Por Michel Zeghaib
Para continuar, suscribite a Tiempo de San Juan. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.
SUSCRIBITEPor Michel Zeghaib
La trágica presunción, sospechada pero silenciada, se confirmaba. El helicóptero se había estrellado y sus cuatro ocupantes habían muerto en el acto. Durante la búsqueda nadie desistía de guardar la somera idea de encontrarlos con vida. Diversos momentos del rastrillaje hacían pensar esta posibilidad que, finalmente, no se confirmó.
Volaban a unos 200 kilómetros por hora. Según las crónicas periodísticas del momento, Licciardi había sido sorprendido por una turbulencia severa, que lo puso de cara a una feroz lucha contra el furor de la naturaleza. La prueba estaba en algunos toques, en el sector lateral posterior, que el pájaro de metal había tenido contra el cerro, dejándolo marcado con parte de su pintura roja y blanca. Luego vino un toque más fuerte rompiendo el estabilizador, aunque esto no le impidió seguir volando unos 200 metros más. Intentó levantar la nariz, pero la cola tocó el terreno, rompió el motor y la máquina quedó ingobernable.
Había un surco en el suelo, marcado por la cola. El helicóptero siguió hacia una depresión y, posiblemente, en otro desesperado intento, Licciardi intentó evitar una caída de punta. Pero el choque fue tan violento que lo aplastó y luego volcó de costado. La cabina estaba destruida. El tiempo se había detenido. Los relojes de las víctimas daban la hora del accidente: 9:15hs, de 01 de mayo. La muerte fue súbita. Salvo uno de los ocupantes que permaneció en el helicóptero, los otros tres habían sido despedidos hasta unos 20 metros de distancia de donde enclavó el aparato, incluso, con restos de sus butacas incrustadas en el cuerpo.
A las 8:45hs del 04 de mayo, los Lamas del escuadrón de la IV Brigada Aérea encontraban el helicóptero que se había extraviado tres días antes, al este del Cerro Blanco. Los cuatro hombres que viajaban en él habían fallecido. Cinco horas después de haberlos encontrado, los cuerpos eran trasladados al Helipuerto de la X Agrupación San Juan de Gendarmería Nacional. Desde allí se dirigieron a la Morgue Judicial del Hospital Marcial Quiroga.
Frenética búsqueda
El mes de mayo comenzaba con una tragedia que nadie jamás olvidaría. Los ocupantes del helicóptero Esquilo HB350 matrícula LV-AZX, iba a realizar un viaje desde el aeródromo de Pocito hacia la localidad de Barreal. La hora de partida fue a las 9:15hs, ¿curiosidades del destino?, ya que fue la misma hora que marcaban los relojes indicando el momento de la muerte. Después de algunas horas, comenzó a alarmar la falta de señales. Ni la aeronave, ni sus tripulantes daban signos de vida.
Los viajantes eran: Juan José Licciardi; acompañado por Pedro Antonio Gallardo, entonces Jefe del Aeropuerto; Jorge Carlos Coll, Subsecretario de la Gobernación; y el empresario Jorge Enrique Estornell. El destino: la pista del aeroclub del departamento de Calingasta. El vuelo, que debía demorar unos 40 minutos para cubrir los 120 kilómetros de distancia que debían recorrer, atravesando la precordillera zondina, tenía como objetivo, y así lo relatan los medios de la época, verificar el estado de la estructura aérea en la localidad de Barreal para habilitarla oficialmente para poder mantener una fluida comunicación con aquel departamento.
El helicóptero, al parecer, había partido con un 75% de combustible para dos horas y media, a tres, de autonomía de vuelo. Aún así, nunca llegarían a destino quedando en una irresuelta incertidumbre la ruta seguida por los tripulantes. Algunos daban testimonio de haber visto el helicóptero de la gobernación sobrevolando en las inmediaciones de Agua Pinto, ubicado en la precordillera sanjuanina cercano a Barreal, pero nada quedó seguro.
Los operativos de rescate comenzaron el día siguiente, el 02 de mayo, con una tremenda intensidad. Por tierra y aire se desplegaba una búsqueda frenética. La locura y la ansiedad empezaban a tomar cada vez más protagonismo, al mismo tiempo que un solapado espíritu de optimismo crecía con fuerza a medida que avanzaban los minutos. Durante todo el día, los trabajos de rastrillaje fueron realizados sin pausa. Aviones de Aeronáutica, Lamas de la Fuerza Aérea Argentina venidos desde Mendoza, además de motocross y las míticas guanaqueras y algunos vehículos de las empresas de Jorge Estornell, formaban parte del equipamiento de rescate. El despliegue fue espectacular y de dimensiones poco vistas en la provincia. Todos se involucraron en el rastrillaje de diversas áreas, incluso en zonas como El Palque, región vecina a Pachaco, donde se conjeturaba que el helicóptero no había sobrevolado.
El rastrillaje terrestre estuvo coordinado por Carlos Sambrizzi, entonces Ministro de Gobierno y Acción Social e Ignacio Blas Suárez, Secretario de la Gobernación. El aéreo fue comandado por Oscar Mario Crippa, de la Brigada Lama perteneciente a la IV Brigada Aérea con asiento en la localidad mendocina de El Plumerillo y, finalmente, Luis Alberto De Marcci, oriundo de la Provincia de Córdoba.
En una conferencia de prensa dada el 03 de mayo, dos días después de la desaparición, a las 18:30hs, el gobierno de la provincia y la fuerza aérea daban cuenta de que hasta ese momento no habían conseguido dar con ellos. El comunicado decía que habían perdido contacto con el helicóptero que había partido del hangar del aeroclub de Pocito el 01 de mayo con dirección a Barreal comandado por Licciardi y acompañado por Gallardo, Coll y Estornell; que, en la búsqueda habían sobrevolado posibles lugares donde estarían, y que, a pesar de reuniones y patrullajes terrestres, no habían establecido contacto alguno, pero que seguirán buscando.
Presunciones optimistas
Motivados por la desesperada intensión de encontrarlos, aparecieron en la escena del rastrillaje personajes particulares que tomaron un gran protagonismo ya que sus aportes sirvieron en varias ocasiones como brújula respecto de los posibles lugares de exploración. Una mujer vidente, por ejemplo, alentaba la posibilidad de que estuvieran en la zona de El Palque, o quizá cerca de Pachaco, o tal vez en esas inmediaciones. Sus visiones hicieron que un grupo de rescate tomara la decisión de realizar el barrido aéreo y terrestre de aquellos lugares, aunque con resultados negativos.
Por otro lado, el famoso radiestesista (ver recuadro) Roque Sayas, aseguraba que estaban vivos. Sayas aportaba su cuota de optimismo a través de una ciencia discutida, pero que en un momento como aquel, nadie discutía su validez o autenticidad. La necesidad de encontrar con vida a los cuatro jinetes del aire hacía deponer toda posible discusión de verosimilitud respecto de los métodos de búsqueda. Lo que importaba era encontrarlos, sea como sea, pero había que encontrarlos, y con vida.
Sayas, a través de un péndulo que se balanceaba sobre un mapa de San Juan, señalaba los posibles lugares en que se encontraban. Por medio del giro de los péndulos sobre fotos de los ocupantes esbozaba un cálculo alentador. Su pronóstico fue: ¡están con vida!, aunque tres de ellos están heridos. Más aún, Sayas estimaba que Gallardo se había separado del resto y habría caminado en búsqueda de auxilio. Pero, ¿dónde estaba, según Sayas, el helicóptero? Estaba a 30 km al sur de Barreal, entre la pampa de El Leoncito y la estancia del Yalguará, a poca distancia de la ruta que une Calingasta con Uspallata (Mendoza). Y hacia allá sobrevolaron los Lamas. El resultado, también negativo.
Había que agarrarse de algo. Todo lo vivido suponía un escenario semejante al de aquel agosto del año 1987 cuando el piloto Walter Gallardo, junto a dos personas más, protagonizaba un hecho de características similares, piloteando el helicóptero de la gobernación hacia la estación nivometeorológica de El Pachón, en plena cordillera de Los Andes. Durante el viaje se accidentaron, y en esas cosas del destino, era Licciardi el que lo socorría salvándoles la vida. En esos momentos de aquel año ´87, todos rogaban que terminara igual. Pero esta vez el final fue otro.
Radiestesia
La radiestesia o rabdomancia es una actividad pseudocientífica que se basa en la afirmación de que los estímulos eléctricos, electromagnéticos, magnetismos y radiaciones de un cuerpo emisor pueden ser percibidos y, en ocasiones, manejados por una persona por medio de artefactos sencillos mantenidos en suspensión inestable como un péndulo, varillas “L”, o una horquilla que amplifican la capacidad de magneto-recepción del ser humano. Fuente: Wikipedia).
LOS CUATRO JINETES DEL AIRE
José Juan Licciardi
Piloteaba aviones desde su adolescencia, era el piloto con más experiencia en la provincia y su trayectoria le había permitido llegar al cargo de director de Aeronáutica de San Juan. Había participado en cientos de operativos de rescate de pobladores, deportistas y accidentados. Tras la tragedia, su hijo le hizo un juicio al Estado y lo ganó por 200.000 dólares.
Pedro Gallardo
Retirado de la Fuerza Aérea Argentina, llevaba varios años como máxima autoridad en distintos aeropuertos del país. A las Chacritas había llegado en 1987 y, ese día de la tragedia, cumplía sus tres años como jefe del Aeropuerto San Juan.
Jorge Coll
Era de unos los hombres de más confianza del ex gobernador Gómez Centurión, de quien además era su primo hermano. Llevaba apenas un mes cumpliendo su tarea de Subsecretario de la Gobernación. Coll también era identificado en su faceta empresaria, como propietario de las reconocidas farmacias Sabín y San Martín.¬
Jorge Estornell
Hijo de empresario. Había heredado el negocio de los cines en San Juan. Llevó adelante una de las construcciones más importantes de la provincia como es la famosa Galería Estornell. Luego comenzó a ampliar su actividad comercial dedicándose a la producción vitivinícola y abrió el mercado del mosto. Fue el fundador de Canal 8 y el Primer Supermercado.
LA UBICACIÓN
El helicóptero fue encontrado más cerca de Barreal que de Pocito, en la hondonada del cerro El Buitre, a 3.350 de altura sobre el nivel del mar. El lugar es donde nace el cordón de El Espinacito, en las sierras de El Tontal. La búsqueda de la nave perdida fue realizada a varios kilómetros al Oeste de esa zona. Los rastrillajes se hacían de día y de noche, por aire y por tierra, y la zona donde estaba la nave, si bien era visible por tratarse de una falda gigante del cerro, era de muy difícil acceso y sólo se podía llegar a pie o en mula.

video