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El dilema final: ¿hacer o no hacer el balance de fin de año?

El coach de vida Carlos Gil nos invita a una reflexión que puede ayudarnos a terminar un ciclo sin caer en una espiral de estrés.
jueves, 19 de diciembre de 2019 · 10:04

A veces se la presenta como la Herramienta Perfecta. El Balance de la propia vida al acercarse la celebración del Año Nuevo carece de un formato rígido y como tal, es a veces espontáneo y ni siquiera nos hemos dado cuenta que lo estábamos haciendo. Simplemente se traduce en Balance si caemos en la cuenta de que estamos iniciando el relato de un propósito con la consabida frase: el año próximo… Para otros, se trata de una actividad, hábito o ritual que cumplimos casi religiosamente. Solos o reunidos con una persona confidente, repasamos lo que se nos cumplió desde el Balance anterior, qué cosas no pudimos lograr y cuáles de ellas ni siquiera habíamos previsto. Y como final, establecemos metas para un período conocido, un plan, a cumplir hasta la próxima reunión de Fin de Año.

Claro que este Balance o Plan de Vida también puede ser establecido en otras fechas, o se puede haber modernizado la herramienta y estar estableciéndolo en forma permanente. Veamos.

Antiguas civilizaciones efectuaron su Balance, por ejemplo, al ritmo de las cosechas. Y hasta esta geografía y este momento se trasladaron sus ecos. No son otra cosa la Fiesta de la Zafra, la Fiesta de la Vendimia y tantas otras. Un corte que nos permite decir cómo fue este año y cómo esperamos el próximo, y para eso, qué hacer o qué no hacer.

También se convierte en Balance lo que hacemos hasta sin darnos cuenta cuando se acerca la fecha de nuestro cumpleaños. Terminamos enunciando un propósito y una informal meta, como cuando decimos: Antes de los 40 tengo que lograrlo… o también: Después de este cumpleaños…

Sumamente importantes esas reflexiones y hasta planes, si se han constituido los balances en un peldaño desde el que es más claro o más fácil impulsar el crecimiento. Pero la invitación también es a que se constituyan en una posibilidad de alfombrar cómodamente nuestro camino de la  propia felicidad.

Por eso, existiendo diversos momentos como óptimos, quizás no sea necesario que al acercarse fin de año, hagamos un estricto balance si una situación importante no se ha definido, o si no creo que sea éste un momento de planificar y tomar impulso. Por múltiples causas puedo dejarlo para otra fecha o sin precisión, para más adelante. Y quizás me evite así un momento no tan satisfactorio o quizás busco y encuentro la oportunidad en que sea más útil.

Una de esas dificultades es la acumulación de cansancio cuando siento el peso del año transcurrido y el agotamiento de energías. Si se acerca la posibilidad de disfrutar vacaciones, quizás después de ellas esté en mejores condiciones para enfrentar ese ritual o hábito, aun cuando haya cambiado de fecha periódica para evaluar resultados, respecto del anterior.

Si lo haces, ahora o en cualquier otro momento, soy proclive a compartirte algunos tips que al menos en mis Balances considero positivos y dignos de compartir. Uno es SER BENIGNO CON UNO MISMO: desde el inicio, no disponernos a castigarnos con rigor y coartar nuestro buen ánimo, disminuyendo posibilidades de crecimiento o desarrollo. Otro tip a tener en cuenta, es considerar desde el inicio del análisis que en el último período NO HUBIERON ERRORES. Aunque sí es seguro que se sucedieron, prefiero desde una primera lectura considerarlos un APRENDIZAJE. Una lección o recomendación. No estoy listando cuánto me equivoqué, sino cuánto aprendí en todas esas oportunidades. O sea, yo mismo torno positiva la construcción del balance y los resultados del mismo.

No son más que consideraciones para que el resultado sea positivo. Ya que no es una exigencia contable del que se derivarán impuestos o exigencias de ese tipo, debo preparar o ayudar para que sea una herramienta optimista en mi desarrollo y crecimiento.

Por tanto, también es posible que esta vez al final del año no haga el Balance y al postergarlo considerar que sólo estoy alterando la fecha del ritual y esperar así la mejor oportunidad para que el resultado sea un verdadero peldaño que permita una mejor visión, superadora de lo que fue, y muestre un camino optimista, positivo en el que la felicidad esté diseñando los senderos. Cual flores, nacidas sólo para el disfrute.

En toda ocasión soy responsable de disfrutar mi felicidad.

 

CARLOS GIL COACH, La Granja, Sierras Chicas de Córdoba, Argentina, 19 de diciembre de 2019

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