columna

El eterno "lo haré mañana"

El coach de vida Carlos Gil escribe esta semana sobre la procrastinación, esa costumbre o mal hábito que podría estar consumiendo tu vida.
jueves, 22 de agosto de 2019 · 12:55



Todos en algún momento, posponemos para después, para mañana o para más adelante, cosas que sabemos deberíamos hacer. Y muchos lo hacemos con llamativa frecuencia.


Ya conocemos o ya recibimos como consejo la antigua sentencia “No dejes para mañana lo que pudieras hacer hoy”. Tan antigua que no sólo todos nuestros abuelos la repitieron. Sino que algunos hasta citaban el Antiguo Testamento, porque lo recoge en modo de parábolas de profetas haciéndolo Palabra de Dios. 


Sin embargo, aunque sintamos profundamente que cambiar esa postergación permanente me cambiaría bastante; si presumo que dejar de posponer me aliviaría de las cargas que me significan las cosas que habiendo podido hacerlas, las pasé, aun así, no las estoy haciendo.


Aunque parezca inevitable procrastinar –ya que de esto se trata. Proviene la palabra del latín Cras que significa mañana o adelante- el dejar de hacerlo, conscientemente, también es posible. A eso te acompañará un profesional de la salud cuando corresponda, o un Coach si la entidad de tus postergaciones es menor. Si aún no es un problema pero intentas un cambio de actitud en compañía.


En nuestra vida hemos adquirido hábitos, y por ese sólo hecho son ya actitudes placenteras. Constituyen un disfrute, una zona de confort. Cuando alguna tarea nos convoca a enfrentar esos hábitos dudamos de concretarla y al no poder con lógica  rechazarla definitivamente, la postergamos para más adelante. Con ello no la estamos haciendo, no estamos enfrentando el confort, y no hemos sido tan irracionales de negarla definitivamente. Sólo la postergamos para más adelante. Procrastinamos. 


También procrastinamos por temor. Temor a no lograr el objetivo, a que me sea difícil o doloroso el proceso, temor al fracaso. Pero también, y muy asiduamente, temor al éxito cuando éste puede sacarme de una zona de confort o no estoy preparado por otras causas a vivirlo.


Preferimos, como actitud natural, la recompensa pronta. Nuestros mecanismos, nuestras actitudes, nuestros reflejos, nuestro accionar y hasta nuestro cerebro selecciona aquello que nos provee una satisfacción inmediata. Nuestro esfuerzo debe intervenir decididamente cuando tenemos que hacer o lograr algo cuya satisfacción no es inmediata. El mediano o largo plazo no siempre es tenido a la vista cuando una acción o una palabra pueden darnos un placer inmediato. Entonces elegimos esto. Y encontramos así otra razón para procrastinar. Para dejar lo otro para más adelante imaginando que cambiarán en ese futuro condiciones y que podremos entonces encontrar el placer inmediato. 


Lo bueno es saber, que aunque admitamos que es algo generalizado y que todos alguna vez hemos hecho y estamos haciendo, la procrastinación puede ser cambiada y lograríamos no dejar para adelante aquello que decidamos. Se trata sólo de elegir actuar de modo que sorteemos los obstáculos que detecto. Para ello puedo ser acompañado a aplicar una serie de trucos, tips o puntos de vista y modos de pensar distintos y llegar a cambiar la satisfacción que obtengo en mi vida, cuando no postergue para mañana esto que pudiera hacer hoy.


Tener el control, usarlo en mi beneficio, incrementa tanto mi autoestima, mi satisfacción, que sonreiré seguramente al descubrir que lo que me parecía natural pero en el fondo no quería estoy pudiendo lograrlo ahora.


Ser feliz no lo pospongo. No lo paso para más adelante. Voy disfrutando el camino que recorro ahora, bajo mi control.

CARLOS GIL COACH, La Granja, Sierras Chicas de Córdoba, Argentina, 22 de agosto de 2019.
 

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