut de manual a Paul Williams. Ganó prestigio y dólares. Fue su mejor momento, hace diez años, a los 35.

Martínez llegó grande a ser de lo mejor en el mundo y después del baile al hijo de Julio César Chávez, con caída en el último round y frase para la historia de Walter Nelson (“¡Salí de ahí Maravilla!”), la cosa se le hizo más cuesta arriba.

Le ganó ahí nomás a Murray en Vélez, y llegó la noche triste en el Madison, con Cotto, un fantástico peso welter natural aún más chico que él en categoría mediano.

Fue noqueado porque simplemente no tenía más piernas, la base de su boxeo. Sus rodillas estaban destrozadas. Sólo viendo caer mal a mi amigo Sergio Palma en el Luna frente al Mingo Malvárez sufrí más, viendo una pelea.

Es, justamente Palma quien me lo enseñó: “Ojo, mirá que yo no soy un ex boxeador eh... soy un boxeador que está viejo para seguir peleando”. Maravilla, seis años después de su peor noche, volvió a boxear en España, tal vez para sentir en la piel que sigue siendo lo que siempre fue y no dejará de ser jamás: un boxeador. Un boxeador fuera de serie.

El rival es lo de menos. Se llama Fandiño, es un segunda serie entusiasta, fuerte pero muy torpe. Él y todos sabían que estaba ahí como partenaire de la estrella y, además, promotor.

Martínez pesó apenas sobre el límite de los medianos y físicamente se lo veía impecable. Volver intacto de esa última espantosa imagen ya es mérito extraordinario. Se nota que es un tipo decidido a cambiar esa última foto que no merecía su brillante carrera. Lo logró. Es justo. Chapeau.

Su alegría, su optimismo, sus planes para recuperar el título mundial son comprensibles. Creo que lo que persigue no es el dinero, aunque si lo gana estará muy bien. Lo que busca es huir de otro infierno que lo torturó durante seis años: el orgullo herido.

Gilberto Mendoza, el presidente de la Asociación Mundial de Boxeo, salió a decir que lo quiere ver en dos o tres peleas más para después sí, darle una chance contra su campeón mundial mediano, un japonés llamado Murata, al que Maravilla le hubiese ganado caminando una década atrás.

Su entusiasmo es comprensible: lo suyo es conseguir peleas y cobrar el porcentaje por el bonito cinturón. La ilusión de Maravilla es lógica: un tipo capaz de subir al ring y boxear como él boxea se siente capaz de todo.

Lo sé porque yo no pude ni hacerlo mal. No me dio el cuero.

Me hizo feliz verlo allí arriba, otra vez. Podrá hacer una, dos, tres peleas lejos de la exigencia del primer nivel. El talento sigue intacto pero... "The time is a thief". El tiempo es un ladrón.

Está más lento, sus piernas parecen mucho más fuertes que hace seis años, pero en este deporte que amo hay una verdad que se impone a todo: los golpes no alimentan.

Maravilla sigue siendo él mismo. Aleluya.

Pero al mismo tiempo ya no es el que fue. Nadie lo es. Nadie puede serlo, por suerte y por desgracia.

Es curioso, pero el recuerdo inicial de la simetría borgeana no parece casual.

Por lo visto, Sergio Martinez, nacido en Quilmes, ha regresado justo el mismo día en que, me cuentan, partió para siempre Miguel Angel Morelli, quilmeño por adopción, poeta, librero, buen amigo de la ciudad, seguidor del boxeo y sobre todo, un tipo bueno, lúcido, íntegro. Mmm...

Yo prefiero decir, en modo Borges, que ninguno de los dos sucesos ha tenido lugar.

 

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