Por Michel Zeghaib
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Si bien fue una de las épocas más oscuras de la historia argentina –desde 1976 un golpe militar se había apoderado de ella– aun así, el año 1978 –en lo deportivo– fue uno de esos años que dejaría destellos de luz en medio de esa oscuridad. Además de los dos campeonatos del mundo ganados –el de fútbol en el mes de junio, y el de hockey sobre patines en el mes de noviembre– que quedarán por siempre en la memoria de los argentinos, también (aunque fue sólo un partido amistoso), los sanjuaninos de aquellas épocas recordarán por mucho tiempo la llegada de Los Pumas a la provincia, con un equipo conformado por algunos jugadores que comenzaban a tener renombre.
LOS PROTAGONISTAS
Los Pumas:
A. Cappelletti,
R. Madero,
Sanguinetti,
M. Loffreda,
Hugo Porta (C),
Morgan,
A. Cubelli,
R. Landajo,
T. Petersen,
Negri,
Paz,
G. Travaglini,
Travaglini,
Escalona Serioni,
Ventura,
Voltán
Seleccionado Sanjuanino:
A. Oro;
E. Lafalla,
R. Herce,
E. Güerci,
O. Sosa,
Harrington,
Rizzato,
Sylvestre,
Avelín
Bouyssi,
Becich
Roqueiro,
Usín,
J. Terrera,
M. Godoy (C),
M. Vega,
G. Maurin,
I. Echegaray,
R. Castro,
C. Quiroga,
J. Ceno,
N. Raffaelle,
A. Diez.
LA CASA DEL RUGBY
Después de los pasos protocolares que se realizan en todo acto de inauguración –cantar el Himno Nacional, por ejemplo–, se realizó algo muy llamativo y simbólico: se plantó un árbol como signo del crecimiento del rugby en la provincia. Hacía ya 50 años que este deporte realizaba sus actividades, y, el árbol plantado, signo de vida y permanencia, venía a expresar el tiempo transcurrido, además de los deseos de seguir permaneciendo y creciendo.
Los encargados de plantar el árbol fueron dos figuras muy importantes del rugby local de aquellos años: don Germnán Dates –ex presidente de la USR– y don Carlos Herce. Junto a ello, fueron miles los jugadores y seguidores del rugby que quedaban, también, representados y conmemorados en ese simbólico árbol.
Una vez que el entonces vicepresidente de la UAR, don Eric Kember cortara la cinta, la gente comenzó a agolparse para entrar, y así, matar la curiosidad de conocer el flamante lugar donde, desde ese momento, se reuniría la comisión directiva de la Unión.

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