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Apasionarse por lo que se hace

A veces no es necesario empezar de cero para encontrarnos con nuestra pasión, sino que podemos convertir lo que hacemos en nuestro sueño. De eso se trata la columna de hoy del Coach de vida Carlos Gil.
viernes, 29 de noviembre de 2019 · 12:58

Trabajar en lo que a uno lo apasiona parece una receta sencilla. Pero no es el único punto de vista para considerar este tema. En esta columna concluiremos que cualquiera sea el trabajo que cumplamos, si voluntariamente ponemos pasión en él, será algo totalmente distinto. Y vale la pena intentarlo.

El día podemos comenzarlo con un despertar a desgano. También la semana tiene como día crítico el lunes puesto que anuncia varios días en que hemos de presentarnos al mismo trabajo. Y como estamos tratando de visualizar aquello que se interpone en el disfrute de la felicidad, cuesta muy poco pensar como que hemos de vivir la vida contando con que en algún momento, en años, dejaremos de trabajar, casi como único cambio posible o programado para dejar este calvario.

Levantarse cada día energizado al máximo, esperar los lunes con la alegría de todo lo que disfrutaremos en una semana, pinta un escenario distinto en que actuar, vivir, resulta un componente necesario del disfrute pleno de la felicidad.

Estar en uno u otro escenario es habernos planteado uno de estos dos puntos de vista. ¿Qué es lo que el trabajo me aporta? y esto me llevará sin dudas al planteo crítico. No siempre encontraremos el trabajo que nos enriquece y miraremos de costado al otro, envidiando al que tiene un trabajo que consideramos lindo. Sin embargo, si nos preguntarnos ¿qué aportamos nosotros al trabajo?, sea cual sea éste, nos llevará a vivir una armonía que remite a la que se vive en un escenario de ballet, en que o todos se lucen, sean protagonistas o parte del coro, o el espectáculo total no termina en aplausos. Importa ser consciente de que con mis actitudes puedo tener para mi mismo uno u otro escenario.  El final no es resultado del trabajo que tengo, es resultante de lo que uno pone en el trabajo.

En los capítulos o columnas anteriores dedicados a la Pasión como tema, le di importancia a descubrir la de cada uno y subrayé los beneficios de poder trabajar en ello. Siendo así, el trabajo no es trabajo. Más allá de la necesaria retribución el sólo hacer lo que a uno le gusta gratifica y remunera en otra especie. Claro que no siempre es posible. Más fácil será si uno mismo es el emprendedor o autoempleado, pero totalmente difícil –aunque no imposible- si uno debe buscar en el mercado laboral el nicho que pudiera corresponderse con la pasión. Más de una vez debemos trabajar en algo que satisface en lo elemental nuestra ecuación producción – ingresos, pero que no fue orientado a pleno por la pasión. Estos son los casos en que puedo disponerme a poner pasión en cómo hago ese trabajo que obtuve. Puedo trabajar en forma correcta o también hacerlo del mejor modo posible, de esa forma que supera incluso lo que se me ha solicitado. Aporto iniciativas, mejoro la forma de hacerlo, me estimulo desde antes de llegar, aporto una ola de entusiasmo en compañeros y jefes. Me pregunto cada día con qué voy a sorprender a jefes y compañeros alejando la rutina y mejorando el resultado. Y decido que puedo hacer las cosas tan bien que nadie podrá pasarlo por alto. Me destaco. Nadie lo ignorará.

Y eso que sucede en un trabajo que ya tengo, puede ser lo que pasa en el proceso de buscar, encontrar y ganar un puesto laboral. Nada impide que desde un comienzo deje en claro mis disposición a ponerle pasión en el cargo antes que esperar la orden, cumplirla a reglamento y volver a casa. En este cambio de Era que estamos conociendo, es cada vez menos importante la meritocracia. Hasta ahora, para obtener un puesto laboral  había que centrarse en la redacción del curriculum acumulando títulos y experiencias, había que encontrar  algún contacto que nos presente y con ello la fórmula estaba completa. Hoy se produce con más frecuencia el no ingreso por estar sobrecalificado –nos pasamos en el curriculum vitae-, a la par que nos enteramos que se incorpora a alguien que no demuestra lo mismo, sino que posee hasta menos antecedentes. Pasa que a las necesidades del reclutador, impactó más la pasión que preanuncia aportes ni siquiera visualizados ahora, que el modelo construido en anteriores desempeños.

Mi caso personal:  en casi todas mis ubicaciones laborales decidí yo como futuro empleado el ingreso, antes que tomara decisión el empleador como convocante. ¿Cómo fue eso?: Puse pasión antes de entrar. Fui a las entrevistas con una investigación iniciada, sabía dónde estaba. Y hasta llegué a ofrecer una propuesta inicial sin retribución. En uno de los casos elaboré durante un mes un estudio de mercado y una propuesta sin cobrar por ello. Sabía que habrían de darme el puesto, no podrían ignorarme Con los honorarios de los 30 años que trabajé ahí recuperé sin dudas lo que me hubiera correspondido. Hice las cosas bien, con tanto entusiasmo, con tanta pasión que no podrían dejar de tenerme en cuenta y ni dejar de incorporarme. El método me resultó tan acertado que en las cinco reinvenciones totales que viví, lo laboral tuvo ese comienzo. En la última, con el primer empresario que acompañé como Coach sucedió lo mismo. Aunque hacen de ello once años, conservo aún el envase metálico que contenía la botella de bebida importante con que expresó en ese momento su agradecimiento pues me negué a cobrarle. Al día siguiente ya me llamó, presentado por él, quien sería mi primer cliente arancelado. Y él  mismo, el cliente original a quien acompañé entusiasmado, con pasión y sin cobrarle, pasó a ser durante cuatro años un cliente incluido en mi satisfactoria cartera. Simplemente, había puesto pasión en aquello que estaba iniciando como trabajo.

Dar vuelta la lectura, tener otro punto de vista es nuevamente útil. No se trata de ver en una elección laboral qué es lo que el trabajo me aporta: ingresos, status, reconocimiento. Sino más bien se trata de ver qué es lo que nosotros podemos aportar al trabajo. Y tratar de hacerlo con entusiasmo, apasionándonos por ello.

Es éste otro campo en que se evidencia la importancia de hacer nosotros nuestra felicidad. Que seguramente no está en lo último adquirido o logrado, sino en cómo transitamos el camino. Si nos apasionamos por lo que hacemos, sea lo que sea, lo más importante está dado.    

 

CARLOS GIL COACH, La Granja, Sierras Chicas de Córdoba, Argentina, 29 de noviembre de 2019.

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