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jueves 16 de abril de 2026

Semana Santa

Historias de agradecimiento a la Difuntita: desde un operado de la columna hasta un padre con su hija enferma

Emocionantes relatos de promesantes que fueron a caminando hasta el oratorio y de devotos que llevaron sus hijos enfermos a cuestas. Conocelas.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Natalia Caballero 

 

La Difunta Correa genera en la gente una devoción que ha sido objeto de análisis de medios de comunicación de todo el mundo, de especialistas y hasta de historiadores, quienes quisieron comprobar la veracidad de la existencia de esta mujer valiente que en busca de su marido murió en el desierto dándole de mamar a su pequeño hijo. Lo cierto es que esta santa popular genera una fe intensa, que todos los años mueve a miles de fieles de todo el país hacia el santuario caucetero. Te contamos algunas de las historias más movilizantes.


Cuarenta años de devoción 
 
 


Caminaba despacito, a paso lento pero decidido y aun así logró llegar. Miguel Andrés, de 61 años, va a la Difunta los Viernes Santos desde 1977. Ahora ayudado con un bastón porque lo operaron de la columna dos veces el año pasado. Para Miguel, la ayuda de la Difuntita lo sacó del cuadro de salud complicado que enfrentó. El hombre es de Chimbas pero la travesía arrancó en Caucete. 

"Toda la vida le pedí a la Difunta. He venido para pedir y también para agradecer. Vine por primera vez cuando llevaron por delante a mi hermano y desde ese momento prometí venir siempre en Semana Santa. Muchas veces mis rezos eran por mis hijos, otras por trabajo, siempre hubo algo y siempre sentí la ayuda de la Difuntita”, contó el hombre, que no dejó de caminar ni un minuto. 

A Raúl lo operaron de dos vértebras. "Estuve grave, me operaron en el Rawson y la segunda vez en Buenos Aires. Recién en diciembre me dieron el alta. Pensaron que no iba a salir porque tengo EPOC pero la Difunta me sacó”, añadió. 

Aunque no sabía si iba a poder cumplir con la hazaña, finalmente lo logró. A las 11.30 pudo llegar al oratorio a cumplir con la promesa que lleva 40 años de vigencia en su vida. 

Un camino de fe con acompañantes
 
 


Damián Rosselot es de Santa Lucía y por segundo año consecutivo fue a agradecer a la Difunta Correa tener trabajo y a su familia con salud. En el camino contó con el apoyo de familiares, que por tramos lo ayudaron a suavizar la travesía. 

Cuando charló con Tiempo de San Juan, su madre Nelly Alarcón y su pequeño hijo Lisandro, de 6 años, le hacían el aguante. 

"Hace poco que me hice devoto de la Difunta. Pido para que nos vaya bien, para que nos proteja”, dijo el joven, que siguió el camino hasta llegar al oratorio ayudado por un bastón rudimentario. 
 
Una cuestión "hereditaria”
 
 


Tiene 75 años y a las 7 AM salió de Santa Lucía en bicicleta para llegar al oratorio de la Difunta. Cuando era tan solo un niño, sus familiares lo llevaron en colectivo por primera vez al paraje y desde ese momento nunca más dejó de ir. 

De sus seis hijos, cuatro le siguieron el camino de fe. Carlos Hess es el protagonista de esta historia, que llegó fresco como una lechuga al oratorio. 

Antes de jubilarse, se dedicaba a la panadería. Hacía masas finas y por la calidad de sus elaboraciones era un pastelero reconocido en la provincia. Varios de sus hijos se dedicaron a la gastronomía y actualmente usan los conocimientos que su padre les trasmitió para lucirse en la cocina. Tal como sucedió con la profesión, pasó con la devoción a la Difuntita. 

"Mis hijos se vienen caminando a cumplir sus promesas, otros en bicicleta como yo. Todos venimos más a agradecer que a pedir”, concluyó el hombre. 

El milagro del marido 
 
 


Myriam Dávila subió al santuario de espaldas. La mujer le hizo una promesa a la Difunta Correa para que su marido, que se quebró la pierna, pudiera soldar bien las fracturas y así evitara la operación que le iban a hacer. La Difunta le concedió su pedido. 

"Siempre nos ha ayudado mucho. Mi mamá fue quien me empezó a traer al santuario. Mi esposo se quebró la tibia y el peroné, los médicos nos dijeron que las fracturas eran muy jodidas, que iban a tener que ponerle clavos. El 24 de mayo lo iban a operar y cuando lo internaron para entrar al quirófano descubrieron que los huesos se habían soldado solos. Los médicos no lo podían creer. Fue milagroso”, relató la emocionada mujer. 

Myriam no fue sola, la acompañaron sus dos hijas y su marido, quien también subió los "escalones sagrados”, como ella les dice, de espaldas. 

En el nombre de la hija
 
 
 

Entre medio de la gente se podía ver a Ángel Filippos con su pequeña hija Débora a cuestas, subiendo al santuario con la niña en su espalda mientras su esposa, Carolina Ayala, lo asistía con agua. El matrimonio es de Chilecito, La Rioja. Ambos contaron que empezaron a visitar el paraje cuando le detectaron un problema de audición a su nena y que desde que le pidieron a la Difunta por su salud, Debi ha mejorado un montón. 

"Desde el año pasado la traigo a peteco. Ha mejorado muchísimo la nena, nos la sacó muy adelante la Difunta. Cuando se tiene fe, se tiene todo”, dijo Ángel, quien es devoto de la Difunta Correa desde hace años. 

La pareja se vino el jueves 13 de abril y el Viernes Santo después de cumplir su promesa partieron con destino a su provincia natal, donde hay una pequeña gruta en honor a la santa popular en la que siempre dejan alguna ofrenda. 

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