Cuando escuche el silbido baje corriendo. Ni los ruidos de los autos pudieron opacar el sonido agudo que distingue a los afiladores. Lo vi doblar la esquina, perdiéndose entre las calles del centro y a pesar que estábamos lejos, no tardó en darse cuenta que lo estaba llamando. Siempre atento, siempre dispuesto a estacionar la bici y desmontar una estructura lista para darle filo a cualquier objeto punzante. Su nombre es Luis Coyado, tiene 51 años y 27 de esos son como afilador. Aprendió a trabajar con su papá desde pequeño y como el mismo asegura recorrió grandes distancias con una bicicleta de por más pesada.
Un personaje casi extinto: el afilador de cuchillos que recorre San Juan
“Empecé este trabajo en el año 92 con mi papá, ya después cuando el falleció seguí solo y este 6 de abril cumplí 27 años en el oficio” comenta Luis después de darle filo a uno de los cuchillos que lo acompaña en sus largos viajes por el interior del Gran San juan. El silbido que anuncia su llegada ya casi no se escucha en los barrios, algunos ni siquiera saben de qué se trata; pero otros no podemos evitar trasladarnos a esas siestas en las que este sonido traspasaba la puerta de nuestras casas.
Hoy la situación económica trae complicaciones para todos, algunos la padecen más que otros y son personas como Luis las que nunca bajan los brazos. Charlar con él fue entender el sacrificio que hacen los padres para ayudar a sus hijos. En una reflexión que no escapa de la realidad Luis opina que “hoy en día todo se hace más difícil, llevamos el sustento de cada día para nunca bajar los brazos, yo en mi vida ya me siento realizado con mis 7 hijos que supe mantener con este empleo y 6 nietos; y seguimos adelante por ello, el único más chiquito es uno de 13 años y por él trabajo día a día y no quiero bajar los brazos nunca para que él sea alguien en la vida” afirma el hombre de 51 años que todo los días recorre las calles, sin importar que sea domingo, feriado o la salud no acompañe. Mirá su trabajo.
Los años pasan y los recorridos ya nos los de antes. “Cuando era más joven dábamos una vuelta grande, hacíamos Albardón, Angaco, San Martin, Caucete, un poquito de 25 de Mayo, hacíamos diagonal hacia 9 de Julio y de ahí ya nos veníamos al centro. Recorríamos San juan, lo que es Ullúm, Zonda, parte de Rivadavia y siempre la zona céntrica” comenta con la posibilidad de que le falte recordar algún departamento más en una lista interminable. “Hacemos bastante para seguir adelante para mi hijo, mi esposa, mi nieto yo le tengo mucho respeto a mis clientes y siempre pido que a ellos les vaya bien, así ellos después me ayudan a mí” agrega con una sonrisa.
Hoy a pesar de sus 51 años sigue trabajando recorriendo grandes distancias, y si bien no son las que solía hacer cuando tenía 25 años, la calidad y la dedicación en el arte de afilar es cada día más respetable y más certero.
Su teléfono de contacto es 264 4 17 69 99.