Por Jorge Balmaceda Bucci
Renacer en el infierno que se llevó casi toda su familia en Rivadavia
Una infinidad de recuerdos le salen al cruce en cada rincón del edificio que está reconstruyendo. Allí, hasta el pasado 1 de julio, Raúl González compartía los momentos más felices junto a su mujer Roxana Saavedra y sus hijos Tomás (18), Sol (15) y Mariano (9). La tragedia lo golpeó al día siguiente, llevándose un feroz incendio a su esposa y sus dos hijos más chicos.
Fue un mazazo en seco que recibió cuando se trasladaba a su trabajo en el Aeropuerto de Mendoza. La familia quedó destruida y buena parte de su ilusión se consumió en un abrir y cerrar de ojos por las llamas.
Sumido en una mezcla confusa de tristeza y desorientación, Raúl se aferró a su fe, la contención de sus amigos y familiares y, principalmente, a la imponente entereza de su hijo Tomás, quien cuando ocurrió la tragedia se encontraba en Buenos Aires cursando en la Escuela Militar.
Los días posteriores fueron muy duros y más cuando llegó el momento de decidir qué hacer con la casa que sirvió de testigo de los inolvidables momentos compartidos por los cinco. Parado sobre ese escenario, Raúl prometió a Tomás que la iba a reconstruir y juntos, con Roxana, Sol y Mariano siempre muy presentes, iban a pasar la Navidad.
Para finales de julio la ayuda del intendente Fabián Martín, Santiago Ceballos y todo el equipo de la Municipalidad de Rivadavia fue muy importante para limpiar lo que el infierno había dejado. Materialmente se salvaron muy pocas cosas. Prácticamente fue empezar de cero.
Raúl tenía más o menos claro que quería, pero la incertidumbre de cómo hacerlo se agigantaba cada vez que se lo planteaba. Hasta que el destino cruzó en su camino a un grupo de albañiles que, empatizando por completo con él, se encuentran a unas pocas semanas de terminar con el trabajo más emocionante de su vida.
Lucas 'Chuquino' López, Martín 'Chicha' Cobarrubia, Sergio 'Bichito' Castro, Walter 'Cabezón' Ponte y David Ángel son los humildes y trabajadores aliados de González. Interpretaron desde la primera charla lo que había que hacer en la casa para provocar este renacer, destacando en la nueva estructura la desaparición de la habitación en la que Roxana, Sol y Mariano encontraron la muerte –ahora se ha convertido en una terraza- y la presencia de tres tragaluces de pavés de distintos colores. El azulado recuerda al travieso y ocurrente Mariano, el rosado refleja la luz de la simpática Sol y el verde evoca a Roxana.
“Los chicos –por los albañiles- captaron perfectamente la idea. Su trabajo fue perfecto. Yo quería tenerlos siempre presentes a mis hijos y mi mujer. Ahora, cuando con Tomás compartamos una cerveza y una charla en la terraza, los vamos a tener muy cerca nuestro”, comentó Raúl, quien también le está aportando sus conocimientos de soldadura a la renovada casa. Las rejas del frente fueron entrelazadas por él.
Las postales del horror solo quedan en la memoria y en unas cuantas fotos que archiva en la computadora. Si la cuadrilla sigue a paso firme, para principios de diciembre esta vivienda del barrio UDAP II quedará totalmente reconstruida.
En este volver a nacer merecen un capítulo aparte su hermano Ricardo González y el 'Chuquino' López. El primero por desdoblarse en su actividad diaria en el Hospital Marcial Quiroga para encargarse de toda la pintura de la casa. Y el segundo por su desinteresada generosidad.
“Él llegó un día caminando con su bicicleta al lado y se ofreció a hacerme el yeso en el techo. La verdad es que es todo un artista y una excelente persona”, afirmó Raúl, quien adelantó que en dos semanas se colocarán las aberturas.
El cambio es total, pero los sentimientos permanecen intactos. Raúl optó por resurgir junto a Tomás en una casa que conservará para siempre las carcajadas y los abrazos compartidos por los cinco.