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domingo 22 de marzo de 2026

Columna

Civilización y barbarie, una mirada no porteña de la realidad

Recuperar a Sarmiento, salir de la cancelación y huir de la política aséptica, para pensar la argentinidad de los tiempos que corren. Un país neurótico, donde no hay certezas, pero la esperanza aún no se pierde.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Eduardo Camus

En la era de la inteligencia artificial y de las respuestas inmediatas de Google, pareciera que no hay lugar a la duda, a la sorpresa, ni a desafiar la hegemonía establecida por los dueños de las cosas y de los deseos. Es un tiempo brutal, salvaje, en el que no hay posibilidad de síntesis. Los que anuncian el progreso y los miles que lo quieren pero no llega.

Empieza el tercer mes en el cual escribo para Tiempo de San Juan. Esto comenzó por la necesidad de expresarme ante la "pandemia anarco-capitalista", y la verdad es que tengo que agradecer a quienes han permitido, ayudado y sido parte de distintas maneras para que haya una voz más, entre tantas, en un contexto en el cual el gobierno nacional, dirigido por los hermanos Milei, quiere callar, amedrentar y disciplinar a quienes nos oponemos a la crueldad del régimen.

Hasta ahora ha sido un grato y difícil desafío. No me ha sido fácil intentar ordenar los pensamientos y emociones de estos días para ponerlos en palabras con el fin de que sean compartidas, palabras como el hecho colectivo por excelencia. He recibido buenos comentarios, alientos y también críticas; todos son bienvenidos. Todo es mejor que el silencio. Si estas columnas sirven para generar charlas, debates, discusiones sobre la realidad que nos toca vivir, están cumpliendo su objetivo.

Me preguntaron si escribo como político, y la verdad es que no. Sin negar mi condición como tal, y mucho menos mi identidad e ideología peronista, ni mi militancia en el Frente Patria Grande conducido por Juan Grabois, no pretendo escribir como político. Estos renglones no son un folleto partidario ni propuestas para un futuro gobierno peronista. Para eso está la calle, el partido, las unidades básicas, las asambleas barriales y las reuniones con compañeros, donde siempre surgen distintas propuestas y acciones para desarrollar nuestra tarea militante. Está por demás decir que tampoco pretendo escribir como un analista, periodista o jurista que desarrolla algún tema.

Solo presumo mi condición de argentino y, como tal, escribo lo que siento, pienso, sobre todo, de algunos de los problemas que nos aquejan. Escribo desde el dolor y la impotencia de estar viviendo como todo lo bueno (derechos, conquistas colectivas hasta el ser solidario) quieren convertirlo en un curro. No sé qué decir al escuchar al Presidente decir “los que fugan son héroes”, inefable. Hay que estar muy marchito de cuerpo y alma para sostener algo así, sabiendo el daño que le genera al pueblo. Mientras algunos pocos saquean, la mayoría está desesperada por pagar la luz. Una nota de Tiempo de San Juan reveló que casi el 90% de los sanjuaninos que vendieron sus joyas lo hizo para pagar la luz. Durante abril, joyerías confirmaron el aumento de consultas y ventas de oro, relojes y demás alhajas por parte de sanjuaninos. Y el principal motivo es evitar las penumbras.

Pero también escribo con la esperanza de conocer, vivir y replicar cientos, más que cientos, miles de historias de solidaridad y organización. Personas que creen en el otro, que sienten como propias las penas de los demás y festejan con tanta o más fuerza las alegrías ajenas; que saben que no se puede ser feliz en soledad y de ninguna manera compran la receta que dice: "triunfar en la vida es hacer guita fácil y, de cualquier modo". Hombres y, sobre todo, mujeres valientes, que día a día tejen enormes redes comunitarias que son el sostén de la sociedad. Esos tejidos con distintos hilos, pero en el mismo lienzo de lo humano, son la política trasformadora. Reparan profundas injusticias, hacen con otros para generar respuestas fundamentales para las demandas y necesidades del pueblo. Son el ejemplo cotidiano de la importancia de construir un nosotros por sobre el yo vacío y solitario. Sin política no hay un nosotros posible. Escribo porque creo y porque no estamos vencidos aún en estos días infernales.

Hay que recuperar a Sarmiento y el planteo de "civilización y barbarie". Volver a Sarmiento, a las definiciones en las que acerca al indio y al gaucho a la barbarie. A entender que está más vivo que nunca hoy pero con nombres nuevos. Para el gran observador que se autopercibe ciudadano de bien, hay algo de indio y de gaucho en los trabajadores estatales, en quienes eligen la militancia como forma de vida. Sigue habiendo un gaucho y un indio en los excluidos, en los que a nadie les importa si comen o no. En ningún momento el gobierno anarcocapitalista de Milei plantea si la gente come o no come. Hay un desprecio absoluto a la otredad y ahí hay gauchos e indios para el anarcocapitalismo. La Argentina liberal insiste con el sacrificio y con la culpa, responsabiliza a ese gaucho y a ese indio. Les dice que por haber accedido a mejores condiciones de vida hoy el país la está pasando mal. Hay una hijaputez terrible en sostener que porque "ustedes se animaron a ser más de lo que pueden ser", hoy hay que pagar con hambre.

Sarmiento en Civilización y Barbarie, en ese Sarmiento que intenta justificar el asesinato del Chacho Peñaloza, plantea la necesidad de ser más bárbaro que los bárbaros. Sarmiento es la hermosa dualidad de un hombre de ideas y de acción, que intenta decir que hay una cultura que tenemos que aplacar: la cultura del indio y el gaucho. Hay un proceso psicomágico que busca dividir para aplacar las angustias del presente y separar el mundo entre buenos y malos. Pero Argentina es una conjunción, no una disyuntiva. Lo pensemos en Sarmiento; es Civilización y Barbarie, no Civilización o Barbarie. No hay un país sobre otro, es un país que busca un encuentro.

Sarmiento es una persona a la que la civilización y la barbarie lo atraviesan. ¿Cómo el padre del aula, el padre la escuela en América, que nació en un San Juan pobrísimo, pudo ser el mejor escritor del siglo XIX? En San Martín hay una idea recta y coherente de la vida: "No voy a levantar mi sable contra otro argentino", hay una idea de rectitud en las máximas a su hija. En Sarmiento hay una Argentina y también un gaucho; en Sarmiento hay más argentinidad que en San Martín. El planteo es recuperar Sarmiento para recuperar la argentinidad con la idea de armar una síntesis.

En Sarmiento hay un hombre que genera más escuelas que cualquier otro presidente, para que esos indios y esos gauchos aprendan y escriban y puedan vivir mejor que sus padres; pero también hay un tipo afirma -y firma- que hay que regar el estado con sangre gaucha, que declara el estado de sitio en San Juan para la muerte del Chacho y a la vez escribe las ideas no se matan. Hay un tipo que encierra varios tipos en sí mismo.

Sarmiento tiene que ver más con la argentinidad que San Martín. Cuántos San Martín conocemos. En Sarmiento hay una vorágine de serlo todo y venir del barro. Maradona es civilización y barbarie, que salió del barro más profundo y representa también al hombre más civilizado, bandera y emblema en todo el mundo de una forma de vivir la vida. Maradona es la síntesis de las dos. En Maradona siempre hubo en sentir popular, que tal vez en Sarmiento no. En Milei no vive Sarmiento ni Civilización y Barbarie porque no hay argentinidad, porque no hay un nosotros.

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