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miércoles 15 de abril de 2026

Una adicción peligrosa

Ludópatas Anónimos: vivir para sacar al otro del mismo infierno

Cada martes unas 10 personas se reúnen para acompañarse en la lucha contra la adicción al juego. El secretario y el tesorero contaron sus historias de superación y encendieron las alertas: creen que puede haber cientos que necesitan ayuda.
Por Redacción Tiempo de San Juan

“Nos dicen timberos, pero en realidad estamos enfermos”, explica Gustavo, secretario de Jugadores Anónimos en San Juan. Él hace años que no pisa una sala de juegos, pero cuenta su historia y explica el infierno que significa vivir con la adicción al juego en primera persona y en presente. Explica varias veces que no hay cura para el mal que le arruinó alguna vez la vida, sólo existe una recuperación y una lucha permanente con la compulsión. “Un día a la vez” resume Osvaldo, el tesorero, con una sonrisa tímida.

Los dos hombres vivieron años con su adicción, llegaron a un límite y hoy están a cargo de organizar las reuniones de todos los martes del grupo, reciben a los que llegan por primera vez y apoyan a los que están todavía en la lucha. Sus teléfonos están abiertos las 24 horas del día a la espera de que un hermano, como se llaman entre ellos, necesite una palabra de aliento para seguir alejados del juego o sufra una recaída y tenga que ser rescatado. Cada martes a las 21, en el salón de la parroquia de Trinidad, comparten textos que los ayuda a mantenerse fuera de las apuestas y hacen terapia grupal.

Durante la entrevista, ambos se esforzaron por no dejar cabos sueltos y explicar qué es la ludopatía, cómo detectarla y cómo ayudar a un ser querido que la sufre. La adicción al juego en la actualidad afecta a personas de todas las edades, hombres y mujeres por igual e incluso no tiene que ver con el nivel económico. Los que la desarrollan ponen apuestan todo lo que tienen y todo lo que pueden conseguir, sin importar si es mucho o poco. Ambos aclaran que no son los jefes ni están a cargo del grupo, sino que hacen un trabajo administrativo de forma voluntaria. Para ellos, ayudar a otros es también una forma de recuperarse, ya que les permite “ver en el otro el lugar en el que estábamos y ayuda a que no queramos volver a eso”, resume Gustavo.

Hacer que la sociedad entienda la gravedad de la adicción es uno de sus objetivos. “Hay tres finales comunes para un ludópata que no se recupera: la locura, la cárcel o la muerte. El índice de suicido dentro de las adicciones es más alto lo tiene el ludópata, más que un alcohólico o un narcótico”, explica el secretario.

Osvaldo es testimonio de esto, ya que su adicción lo llevó a vivir en la calle y lo dejó al borde de la muerte. Con voz tranquila, años después de tocar fondo, el actual tesorero de JA puede contar cómo fue el día que él pensaba que iba a ser el último, cuando intentó quitarse la vida. “Pensaba en la cantidad de gente a la que había dañado, en mis hijas y mi mujer, e intentaba decidir cómo matarme para que a ellas les quedara algo. Pensé en tirarme debajo de un auto y hasta analicé si elegir un vehículo grande como una camioneta u otro”, explica mientras se mira las manos, en las que se nota una vida de trabajo. “En ese momento me llegó un mensaje de mi hija. Habían intentado hablar conmigo todo el día, pero yo les cortaba el teléfono; sabían lo que iba a hacer porque yo de alguna manera me despedí. Ese mensaje me tocó el corazón, decidí no hacerlo y mi hija me acompañó al grupo. Gracias a eso salvé mi vida”, cuenta el hombre que en la actualidad es uno de los que da su teléfono para poder salvar a hombres que sufren su desesperación.

Gustavo fue el fundador de la asociación de autoayuda en la provincia y en un principio las reuniones eran en su casa hasta que el número se amplió y comenzaron a hacerlo en la iglesia. Antes de eso él tuvo que comenzar su recuperación en JA y ,aunque su historia es distinta, también empezó con el infierno que caracteriza la enfermedad. “La primera vez que pisé un casino fue a los 18, mi papá nos llevaba a todos mis hermanos y a mí, porque él también tenía un problema. De todos los hijos, el único que desarrolló la adicción fui yo”, relata. La ludopatía es una amenaza que crece de a poco y el jugador cree que tiene las cosas bajo control, hasta que la vida les muestra que no es así.

“Yo mentía y decía que me iba a hacer otra cosa cuando en realidad me iba a jugar. Los jugadores compulsivos somos así, mentimos y cuando nos preguntan directamente nos enojamos, para poder seguir” cuenta Gustavo. “Ese día le dije a mi hijo que me iba a hacer un trámite y cuando me llamó le contesté de mala manera que todavía no terminaba. Él me dijo ‘salí del casino papá, estoy al lado del auto’ y la vergüenza me hizo ver la realidad”, explica.

Tras este duro golpe el hombre decidió salir adelante y junto con su hija buscó el grupo más cercano de ayuda, que en ese momento estaba en Mendoza. Tras nueve meses de recuperación y cuando ya se sentía firme en su decisión de no volver a su adicción, Gustavo decidió fundar Jugadores Anónimos en San Juan y ahí comenzó su nueva tarea, que es la de ayudar a otras personas que viven lo mismo que vivía. “Al principio nos juntábamos en mi casa, ahora estamos en un salón de la Parroquia de Trinidad. Esto no quiere decir que sea un grupo religioso, sino que es el lugar que el padre Ruggieri nos prestó amablemente. El grupo no tiene limitaciones de edad, religión, sexo ni de ningún otro tipo; cualquiera puede venir siempre que tenga la necesidad de salir del juego”, resumió.

Los números del juego en San Juan

En la provincia existen 400 autoexcluidos, según tienen registrado en JA. Estas son personas que reconocen que tienen un problema y piden a los lugares de juego que no les permitan entrar por un tiempo determinado. Según Gustavo y Osvaldo esta es una medida buena aunque insuficiente. “Cuando se me termina el tiempo de autoexclusión si yo quiero volver a jugar lo voy a hacer”, explica el secretario. Además existen lugares clandestinos u otras formas de juego como carrera y hasta el Quini 6 a los que los ludópatas terminan echando mano.

Desde Jugadores Anónimos insisten en que la mejor forma de salir e incluso la que recomiendan los especialistas es asistir a un grupo de apoyo. Por la asociación sanjuanina han pasado unas 100 personas, a cada reunión asisten unas 10 y en la actualidad siguen conectados al menos 50 miembros, que forman un grupo de apoyo.

Además, explicó Gustavo, creen que han cientos de personas que no están recibiendo ayuda en la provincia y que siguen jugando de forma compulsiva. Es para estas personas que ellos cuentan su historia, para que puedan recibir la ayuda que necesitan.

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