Por Gustavo Martínez Puga
Conocé a Georgina, la perra más famosa de Pocito
El lechero le lleva yogur, el carnicero huesos frescos, pero ella prefiere las galletas dulces. Todos están enamorados del hermoso can que vive desde hace años en una estación de servicio. Por Gustavo Martínez Puga.
De un momento a otro, hace siete años, apareció flaca y cabizbaja por la estación de servicios Barceló, ubicada en Calle 11 y Mendoza, Pocito. Venía de una castración masiva que las autoridades sanitarias habían hecho en la Villa Aberastain. Hubo algo en su mirada que conmovió a los empleados y ella supo que ese iba a ser su lugar en el mundo. Con ustedes Georgina, la perra más famosa de Pocito.
Y esa frase no es una exageración: basta con detenerse un rato en la playa de la estación de servicio pocitana para ver que no hay cliente que no la reconozca, la busque y le haga un cariño.
Como si hubiese sido adiestrada, ella devuelve el gesto con gran cortesía: se sienta, estira una de sus patitas y saluda a niños, ancianos, camioneros, chacareros y obreros rurales mientras cargan GNC o gasoil.
De tanto en tanto, se aburre y sale de gira con algún perro amigo que pasa por el lugar. Se da unas vueltitas por los comercios y por el campo, pero al rato siempre vuelve.
Sabe bien que en lo alto de la heladera del hielo en la isla de productos que está sobre Calle 11 siempre está el alimento para perros que le compran entre los empleados de la playa de la estación de servicio.
El lomo ancho arriba de las ancas traseras y el pelaje brillante demuestran que los empleados exageran, pero no mienten: "Está mejor alimentada que nosotros”, dice entre risas Marcos Galdeano, uno de los empleados que siempre está atento para ver dónde anda Georgina.
"El nombre se lo puso un compañero y es porque así se llamaba una chica que trabajaba en el servi-compras”, cuenta Galdeano, mientras Enrique Agudo le da un poco de alimento a la perra que se roba todas las miradas de los vecinos que se bajan del auto por seguridad para mientras les cargan GNC.
Como si fuera la dueña del lugar, Georgina suele deambular durante el día. Pero en la noche no se mueve del predio. Y muchas veces impone justicia ante ciertos desmanes típicos de un comercio de ese tipo: "Cuando salen los muchachos haciendo picar los autos, se enfurece… los corretea al lado del auto y se los quiere comer crudo. O cuando es de noche y viene alguien que a ella no le cae bien, empieza a olfatearlo y a dar vueltas alrededor del auto en el que llega. Es muy inteligente”, cuenta Marcos Galdeano.
Así como en la noche demuestra tener carácter, Georgina cambia su actitud en el día. Sobre todo cuando llegan los "proveedores” de ella.
"El repartidor de leche le trae casi todos los días un yogur y se lo da. Un muchacho que distribuye carne siempre le deja los huesos frescos mientras se para a cargar gasoil. Pero lo que más le gusta son las galletas dulces, se enloquece cuando ve que abrimos un paquete”, cuenta Enrique Agudo.
Cuentan en la playa de la estación de servicios que en alguna oportunidad hubo gente que se encariñó tanto con Georgina que intentó llevársela, pero que a los pocos días ella se había vuelto por su propia cuenta.
Tal vez no olvida aquel día que venía adolorida por haber sido castrada y en esa estación de la Calle 11 y Mendoza le acobijaron sin pedirle nada a cambio.
LA FRASE
"Cuando salen los muchachos haciendo picar los autos, se enfurece… los corretea al lado del auto y se los quiere comer crudo”. Marcos Galdeano.
LA CIFRA
7
Son los años que la cariñosa perra lleva viviendo en la estación de servicios de Barceló.
EL DATO
Cuando hubo personas que intentaron adoptarla, Georgina pasó con ellas algunos días, pero siempre regresó a la estación de servicios.
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