"Vamos a extrañar esta casita, este ranchito que nos aguantó tanto, que con tanta precariedad igual nos dio satisfacción, porque fue nuestro techo por muchos años. Pero la nueva casa es incomparable", dice Gabriela Muñoz mientras termina de acomodar la ropa y las cajas, que entre los muebles están a la intemperie esperando el camión que los llevará al nuevo barrio del IPV. Cerca de la Calle 11 y a pocas cuadras del centro de Pocito, el ranchito de Gabriela es uno de los alrededor de 450 que al final de este martes terminarán demolidos, y su gente trasladada a las nuevas viviendas en el marco del operativo de erradicación de villa más grande de los últimos tiempos en San Juan.
Gabriela llegó hace 11 años al asentamiento David Chávez junto con su marido. Allí vivió con sus cinco chicos, todos durmiendo en la misma pieza durante todo ese tiempo. Llegaron allí porque se quedaron en la calle, ya que vivían en una casa prestada que se las pidieron y tuvieron que desalojar. Construyeron el rancho con la habitación, una cocina comedor y un baño y bajo esa humilde estructura pasaron lluvias, fríos y calores.
Gabriela vivió siempre junto a su hermano Fabio, quien es otro de los beneficiados con la erradicación de la villa David Chávez. "La verdad que estoy con nervios porque vamos a empezar otra vida", cuenta él, que junto a su esposa empezaron a desarmar la casita de adobe desde el viernes y pasaron frío hasta hoy porque corrieron vientos fuertes. Muchas cosas no se llevarán a la nueva vivienda porque quieren empezar de cero, asegura.
Jonatan Matamoro consiguió comprar una prefabricada en la esquina de David Chávez y calle 11 dónde estuvo por 8 años instalada junto a su mujer. En esa casa nacieron sus dos hijas y hoy forman parte de los que se irán a los nuevos barrios ubicados también en Pocito. A la casita de madera la pudieron salvar, estuvieron trabajando varios días para desarmarla y para regalársela a la abuela de Jonatan que no tiene dónde vivir.