Un señor con un bigote no dice nada, sólo es un señor entre miles con bigote. Pero un señor con un bigote en silla de ruedas que además no puede usar sus manos para movimientos finos, dice mucho sobre ese señor, dice: "puedo hacerlo".
Germán Polizoto y su increíble historia de superación
Germán Polizoto nació en 1973, con siete meses de gestación y cuando el uso de forceps en los partos era cosa cotidiana. Esto le provocó el corte del cordón umbilical y principio de asfixia que derivó en una lesión motriz, en los miembros superiores, por lo que también habla con cierta dificultad, pero se comunica perfectamente. Dice que hubiera podido ser peor "y haber tenido millones de dificultades mayores".
Se moviliza en una silla de ruedas diseñada por él, que le permite moverse sin ayuda, con los pies, y colocar los brazos hacia atrás, para evitar movimientos involuntarios.
Trabaja en el Centro Cívico, tiene una beca en el Ministerio de Desarrollo Humano, y por las tardes tiene su propia empresa de reparto en una moto, también adaptada y diseñada por él mismo. Germán puede llevarte a tu casa desde aceitunas hasta artículos de limpieza o lo que le pidas.
Hizo la primaria en la Escuela de Educación Especial Dr. Ramón Peñafort, en Capital, donde siente que desperdició muchos años. Cuando ingresó estaba creado hasta 2do grado y cuando le tocó pasar a 3ro se dieron cuenta que no lo podían derivar a ningún lado porque si bien su cabeza funcionaba a la perfección, Germán no podía escribir. En esa escuela fueron creado 3ro, 4to, 5to, 6to y 7mo grado a medida que él iba pasando. "Eso favoreció a los que venían detrás porque pudieron hacer el primario completo. Mi vida ha siendo siempre hacer huella para que otros que vienen detrás no pasen por lo que pasé yo; es duro pero es así", dice.
Cuando terminó la primaria quería seguir estudiando pero no había secundario para discapacitados por lo que hizo la secundaria en una escuela común de educación de adultos (ya tenía 18 años), una nocturna ubicada en el barrio Kennedy. Allí también tuvo que superar miles de dificultades dentro de un sistema que no estaba capacitado para instruir un chico con las potencialidades de Germán. "Fueron varios los problemas, hasta que entendieron que no era la única forma de evaluar a través de la escritura. Tuve mucho apoyo de los compañeros y predisposición de los directivos y profesores. Y de mi papá que me llevaba todos los días. Ese no falla", cuenta.
Terminó la secundaria como miembro del cuerpo de bandera y en esa época también hacia deporte, corría en su silla de ruedas y hacía bochas con los pies. Viajó a dos Mundiales, a dos Panamericanos y a varios campeonatos nacionales, donde también fue campeón. Viajar a otros países lo hizo darse cuenta que afuera una persona con discapacidad hace una vida normal "y no tienen las dificultades socioculturales como las que tenemos acá. Eso me llevo a replantearme muchas cosas y enfocarme para tratar de cambiar esto, para que las personas con 'discapacidad', como nos llaman, tengamos las mismas posibilidades".
Empezó a trabajar en diferentes grupos, primero con unos amigos hicieron un proyecto de ciudad accesible que quedó en la nada. Después, en Manos Abiertas, trabajó en inclusión y gracias a esa fundación fue convocado para trabajar en el 2007, cuando se formó el equipo técnico provincial para abordar el tema de la discapacidad a nivel gubernamental. Desde entonces trabaja en Desarrollo Humano haciendo aportes a lo que significa accesibilidad y volcando su experiencia "para cambiar la historia y contribuir en favor de la igualdad y la equidad en los derechos".
Asegura que en el Centro Cívico hace de todo un poco y aprende mucho. "Mis tareas pueden ser referidas a la discapacidad o no, y hago lo que haga falta, desde llevar expedientes, llenar formularios, o atención al público".
¿Cómo es su vida cotidiana? Germán se levanta a las 7 de la mañana para entrar a las 8 a trabajar, su padre lo lleva todos los días. "Para las actividades de rutina uno se da maña, hay cosas que no puedo hacer como atarme un cordón, alguien te da una mano, pero me manejo solo por lo general. En mi casa hago vida normal, hago el reparto por la tardes en mi moto adaptada que la creé yo, compré el chasis y empecé a modificarla a mis necesidades, y en ella me manejo. Con el reparto hago un extra porque en el trabajo sigo con una beca, no es un sueldo", cuenta.
Germán asegura que a los 44 años, su vida, en todos los aspectos, es como la de cualquiera, con su grupo de amigos, con sus asados (su comida preferida) y sus vinos. También estuvo casado, se divorció y ahora no tiene novia. Incluso con sus sueños, asegura, es como cualquier persona: "Poder vivir en mi techo propio, vivir de mi trabajo, si me toca, ser padre, formar una familia, lo normal. No soy otra cosa que una persona normal".
Vive, "por ahora" con su madre, Vicenta, y su padre, Juan José, "ellos me dieron lo que hoy soy, ahora me toca a mí. Ellos ya tienen que descansar, el que tiene que pelear ahora soy yo".
Sobre la discapacidad
"El sistema es obsoleto", es la expresión contundente de Germán para referirse a la situación de las personas con discapacidad en San Juan.
"Lo que se está haciendo es poco para lo que debería ser. El cambio se debería focalizar en la convivencia que es la que te da el instrumento social, mientras más convivan entre las personas, menos discriminación va a haber".
"Cuando una persona tiene una discapacidad, la discapacidad es normal para ella. ¿Cuándo uno toma conciencia de la discapacidad? Cuando empieza a desenvolverse en el medio, porque es el medio el que te pone la dificultad", dice.
"Siempre digo que la discapacidad es un problema sociocultural porque la persona con discapacidad, mal dicho, es una persona normal, común y corriente, la dificultad es el medio porque no se puede desenvolver como cualquier persona", agrega.
Es cierto que hay barreras físicas, pero las peores son la barreras del prejuicio. "Ninguna persona es igual a otra, bajo ese concepto una persona que nació con discapacidad, para él mismo es una persona normal, la dificultad está en el entorno, en la cultura".
Ante esta realidad, la actitud es primordial. "Lo importante es la voluntad de uno de enfrentar la situación y hacerse cargo, porque por más apoyo de tu familia, si no tenés perseverancia, voluntad y objetivos claros, no lo logras", asegura.
De todas maneras, hay avances positivos. "Hay más acceso a la educación, cuando yo era chico no había. Hace 5 años trabajo en la Comisión de Discapacidad de la Universidad Nacional de San Juan haciendo aportes para la inclusión de personas con discapacidad en el nivel superior. Esto es fundamental para que las personas no se queden, como me paso a mí, con el secundario", dice.
También destaca el avance respecto a las definiciones de las personas con discapacidad. "Hemos sido catalogados como personas diferenciales, con capacidades especiales, enfermos, y otros millones de adjetivos. En realidad el sujeto es siempre un ser humano".
La entrevista termina y Germán se va moviendo sus silla de ruedas solo hacia la puerta principal del Centro Cívico. Lo ves entrar y te asalta la duda: ¿quién es más discapacitado? ¿el que teniendo una falencia la sabe suplir o el que teniendo la aptitud no la usa debidamente?
Antes, dice que no hay nada especial en su bigote, "solo me gusta el bigote, como el asado y el vino".