Relatos imperdibles

El área caliente de la Salud sanjuanina cumple 35 años: se creó como la más moderna del país

Un repaso por la historia de la terapia intensiva de adultos del Hospital Rawson, vital para los sanjuaninos hace décadas y, ahora, imprescindible en pandemia.
miércoles, 15 de septiembre de 2021 · 09:21

Quizás la Terapia Intensiva del Hospital Rawson sea uno de los exponentes del avance de la salud pública en San Juan más claros en los últimos años, pero también vividos en cierto anonimato, por eso, al cumplir 35 años, el jefe de la Terapia Intensiva, Dr. Carlos Lezcano y el jefe de la Terapia Covid, Dr. Osvaldo Graziani, recordaron los inicios, el presente y el futuro de este sector clave.

Lezcano recuerda que la terapia intensiva se creó en el año 1986 de la mano del Dr. Rolando Gimbernat y un equipo de médicos entre los cuales estaba Carlos Repetto, Eduardo Pellice y Daniel Crosara, y el primer jefe fue Gimbernat. Él y Repetto eran los únicos que tenían formación de terapistas, ambos venían del Hospital Fernández de Buenos Aires y antes habían inaugurado la terapia del sanatorio Brown. El secretario de Salud Pública era Salvador Lo Cascio. Luego Gimbernat también crea la residencia médica de Terapia, que es la que forma a los primeros terapistas sanjuaninos, relata.

La terapia funcionó desde su creación en el ex edificio de Urgencias, en la esquina de General Paz y Estados Unidos, hasta su traslado al edificio central o “edificio nuevo” donde está actualmente. Tras la creación se incorpora una primera camada de médicos, “de los cuales los únicos que quedan somos yo y el Dr. Martín Rodríguez”, expresa Lezcano.

“Aquella terapia se inauguró con muy buena tecnología, con lo mejor que había en el país, Gimbernat venía de trabajar en Buenos Aires y se asesoró muy bien en eso. Tenía diez camas, con dos boxes de aislamiento y contaba con respiradores de primera línea, por eso se demoró la inauguración, porque conseguir ese equipamiento costaba mucho. Lo que costó después fue la formación del personal, salvo Gimbernat y Repetto, los demás no éramos terapistas, éramos residentes de Clínica, Anestesistas y Cardiólogos, por eso hubo que crear la residencia. A nivel Enfermería pasaba lo mismo, hubo que traer una enfermera formada en el Hospital Fernández, Dina Flores, que estaba formada en terapia y armó un equipo de enfermeras de alto nivel”.

Hasta ese momento, el Hospital no tenía ni terapia intensiva ni unidad coronaria, por eso la terapia era polifuncional, incluso en un principio ingresaban pacientes pediátricos, hasta que se organizó la terapia pediátrica.

“La creación de la terapia era una necesidad y por eso fue creciendo naturalmente, sin resistencia de nadie, era una solución porque en ese entonces teníamos que derivar pacientes a la terapia del Brown e inclusive a otras provincias. Gimbernat revolucionó mucho las cosas, en San Juan todavía era todo muy conservador y todo ese cambio fue visto con buenos ojos. Los médicos jóvenes venían de rotar en otras provincias, en Buenos Aires, y ya venían con otro concepto de medicina, sabían lo importante que era tener una terapia”, explica.

Lo edilicio, lo tecnológico y lo humano

Para Lezcano, el avance fue sostenido, aunque no sencillo: “Si bien la terapia era la misma en el aspecto edilicio, fue mejorando siempre lo instrumental, la aparatología, la calidad de los respiradores, monitores, etcétera, había un contraste en eso. Y también se fue avanzando mucho en la calidad del personal, porque progresivamente era más capacitado, gente joven que venía con mucha energía y buena formación, eso también fue avanzando. Luego se incorporó la diálisis, que en eso tuvo mucho que ver el Dr. Pellice, y después llegaron los kinesiólogos, que en un primer momento no estaban incluidos en el trabajo de las terapias, las nutricionistas, se fue armando un buen equipo, muy completo. No fue un proceso fácil, al principio éramos muy pocos médicos, armar equipo completo para cubrir todas las guardias nos llevó por lo menos cinco años”.

Osvaldo Graziani considera que la estructura hospitalaria tuvo sus altibajos en esta historia: “Lo edilicio se fue complicando porque la terapia quedó aislada del resto del hospital, sobre todo cuando había que hacerle una tomografía a un paciente y que en buena medida se corrigió cuando pasamos al edificio nuevo, estamos mucho más integrados, aunque lo ideal hubiera sido estar en un mismo piso con quirófanos y Urgencias, pero de todas maneras estamos en una estructura extraordinaria, tenemos una terapia que es lo mejor de la Argentina”.

La pandemia

Si bien aún está presente, la pandemia de Covid 19 ya marcó un hito fundamental para la historia de esta Terapia y de sus integrantes: “Nunca pensamos que íbamos a atravesar una pandemia, eran cosas que las veíamos en las películas. Pero ha servido para valorizar la Terapia Intensiva, a nivel mundial se ha demostrado la importancia de tener gente capacitada, hay que pensar en qué hubiera pasado si San Juan no hubiera tenido una terapia intensiva como la que tiene, qué hubiera pasado si hubiéramos seguido teniendo una terapia con diez camas, hubiera colapsado todo, no habríamos podido responder a esto. En esta terapia, de 24 camas la ampliamos y llegamos a tener más de 60, las características del edificio y la capacidad del personal permitieron eso. Todo cayó al Rawson y demostró la capacidad de absorción que tiene, incluso estaba previsto ampliar aún más la terapia si era necesario, es un monstruo, ha sido la opción que tuvo San Juan para la pandemia”.

Lezcano y Graziani coinciden en que tener 60 pacientes Covid por día ha sido tremendo: “Al principio fue todo muy traumático, era una incertidumbre total, en 35 años teníamos la cabeza preparada para otra cosa, no para un “bicho” supercontagioso y mortal, nadie está preparado para eso. Fue todo sorpresa y había que organizarse, armar grupos, trabajar con protocolos, había miedo, enojo, una desconfianza natural hacia todo, hacia el equipamiento de protección que teníamos, era un ambiente muy tenso, un stress que nunca se vivió antes, era angustiante porque desbordaba a tu trabajo, se trasladaba a la calle, a la casa, a todo”.

“Es una situación que va a dar mucho que hablar por mucho tiempo porque no hemos terminado de ver las consecuencias a nivel laboral. Todavía no sabemos si esto terminó, si estamos en el medio o al final, con este virus nunca sabemos; el año pasado nos preparamos seis meses para todo esto y no pasaba nada, fue de un gran agotamiento y cuando pensábamos que quedaba así, en agosto empezó un caso tras otro y en dos semanas ya teníamos cuarenta internados, y de ahí no paró”.

Conclusiones

“Pese a todo estamos de alguna manera conformes, nuestro nivel de contagio intrahospitalario ha sido cero, somos casi 150 entre el personal de toda índole y no tuvimos contagios, fuimos muy estrictos, nos cuidamos mucho y dio resultado. Un solo caso nos hubiera hecho aislar a cuarenta personas de una vez y no teníamos ese recambio. Tuvimos un par de casos leves y no se produjeron acá adentro, no nos afectaron ni a nosotros ni a los pacientes”.

“Trabajamos con stress, con ansiedad, con bronca, porque en el frente de batalla estábamos sólo los terapistas, en algún momento nos sentimos muy solos, y cobrando lo mismo de antes mientras arriesgábamos la vida, cuando aumentaron sueldos aumentaron para todos, pero no sentimos que se reconociera a la Terapia el riesgo permanente que corríamos y el stress que vivíamos, eso fue y sigue siendo muy injusto, estamos seguros que deberíamos ser reconocidos económicamente en todo el país de otra manera”, dice Graziani.

La pandemia sí sirvió para visibilizar a los terapistas, “antes de esto la gente no te conocía, salvo el que es paciente o familiar de alguien que pasa por la Terapia, el resto ni sabe qué hacés, pero con esto nos empezó a conocer y valorar más. Y esto sigue, ahora hay poca internación por covid, pero la gente empezó a salir más y de pronto florecían los siniestros viales, y seguimos a full con eso, no parás nunca y sabemos que es nuestra tarea”, considera Graziani.

El futuro, de esperanza y alerta

Graziani estima que el presente ha remarcado el valor del trabajo conjunto: “Esto es un equipo, si en la Terapia no trabajás como equipo, olvidate, no funciona nada, hay que relevarse absolutamente en todo, en el sueño, en las comidas, en la atención del paciente, hasta en los problemas personales, todo es equipo, no podés dejar que se caiga una ficha porque se caen todas”.

“Cuando empezamos hace 35 años había un solo médico de guardia y dos o tres coordinadores, hoy tenemos una estructura de tres médicos de guardia, que hacen 24 horas de lunes a sábado y rotan el domingo; un jefe, un subjefe, tres coordinadores, entre los terapistas. Después hay unos 12 kinesiólogos, en enfermería hay un enfermero cada dos pacientes, los residentes que son un baluarte, nutricionistas, e infectólogos, son los que más cerca están siempre en la Terapia, más las secretarias, que cumplen una tarea importantísima, más todos los servicios de apoyo. Todas las mañanas se hace una revista de sala, donde participa el médico que toma la guardia, el que la deja, enfermería y kinesiología, en la cual se ve uno a uno a cada paciente y se toman decisiones importantes. Por la tarde se hace otra revista de sala de menor duración”.

La residencia y su formación de nuevos profesionales fue clave en los comienzos y también lo será en el futuro, y es allí donde Lezcano ve una luz de advertencia: “En todo este contexto es muy importante el trabajo con los residentes, con los cuales hay una educación médica continua, tienen clases coordinadas por los médicos de planta, todo un trabajo formativo que también se extiende a kinesiología y enfermería.

El trabajo del residente es muy importante, normalmente hay dos o tres puestos por año para los residentes, pero últimamente es una de las residencias que se ha visto con menos aspirantes, lo cual es un problema porque a futuro no vamos a tener médicos terapistas, es un tema que ya se ha planteado y entendemos que la raíz es económica, porque hoy los jóvenes médicos se ven más atraídos por otras especialidades que son menos estresantes, tienen menos trabajo de guardia, y son más redituables económicamente, no hay otra explicación.

El trabajo en Terapia es muy desgastante y la mayoría de los profesionales llegan al final de su vida laboral con muchas consecuencias físicas y mentales por ese desgaste. Es un tema a resolver en un futuro mediato”.

Recorrido Histórico de la Enfermería en el Servicio de Terapia Intensiva de Adultos

La historia de la Terapia se da en conjunto con el desarrollo médico y de Enfermería, debiendo dar ambos un salto de calidad y profesionalización. Para conocer cómo fue específicamente el trayecto de la Enfermería consultamos a la Lic. Emilia Ortiz, actual supervisora en la U.T.I.

El 15 de Septiembre de 1986 se inauguró el servicio de Terapia Intensiva polivalente, en ese momento estaba a cargo de una jefa de unidad, la enfermera Dina Flores, con ella ingresaron los siguientes profesional de enfermería: Mabel Naveda, Divi Luna, Susana García, Gloria Pallarona, Margarita Maldonado, Stella Marys Pérez, Marisa Cañada, las auxiliares Elena Castro, María Elena Garepia, Andrea Páez y las Ayudantes de Enfermería Esther Bravo y Patricia Aciar.

En 1990 asume la primera supervisora de enfermería, la Lic. Mabel Naveda, quien cumplió funciones hasta el año 2005 y luego queda a cargo la Lic. Alicia Ortiz, primera supervisora concursada, quien estuvo hasta el año 2008; luego el servicio queda a cargo Lic. Adriana Pinto, luego el Lic. Carlos Vera y desde septiembre del 2014 hasta la actualidad la Lic. Emilia Ortiz.

La primera jefa de unidad fue la Enfermera Dina Flores. luego vinieron la Lic. Susana García, la Lic. Divi Luna, la Lic. Ferreira Laura, la Enfermera Luisa Guevara y Erika Tivani.

Por el servicio de Terapia Intensiva pasaron muchos enfermeros como Gustavo Atampiz, Patricia Candanedo, Marisa Romero, Juana Rodríguez, Rafael Rojas, Antonia Pedernera, Nora Brizuela, Barbarita Mondaca, Graciela Aldeco, Alicia Ávila, Violeta Díaz, Graciela Castro, Ángel Pinto, José Corbalán, Estela Maldonado, Rosalinda Figueroa, Ángel Talquenca, Rene Hidalgo, Reina Lobos, Raquel de Larrea, Valeria Alaniz, María José Caño, Néstor Illanes, Alejandra Barrionuevo, Ricardo Pérez, Luisa Guevara, Georgina Alfaro, Emilia Ortiz, Carlos Mattar, Marta Suarez, Cristian Pereyra, Emilce Corvalán, Adrián Bórbore, Beatriz Guerrero, Javier Godoy, Enrique Acosta, Ruth Arnáez, Ana Luna, Mirna Burgoa, Miriam Pérez, Marcelo Fernández, entre los ayudantes de Enfermería se recuerda a Elsa Uliarte, Graciela Pez, Mabel Páez, Laura Pacheco, Mario Moreno, Juana Elizondo, como así a otros tantos profesionales que fueron integrando el servicio, como Claudio Salas, Daniela Oviedo, Paola Garepia, Soledad Melian, Rosa Carrizo, Romina Cortínez, Emilio Illanes, Gustavo Sáenz, Omar Carrizo, Eugenia Muñoz y otros tantos más.

“Hoy nos vemos en un servicio nuevo con 24 camas, con una tecnología de vanguardia y con profesionales de enfermería capacitados, actualmente atravesamos esta pandemia, lo cual no es fácil, ya que se tuvo que armar una terapia con 40 camas en el sector de cirugía, se capacitó al recurso humano, para ello se tuvo que rever los recursos materiales y humanos, brindando una alta atención humanizada en el autocuidado, más allá del temor que origina esta enfermedad”, señaló la licenciada Ortiz.

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