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lunes 23 de marzo de 2026

De película

El cazador de antigüedades de San Juan

Marcelo Lliteras recorre la provincia buscado objetos antiguos que en su mayoría ya casi no existen. Es el dueño de uno de los pocos negocios de antigüedades de la provincia, y su pasión por estos tesoros contagia cada día a más sanjuaninos
Por Pablo Amado

Para algunos las antigüedades no son más que cacharos viejos que ocupan espacio, pero para otros, son un tesoro único que merece ser conservado para siempre. No necesariamente tienen que ser objetos sofisticados, o joyas de algún sitio misterioso como los que se ven en las películas de Indiana Jones. Los objetos que busca Marcelo, desde hace más de 10 años, muchas veces se encuentran en algún galpón viejo, en una finca alejada o en el fondo de la casa de alguna doña, que quiere despejarse de toda la “basura”.

“Siempre me gustaron las antigüedades, las cosas nuestras, por eso decidí dedicarme a encontrar determinadas piezas por encargue. En general voy mirando y del boca en boca de la gente me fue haciendo conocido para encontrar cualquier cosa” sostiene Marcelo Lliteras quien antes solía dedicarse al rubro de los muebles, pero que ahora se apasiona por ser un rastreador de objetos antiguos que encierran los más increíbles recuerdos.

Algunos de estos objetos aparecen cuando se compran lotes de Antigüedades.

Al coleccionista no lo frenan ni las distancias, ni el clima,  ni mucho menos, el pesimismo o el tiempo. Se caracteriza por su paciencia, pero sobre todo por su olfato, que desarrolló en todos estos años buscando rarezas.  Al respecto, Marcelo afirma que “lo más raro que me han pedido hasta el momento son campanas de iglesias, que son muy difíciles de conseguir. También fusiles antiguos, o las verjas que se usaban antes de la llegada el ferrocarril y la soldadura, imagínese como era ese trabajo que se hacía por parte y a martillazos”.

En el mundo de las antigüedades hay de todo, clientes que pagan lo que sea por encontrar un objeto que les urge,  vendedores que se animan a comprar lotes enteros de antigüedades sin saber que les depara en los galpones, y cazadores que huelen la historia de un objeto a tres cuadras de distancia.  Todos ellos confluyen en el local de Marcelo, ubicado en calle Mendoza a metros de Av. Del Libertador, en pleno centro sanjuanino, y a decir verdad, el público cada vez se nota más interesado en este rubro.

Uno de los objetos más buscados por los coleccionistas. 

EL local no tiene más de dos años vida en el centro pero las reliquias hablan por sí solas. Un televisor Philips modelo Discoverer de 14 pulgadas, que simula el casco de un astronauta y fue lanzado por la conocida empresa de electrodomésticos para rememorar la llegada del Hombre a la luna. De estos modelos ya casi no quedan, y los sitios de compra y venta  como E-bay o Mercado libre se los precios rondan entre 12 mil pesos a 60 mil. Sin embargo, en el local de Marcelo parece que todavía no llegó la inflación porque este mismo televisor cuesta 3000 pesos.

El televisor Phillips que conmemora la llegada del Hombre a la luna.

Sifones de cabeza de plomo a $450, planchas de carbón a $500, un fusil Avancarga del año 1830, que se carga por la boca del cañón a $4500. Las antigüedades también incluyen un tocadiscos a $3000, tachos lecheros, máquinas de foto del siglo pasado, las llantas de un Ford “A” de 1935.

De libros a lentes, encendedores y copas, hasta teléfonos Ericsson antiguos que su momento fueron míticos en la industria del cine y la televisión. De muebles, bicicletas y bañeras que vienen desde Europa al Topo Yiyo y su novia, la Topa.

Cada figura cuesta $800

¿Qué hay en la mente de un coleccionista?  ¿Por qué buscar cosas en todas partes? ¿Se gana plata o es uno de los tantos hobbies que rondan entre las excentricidades? Sea lo que sea, el hecho de recolectar objetos es una de las prácticas más remotas que tiene el Hombre como especie. “Y humildemente creo que lo que a uno lo debe atrapar no es otra cosa que la satisfacción de poder hallar algo que se pensaba extinto” comenta Marcelo. Y que sin dudas, con el paso del tiempo y en distintas partes del mundo, esta práctica ha venido generando  una pasión en los coleccionistas y en los fanáticos de las antigüedades. Y como ocurre con las pasiones en el futbol, nunca se cambian. No se las puede dejar colgadas en un perchero y salir a la calle sin ellas. Simplemente se siguen, hasta el final.

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