Marcela Cantos llegó hasta el predio ubicado en Nacional y Quiroga, en San Martín, acompañada de familia y amigos. Hace alrededor de cuatro años que el mismo grupo se reserva en el calendario la noche del 24 de junio y no hacen planes de ningún tipo. Con ese nivel de compromiso se regalan un día para el encuentro, el disfrute y también para viajar al pasado, a aquellos momentos de la niñez protagonizados por la Fogata de San Juan Bautista.
La sanjuanina de Santa Lucía recuerda que sus primeras fogatas fueron en la Villa del Carril, a las que asistía de la mano de sus abuelos. “Se compartían bebidas, rondas alrededor del fuego, el olor del pochoclo, todo eso emociona y por eso no puedo perderme esto”, dice con cierto dejo de añoranza en sus palabras.
Hace cuatro años se enteró que Hipólito "Gringo" Orozco venía desde hacía tiempo llevando a cabo la fogata cada noche de San Juan en su hogar, y se sumaron a la tradición. Comenta que en esos momentos eran encuentros más reducidos e íntimos, quedando entre familia.
Este año la fogata se abrió a la comunidad, por lo que cualquier persona pudo asistir, algo que le genero mucha alegría a marcela y a los suyos, ya que entienden que este tipo de actividades que hacen a la tradición de un pueblo solo se sostienen en el tiempo si son compartidas.
“Es una tradición que trae bonitos recuerdos de cuando una era niño. La fogata, el compartir, el quemar las malas cosas y tener buenos sentimientos y deseos”, destaca.
Entre risas y con el rostro iluminado por las llamas de la enorme hoguera, Marcela cierra los ojos y arroja el pequeño papel que tenía encerrado entre sus puños. Así completa un ritual que vienen llevando adelante hace años, depositando la esperanza en que el fuego queme eso que anotó en el papel, el deseo de dejar lo malo atrás y atrayendo la prosperidad.