Nuestro cuerpo se comunica a través de metáforas.
Para continuar, suscribite a Tiempo de San Juan. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.
SUSCRIBITENuestro cuerpo se comunica a través de metáforas.
¿Qué significa esto? Que el mensaje no se "ve" a simple vista. La metáfora tiene poder poético y entonces habla a partir de las relaciones. ¿Con qué puedo relacionar este dolor?
Tortícolis: no puedo mirar atrás. ¿Qué es lo que no quiero/no puedo ver? Metafórico y literal.
Por ejemplo, tengo problemas en las rodillas, ¿para qué sirven mis rodillas, cuál es su función? Para arrodillarse, ah! la humildad. Yo me arrodillo o no me arrodillo ¿ante quién? También me sirven para moverme, entonces, ¿estoy cómoda hoy? ¿Hacia dónde estoy yendo? Tengo problemas en una articulación, ¿para qué sirven las articulaciones? Nos permiten adaptarnos a los cambios, ¿me estaré volviendo muy rígida?
Si tengo problemas digestivos debería preguntarme ¿qué es lo que no digiero? ¿qué es lo que no “trago”?
Como verán, no es tan complejo, sólo hay que estar atentos y poder analizar con total sinceridad.
Podemos salirnos de la idea que es una ENFERMEDAD y que la cura es solo algo externo y no nos pertenece, y podemos ver que está en nuestras manos el re equilibrio, en la totalidad, podemos recibirlo y “actuarlo”. Bienvenido dolor, ¿qué mensaje me traes?
“La costumbre nos teje telarañas en las pupilas”, dijo Oliverio Girondo, gran poeta argentino.
A veces, cuando una vieja costumbre no nos sirve más, el cuerpo advierte que es hora de dejarla, y en su sabiduría, nos avisa con un “síntoma”. Muchas veces acallamos ese síntoma con calmantes o a veces hasta ni siquiera nos damos cuenta, por distraídos o por contraídos.
Problemas posturales: la postura es un modo de enfrentar el mundo
La etiopatía es una terapia que busca el origen de la que llamamos enfermedad, sus causas. La idea es aceptar, percibir la advertencia vital que nos da nuestro cuerpo para ir a buscar qué fue lo que desencadenó esta “disfunción” y “desenganchar” el malestar que lo produjo, desde el origen.
No siempre es el evento, sino cómo yo tomo el evento. Podemos sentirnos atacados y no hay tal peligro, pero lo vivimos como tal. Un sistema de creencias nos lleva a eso. El mismo evento puede ser tomado en modo diferente por distintas personas.
El sistema linfático, es un sistema de defensa, cuando se hinchan las piernas, ¿a quién quisiéramos patear? ¿De qué necesitamos defendernos?
Disimular, tapar, esconder, en esta “civilización” que vivimos es muy común. Porque aprendemos una sobre-estructura artificial de juicios de valores, que puede alejarnos de nuestras pulsiones originarias.
Cuando somos niños, libres, conectados, múltiples, y espontáneos, sin juicios de valor agregados, reaccionamos ante un estímulo o estado de ánimo. Si estamos entusiasmados, saltamos de alegría, si algo nos duele, lloramos o nos quejamos. Permitimos el tránsito de la emoción.
Una falsa idea de respeto se mezcla con el verdadero respeto, por uno mismo y por el otro y por la comunidad. Aprendemos a ocultar. Aprendemos que respeto es "no decir", por ejemplo. Los dobles discursos generan campos enrarecidos. Quién recibe esta doble información debe generar un exceso para interpretar ese mensaje ambiguo. Generalmente produciendo cáncer, que es una reproducción ilimitada de las células, más allá de lo necesario. Es respeto decir la verdad. Respeto por el otro, por mi y por la comunidad.
Los dobles discursos generan campos enrarecidos.
Así nos alejamos de nuestras pulsiones o verdades y a veces hasta nos confundimos y ya no sabemos ni qué queremos. Moldeados, modelados condicionados por un precepto, moda, o costumbre.
Aprendemos a tener vergüenza, culpa, apuro y obligaciones ineludibles.
Y así empezamos a utilizar nuestro cuerpo.
El ángulo recto en nuestras vidas es peligrosísimo, porque al sentarnos siempre en sillas, subir las escaleras con escalones todos iguales, nos llevan a estar en la mente, entre el pasado y el futuro y no en el presente, atentos , despiertos.
Y así vamos perdiendo variedad en nuestros movimientos, no hacemos otros tipos de movimientos libres y alternativos.

Al alejarnos de la naturaleza no hacemos esfuerzos como cortar leña, recoger frutas, entonces no me agacho, no me estiro, etc. Tenemos todo resuelto con perillas para encender y apagar, digitalizado, y así atrofiamos ciertas posibilidades.
Y en eso entra la mente: tengo sueño pero no me permito dormir, me pica pero no me rasco, etc.
Y al mismo tiempo dejamos de vivir el espacio poético de nuestro cuerpo. Adoptamos una batería de movimientos reducidos.
Lo que hacíamos de niños, el baile, las acciones “inconducentes” pero espontáneas, libres de juicio, permitían a nuestro cuerpo reequilibrarse, manteniendo la multiplicidad. Permitiendo a la sabiduría del cuerpo de manifestarse. ES FUNDAMENTAL para permitir el tránsito de aquello que se traba y no fluye libremente y distendidamente.
El cuerpo no es solo un objeto utilitario, un transporte, sino fuente de sabiduría ancestral. Por eso el niño, grita, suspira, canta, deja salir la voz.
Pero crecemos.
¿Qué hace usted con sus pulsiones, con sus impulsos? ¿Le duele algo? ¿Cuál sería el “pedido" de ese dolor? ¿Qué acciones me dificulta? ¿Qué relaciones tiene con otras partes del cuerpo y con el todo en mi vida? ¿Es una invitación a modificar algo?
¿Qué significa celebrar y vivir mi cuerpo y cada célula? ¿Cuál es mi danza interna? ¿Puedo todavía bailar? ¿Permitir ese otro lenguaje de manifestarse? ¿Cómo dibujaría o escribiría todo eso que hay en ese dolor?
Si nunca lo hizo, basta tomar una birome y un papel.
¿Le duele el codo? Busque un espacio-tiempo libre de juicio e invite a su codo a ”hacerle” la danza del codo, déjelo moverse y observe, permita que le sorprenda y que le comunique en ese otro lenguaje. Es una manera de invitar a la metáfora a desarrollarse, a manifestarse y así poder transitar, metamorfizarse, para recuperar el libre fluir.
