RINCONCITOS SANJUANINOS

El “ladrón de canal”, un ícono bajo tierra – Por Gustavo Martínez

La casona donde funciona la fábrica fideera Yanzón es un viaje en el tiempo y atesora desde 1879 elementos históricos al alcance de la mano. Desde la caja fuerte en la que guardaban el azafrán hasta las máquinas que aún usan y la obra hidráulica artesanal que funcionaba junto al molino para hacer los fideos.
viernes, 31 de agosto de 2012 · 14:56

Por Gustavo Martínez Puga
gmartinezpuga@tiempodesanjuan.com

La escritura fechada el 13 de julio de 1908, ubica a la propiedad de la siguiente manera: “(...) en el departamento de Trinidad, distante como a 1.000 metros al sudoeste de la plaza 25 de Mayo, consta de un ladrón de canal de unos 2 metros de ancho…”. Ese “ladrón de canal” al que refiere el documento no es otra cosa que una obra hidráulica artesanal que permitía desviar el agua del canal entubado a mano con piedras, ladrillos y madera para hacerla pasar por el molino con el que producían harina, la materia prima de los fideos. Esa propiedad, la fábrica de fideos Yanzón, hoy sigue llamando la atención de los sanjuaninos. Es que su construcción de antaño quedó en medio de la Ciudad, sobrevivió al terremoto de 1944, a las máquinas topadoras que estuvieron a punto de derrumbarla “por vieja” y a los distintos procesos de quiebra de la fábrica de fideos secos que aún hoy sigue produciendo como lo hacía desde, al menos, 1879.

La construcción, ubicada sobre calle Mariano Moreno entre Entre Ríos y Mendoza, es uno de los muy pocos edificios que corta la cuadrícula de la Ciudad: la calle Entre Ríos se interrumpe en el portón de entrada de la fábrica y continúa en la parte posterior.

Un verdadero milagro arquitectónico si se tiene en la memoria las épocas de la Reconstrucción de San Juan, post terremoto del ´44, cuando las topadoras de la Revolución Libertadora encuadraron las manzanas por la fuerza. Pero esa no fue la única vez que una topadora amenazó con arrasar con la historia, ya que en los ´90 también llegaron a tener las máquinas paradas a metros de los viejos paredones, esperando una orden para demoler.

“Parece que a los vecinos o la gente del gobierno les molestaba ver una construcción de tantos años. Afortunadamente hubo gente de la subsecretaría de Cultura de este gobierno que entendieron lo que es el patrimonio histórico y pusieron este edificio, creo que con el mismo proyecto del Hospital Rawson, para declararlo patrimonio cultural y evitar que lo derriben por su aspecto”, comentó María Eugenia Millán. Esta joven, junto a su hermano Juan, son hijos de Félix Millán, el actual dueño de la fábrica de fideos secos Yanzón, cuya marca cumplirá 100 años en el 2013.

Sin embargo, hay antecedentes que en ese lugar funciona una fábrica de fideos y harina de trigo desde, por lo menos, noviembre de 1879. Las escrituras dicen que hasta ese año el lugar era propiedad de Dominga Quiroga de Ramírez.

En el medio, la casona resistió varias quiebras, pero nunca dejó de fabricar harina y fideos: esta mujer le debía dinero a José A. Moreno, como no podía pagarle, le terminó dejando la fábrica en forma de pago. En 1908 Moreno se la vendió a Alfonso Canónico, quien era propietario de otra fábrica de fideos de la provincia. Y Canónico se la vendió a José Antonio Yanzón, en dos partes: primero el ala Oeste, donde estaba el “ladrón del canal” y el molino y luego el ala Este, que se usaba como depósito. Desde ese momento la fábrica saca los fideos secos (finos, entrefinos, cabellos de ángel, moñitas) con la marca Yanzón.

Recién en 1987 la fábrica fue adquirida por Félix Millán. “Mi padre venía de familia de agricultores de Pocito. Como a él no le gustaba trabajar la tierra, era camionero. Hacía viajes para esta fábrica. Con los años, empezaron a tener problemas económicos. Y un día le ofrecieron a mi padre pagarle la deuda que tenían con él con la parte donde estaba el molino. Mi padre aceptó. Y a los empleados les dejaron la fábrica de fideos. Después, con el tiempo, mi padre le compró esa parte a los empleados y ahora es el único propietario”, explicó María Eugenia Millán.

Hoy en día en la fábrica trabaja una veintena de empleados y es un desfile diario de almaceneros comprando harina y fideos secos. En su interior, el edificio tiene decorada sus paredes con cuadros de la fábrica en sus inicios y de sus fundadores. Y guardan elementos valiosos para su historia, como la caja fuerte en la que custodiaban el azafrán para los fideos, cuyas dosis eran celosamente proporcionadas por las manos del dueño.

Contingentes de escuelas primarias y secundarias tienen turnos sacados para conocer las instalaciones en las que aún hoy sobreviven las viejas ventanas y puertas de madera que son originales de la casona, como también el piso de parqué en las oficinas y de ladrillos trabados en la fábrica.

El viejo molino que funcionaba con el agua ya está en desuso. Lo que sí siguen funcionando son las viejas máquinas con las que fabrican los fideos secos. Y, como un guardián de la historia, aún está vigente el “ladrón del canal” que consta en las escrituras.

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