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domingo 5 de abril de 2026

EL CAMINO DE LA FE

Mogna-Tucunuco: Tres historias al final de un camino histórico

Milton Díaz, un chico discapacitado de Niquivil; Paco Lomas, un técnico vial de Vialidad Provincial y Roberto Borges, apodado “el loco de la topadora”, fueron reconocidos por su empuje en la concreción del nuevo camino. Por Gustavo Martínez Puga.
Por Redacción Tiempo de San Juan

 

Por Gustavo Martínez Puga
gmartinezpuga@tiempodesanjuan.com

La traza del camino entre Tucunuco y Mogna data desde antes del 1900. Unía Albardón con Mogna y Jáchal. Y era el vínculo que había para llevar desde Mogna hasta Jáchal el trigo, los animales, pedir asistencia sanitaria y realizar trámites legales. Pero los desmoronamientos de rocas y las bajadas de las crecientes, sobre todo en las serranías de Los Morados, lo terminaron anulando y el vínculo con Mogna se fue mudando a Talacasto. Así, la distancia con Jáchal, la ciudad de referencia de los moquineros, quedó cada vez más lejos: por Tucunuco hay 80 kilómetros y por Talacasto 160. Pero hubo gente que no se dio por vencida. Y desde fines de los ´90 empujaron para que se hiciera el camino que uniera Tucunuco con Mogna, sobre todo porque la traza que iba desde Talacasto se cortaba cada vez que había lluvias y Mogna quedaba incomunicada. Una parte de ese tramo de 30 kilómetros es el que se inauguró el último martes 4 de diciembre, día de Santa Bárbara, la patrona de Mogna. Pero detrás de la finalización de ese camino, el cual permitirá un vínculo terrestre permanente con Mogna, sobre todo desde Jáchal, hay tres historias de vida que tuvieron una influencia vital para que se finalizara.
Historia 1: El empuje de Paco
Una de ellas es la de Francisco Paco Lomas, un técnico vial que fue el que sacó el proyecto del camino de los escritorios y lo llevó al medio del desierto. Fue cuando se dirigió con firmeza al director de Vialidad Provincia, Edgardo Güerci, y le dijo que “con 300 horas/máquina yo hago el camino”. Fue después de muchas horas de estudio bajo el sol ardiente en pleno campo.
“Era de esos tipos que trabajaba sin descanso”, según la definición que hizo de Lomas el mismo gobernador José Luis Gioja. Esas 300 horas se terminaron transformando en 500, pero cuando ya todos veían que era posible hacer el camino por Los Morados. “Él se había retirado de Vialidad Provincial porque tenía cáncer. Pero después se mejoró y se reintegró. Tenía una fuerza de voluntad increíble”, comentó Güerci.
“Cuando él estaba internado, en cama por el avance del cáncer, le llamé por teléfono para avisarle que el camino se había abierto. Él me dijo que no teníamos que conformarnos con eso, que teníamos que empujar hasta que el camino se terminara”, comentó Nélson Espinosa, integrante del Grupo Santa Bárbara Mogna.
Historia 2: el milagro de Milton
Nelson Espinosa es hijo de Nelson Argentino Espinosa, un ex compañero del gobernador Gioja en el Colegio Nacional de Jáchal, donde se recibieron de Maestros. Argentino siempre le pidió a Gioja por el camino. Él, como la familia de su hijo Nelson, o las familias Gómez,  Cortez, Tejada, Tapia tenía un motorcito aparte: Milton Díaz. Se trata de un chico que nació a los seis meses de gestación y le detectaron parálisis cerebral. “Me dijeron que no iba a vivir mucho. Entonces yo se lo entregué a Santa Bárbara, le dije que ella dispusiera de su vida. Y milagrosamente mi hijo vivió hasta los 21 años. Falleció hace 2 años. No alcanzó a ver el camino. Peor él venía siempre los 4 de diciembre y, con su dificultad para hablar, le pedía a Gioja que hiciera el camino. Primero lo traíamos en silla de ruedas. Después en una camilla. Y al último ya no pudo venir”, contó su madre Silvia Laura Gómez, quien junto a su esposo, Rosario Benito Díaz, integran el Grupo Santa Bárbara Niquivil. Ellos son de ésta localidad de Jáchal y la mayoría de las familias de ese grupo encontraban en Milton la principal razón para tener el camino Tucunuco-Mogna.
Historia 3: “El loco de la topadora”
Estas familias que integran el Grupo Santa Bárbara Niquivil nunca bajaron los brazos. Siempre le ayudaron a Paco Lomas a empujar ante las autoridades políticas para que el camino se concretara. Y cuando vieron que una máquina topadora empezó a trabajar en la picada, ellos iban todos los fines de semana a llevarle un asado, un pollo al disco, agua y todo lo que hiciera falta para hacer más liviano el trabajo de Roberto Borges, el maquinista que se animó a desafiar la naturaleza con su máquina, una topadora Caterpillar D 9 de la empresa Dumandzicz-Zlato que hizo ese trabajo puntual. “Ese loco de la topadora que le ponía de sol a sol también merece un reconocimiento. Trabajaba de sol a sol, arriesgándose”, dijo efusivo Gioja. Borges es un calingastino que ahora ya forma parte de la historia del nuevo camino.
Estas tres historias de vida son parte de ese camino histórico de 30 kilómetros que une la Ruta Nacional 40 con la localidad de Mogna, al cual los vecinos bautizaron, con la venia del Gobernador, como el Camino de la Fe, más allá de que sea la ruta provincial 475.
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