ver más

domingo 22 de marzo de 2026

Columna

Guardianes de la Justicia Social

Una invitación: repensar la esfera del Estado y lo público. Nos abrió la puerta el Papa Francisco, el argentino más lúcido.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Eduardo Camus

El viernes de la semana pasada, en el marco de la décima edición del Congreso Provincial y Nacional de Políticas Públicas que organiza la agrupación estudiantil Creando, Juan Grabois visitó nuestra provincia y dejó una serie de definiciones y conceptos que suponen desafíos. No solo porque implica la reflexión y el debate, es también un llamado a la acción. Igual que en las ediciones de años anteriores son los estudiantes quienes impulsaron y movilizaron este encuentro, convocando a toda la comunidad universitaria: alumnos, docentes, egresados, personal no docente, gremios, profesionales y autoridades. Además, permite que la Universidad se abra al pueblo de San Juan para que, en conjunto, se pueda pensar en políticas públicas.

Sin embargo, como suele suceder, no faltaron las críticas de aquellos que consideran que la universidad no es el espacio adecuado para estos debates. ¿Acaso existe un lugar mejor que la universidad para discutir lo público? Curiosamente, son los mismos que siempre acusan a la juventud de no involucrarse, de no comprometerse. Pero cuando la misma juventud organiza un congreso de esta magnitud, se les reprocha por "politizar". Como si la realidad no estuviera intrínsecamente ligada a la política.

No hay que perder de vista lo esencial: la política nos atraviesa a todos. Es importante tener convicciones a las que aferrarse, no hay que caer en especulaciones o desánimos, no hay que ceder frente a quienes desean, porque les conviene, que la política sea un ámbito oscuro y exclusivo. Nosotros creemos en la pluralidad de voces y en la democratización en la toma de decisiones. Tenemos la responsabilidad de aportar ideas, de dirigir esfuerzos y compromisos frente a intereses mezquinos.

En esos días, en paralelo a la visita de Juan, se celebraba el 10º Encuentro de Movimientos sociales con el Papa Francisco, una feliz coincidencia. Esta reunión generó muchos comentarios, aunque no creo que se le haya dado la debida atención. Los movimientos sociales han sido fundamentales en la conquista de derechos. Desde la defensa laboral hasta la lucha por la igualdad de género o la protección del medio ambiente. Me emocioné cuando vi que, los siempre considerados bárbaros o los peores como escribe Grabois en su libro, copaban Roma. Al menos por un rato, el máximo símbolo de la denominada civilización, de la cultura occidental abrazaba la barbarie. Pastores con olor a ovejas, políticos con olor a pueblo. Es por ahí.

El Papa Francisco no solo alienta a los movimientos sociales a ser los motores de cambio de la historia, él mismo forma parte de este motor. Nuestra historia, la historia de los trabajadores y de nuestro pueblo, no puede ni debe ser olvidada. No nos la van a arrebatar, está en nuestro ADN y define nuestra identidad. Son siglos de luchas y de vidas que se han consagrado por nuestra emancipación y nuestra dignidad.

Sin pretender ser un exegeta de Francisco ni hacer un análisis profundo de su mensaje, compartimos su preocupación por la acumulación y la avaricia desmedida de unos pocos. Nos inquieta la concentración desmesurada de riquezas frente a tantos pobres porque entendemos que deshumaniza y destruye la vida en comunidad. El verdadero problema está en cómo resolvemos la falta de límites a esta codicia del siglo XXI, esta discusión fue central en el último encuentro de la CONAPPU y en los congresos que venimos participando.

El concepto de Políticas Públicas parece de otro siglo, y en cierto modo lo es. Lo público, el concepto de lo público atraviesa una profunda crisis. El Estado ya no se sostiene en el monopolio de la fe, las armas o las riquezas. La propia idea de Estado-Nación parece haber perdido vigencia en esta era digital. Esta nueva etapa del capitalismo es más voraz que nunca: acelera la ruptura de lo común. Pasamos horas conectados, pero es una ilusión de conexión, en rigor, se termina viviendo una vida líquida que se escurre entre "likes" en las redes sociales, anhelando realidades que no son las nuestras, que son espejismos en el desierto. Es probable que interactuemos más con personas de otras partes del mundo que con nuestros propios vecinos. No se trata de ser conservador y apelar a la nostalgia del pasado sino una reflexión sobre el tiempo histórico que nos toca vivir y el futuro por venir.

En este contexto, hoy más que nunca es necesario profundizar los debates sobre lo público. Se ha marcado la necesidad de políticas concretas, cercanas a la realidad y necesidad de nuestro pueblo. Es falso que los defensores del libre mercado no quieran el Estado; es que lo quieren para su propio beneficio. Utilizan al Estado para obtener recursos, subsidios y exenciones impositivas, pero no quieren que proteja a los trabajadores ni que promueva la igualdad de oportunidades. La sola idea de Justicia Social les resulta aberrante. Detrás de esto hay una lógica deshumanizante que destruye lo común. Las campañas de deslegitimación del Estado son, en el fondo, campañas en nuestra contra. En contra de lo común, de lo que es de todos: nuestros derechos, nuestros bienes, nuestros recursos, todo lo que hemos conquistado como pueblo.

Sin derechos, sin educación de calidad, sin salud o trabajo, sin la posibilidad de una vivienda digna, la democracia se convierte en una cáscara vacía, en un sin sentido.

Es deber de todo dirigente, militante y ciudadano comprometido poner el Estado al servicio de políticas públicas, para que garantice el desarrollo pleno de las personas en comunidad. Por eso, nos sentimos orgullosos de sostener desde hace 10 años el Congreso de Políticas Públicas en la provincia. Es una invitación a planificar para actuar, a pensar para transformar la realidad, y un espacio colectivo para aprender de las luchas, los errores y los aciertos. Este encuentro es una búsqueda constante para desentrañar el pasado, analizar el presente y tender puentes hacia el futuro, el futuro en común

Venimos de la segunda manifestación masiva en defensa de la Universidad Pública. Una vez más el pueblo ha salido a las calles a expresarse en contra del ataque sistemático del gobierno de Milei a la educación pública y a la Universidad Argentina, orgullo de nuestra patria. Nuestra universidad es un ejemplo de cómo las políticas públicas pueden transformar la vida de nuestras familias. El Papa Francisco nos advierte: "Si no hay políticas, buenas políticas, políticas racionales y equitativas que afiancen la Justicia Social para que todos tengan tierra, techo, trabajo, un salario justo y los derechos sociales adecuados, la lógica del descarte material y humano se va a extender, dejando a su paso violencia y desolación".

Se requiere de gran maldad para oponerse a que los niños coman, es de una mezquindad enorme para negarle a una familia la posibilidad de tener un terreno para construir su hogar y que sus hijos puedan ir a la universidad; y es de una perversidad extrema celebrar que un jubilado no pueda comprarse sus medicamentos. Un futuro más justo es aquel en el que se satisfacen las necesidades básicas de todas las personas y se protege el medio ambiente en el que viven. De eso hablamos cuando nos referimos a la Justicia Social: proteger lo común, lo que es de todos, y dejar un mundo mejor del que recibimos.

Al final, lo que está en juego es la vida misma: la nuestra, la de todos. Ante los ataques, las provocaciones y las injusticias, no podemos quedarnos quietos ni resignarse en la indiferencia. Tampoco asumir el papel de víctimas. No hay lugar para la cobardía ni tiempo para escondernos. Asumimos el compromiso de ser los guardianes de la justicia social. Es momento de mostrar los dientes, de demostrar que no hemos sido vencidos, y de seguir construyendo una Patria más humana.

Temas
Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar