Las entrañas de la tierra bramaron con furia. El peor remezón que haya sacudido San Juan tuvo lugar el 15 de enero de 1944. Y con ese tremendo terremoto, que terminó con la vida de 10.000 personas, se reconstruyó el ADN de los sanjuaninos, que cambiaron desde su carácter hasta la forma en la que manejan su economía.
Cómo cambiaron a los sanjuaninos los terremotos
Con la caída de prácticamente toda la ciudad, hubo una especie de pasado borrado. Las casas coloniales y todas las edificaciones que formaban parte de la cotidianeidad de los sanjuaninos quedaron hechas escombros de un momento para otro. El historiador Mark Alan Healey se refiere al tema y dice que “hubo un borramiento del pasado”, lo que incide en la memoria de la gente, generando una nostalgia por lo que fue en las generaciones que lo padecieron y un desconocimiento por parte de las nuevas.
El terremoto del ’44 dejó secuelas de tipo social, económico, político, incluso religioso en la sociedad sanjuanina, según expresó en su tesis Michel Zeghaib.
La política tuvo un receso obligatorio urgido por las prioridades de atender la emergencia. Sus consecuencias marcaron durante muchos años posteriores al ’44 la necesidad de diseñar un cuerpo normativo que se adecuara a los sismos y que le imprimieron a la ciudad un estilo distinto, más chato y moderno.
Zeghaib va más allá y dice que hubo dos desafíos en el plano político y económico: 1) el que tuvo que enfrentar Juan Domingo Perón, como secretario de Trabajo y Previsión Social, y que fue lo que destapó el terremoto: la apabullante pobreza que había en San Juan fruto de las desigualdades defendidas por la clase dominante de vitivinicultores y; 2) el cambio rotundo de la visión del mundo que a partir de la fatalidad comenzó un proceso de transformación irreversible. Juntamente al San Juan material, se reconstruyó también el San Juan inmaterial.
Con respecto a la economía, San Juan es una de las provincias del país donde los habitantes eligen endeudarse menos. Para el economista Eduardo Coria Lahoz moverse en forma conservadora en términos económicos tiene su raíz en los terremotos. "El consumidor sanjuanino es muy conservador, muy ahorrativo, no se trata de un comportamiento nuevo sino que históricamente San Juan ha sido una plaza colocadora de fondos, es por esta razón que casi todos los bancos del país tienen una sucursal en la provincia. Se puede atribuir a los terremotos el hecho de que los sanjuaninos sean tan conservadores para gastar y que tiendan a ahorrar, a guardar. El cataclismo de estos fenómenos hace de los sanjuaninos gente más ahorrativa que el promedio. Por ejemplo, comparemos con Mar del Plata. En la localidad bonaerense la gente tiende a vivir el día a día, a tener más deudas”, explicó.
San Juan era conocida como la provincia “mata gobernadores”. Fueron muchos los líderes políticos que cayeron abatidos por sus rivales. Había revueltas constantes y protestas masivas que se volvieron a ver en las calles muchos años después. Luego del terremoto del '44, hubo un cambio de carácter social, que apaciguó a los sanjuaninos.
Las grandes tragedias naturales terminan sepultando una forma de ver el mundo. La ciudad que ya no está se transforma en nostalgia para los más grandes y en un patrimonio intangible para quienes no vieron. De las ruinas nace otra mirada, y la mirada sanjuanina cambió para siempre tras el terremoto.