ver más

miércoles 8 de abril de 2026

Joaquín Molina/San Martín

De desconocido a goleador: La historia del `Loco´ que de rebote llegó a San Juan

Fue artillero en el Federal A y B con Unión de Sunchales, y hasta verdugo del Azul de Villa Krause. En 2016 lo ofrecieron al club verdinegro y, al ver sus videos, no dudaron en sumarlo. Hoy es clave en el esquema de Gorosito, titular y artífice de los goles.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Carla Acosta

"A Primera llegué siendo nadie”. Apoyado en el arco sur del Hilario Sánchez, donde le marcó a Belgrano y Quilmes, Joaquín Molina (25) se refiere a sus inicios en el fútbol. El pibe que abandonó la escuela para hacer de las suyas en una cancha, el mismo que la rompió en el ascenso con Unión de Sunchales, hoy vive un presente soñado en Primera. 

Como en un cuento de hadas, el delantero fue tocado por la varita mágica de la redonda. Después de una tremenda campaña en el Federal B y en el A con el club santafecino, donde supo marcar 20 goles en la última temporada y hasta convertirle al Azul de Villa Krause, en 2016 tocó el cielo con las manos cuando fue fichado por un club grande.

En enero, con Pablo Lavallén como DT, llegó a Concepción con un perfil bajísimo, como el goleador del ascenso que buscaba un lugar entre las estrellas de Primera. "Mi representante me ofreció a San Martín, me pidieron videos y después me dieron el ok. No era nadie cuando llegué. Veía a todos los jugadores de Primera y me preguntaba `¿qué hago? ¿a dónde voy?` Por suerte de a poquito fui acomodándome y agarrando confianza”, cuenta.

El delantero nació en Sunchales (Santa Fe) pero a los dos años de edad se fue a vivir a Rafaela, donde su papá consiguió trabajo en una papelera. Don Juan Molina fue arquero de Unión de Sunchales, de allí los genes futboleros de su hijo. "De chiquito, con 3 o 4 años fui solo y me anoté en un club (Ferro). Empecé en el mediocampo, pero por la altura me pusieron de nueve, arriba. Por suerte mi viejo no me quería de arquero (risas)”.

Empezó en el fútbol amateur hasta que saltó a Ben Hur, Quilmes y finalmente a su querido Unión de Sunchales, donde pasó casi ocho años y vivió todas. A todo esto tuvo que abandonar la escuela. "No era bueno para los libros, era medio rebelde. Mi viejo me dijo `bueno, si no querés ir más, ponete a jugar al fútbol`. Y gracias a Dios hoy pude debutar en Primera”.

 

 

 

El debut, la lesión y su regreso

Molina debutó el año pasado ante Newell`s y después estuvo frente a Racing. Pero una lesión (fascitis plantar) lo alejó de las canchas por casi tres meses, lo que significó un cimbronazo enorme en su carrera. "La lesión me mató la cabeza. Empecé jugando y me lesioné muy feo en un entrenamiento. Me costó arrancar por el tema del peso y por el miedo de volver a lesionarme. Pero pude recuperarme y empezar de cero”.

Si bien en el 2016 tuvo algunas apariciones fugases, fue en este año cuando tuvo su gran despegue. De la mano de Néstor Gorosito, fue titular ante Unión en la fecha 19 del Torneo de Primera. Desde entonces no volvió al banco de suplentes, fue titular en los últimos cinco duelos. De hecho convirtió sus primeros goles con la casaca verdinegra en dos de ellos, ante Belgrano y Quilmes, justamente las únicas victorias del equipo en el año. "Este es un momento esperado. Uno quiere jugar bien y lo bueno es que es una competencia sana, todos tirando para el mismo lado”.

Ante el Tomba, cueste lo que cueste

Molina se lamenta no haber enfrentado a Sportivo Desamparados cuando vestía la casaca de Unión de Sunchales, en el Federal A. Pero ahora disfruta de enfrentar, por segunda vez en menos de 15 días, al otro clásico de San Martín: Godoy Cruz. "Estamos tranquilos, no hay que hacerse la cabeza. Fuimos a Mendoza e hicimos un buen partido. Y acá tendremos el apoyo denuestra gente, que es importante. Vamos a salir a presionar como contra Quilmes”, anticipa.

 

 

 

 

¿Por qué "el loco”?

Dice que de chiquito fue un poco revoltoso, pero cuenta que el apodo "el loco” se lo pusieron cuando jugaba en Quilmes. "No me acuerdo quién me puso ese apodo, pero era porque se me salía la cadena y peleaba con los árbitros. Vivían echándome. Ahora no soy así pero quedó esa imagen ¿Si en la vida soy loco? No, soy bastante tranquilo”, señala.

Con la fe intacta

"En ti confío Jesús, hoy y siempre”. Esa es la frase que reza en la pierna derecha de Joaquín, uno de los siete tatuajes que ilustran su cuerpo. Dice ser devoto, ir a la iglesia dos veces a la semana y, sobre todo, agradecido con su presente futbolístico. "De chico empecé a ir a la Iglesia, me ayudó mucho en ciertas cosas. La verdad es que ser futbolista tiene sus defectos, pasás mucho tiempo lejos de la familia y resulta un bajón. Pero es la profesión que uno elige, que termina siendo hermosa". 

 

 

 

 

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar