Iluminada como sus ojos verdes oliva, la casa de Victoria Gómez respira paz. Sus dos perros son los primeros en salir curiosos a recibir a los visitantes y la acompañaron durante toda la entrevista con Tiempo de San Juan, interrumpiendo constantemente para recibir caricias. En ese ambiente distendido, lejos de la vorágine de los teléfonos que la llaman constantemente, la chica que por poco murió en una práctica de electrofitness contó detalladamente el dramático momento que vivió en un gimnasio trucho.
"Ahora veo el cuerpo desde la salud, no desde la belleza"
"Ahora veo el cuerpo desde la salud, no desde la belleza", dijo. Y destacó cómo le impactó toda la experiencia: "Soy otra persona", dijo la estudiante de tercer año de Sicología en la UCC, quien también se hace unos pesos vendiendo ropa de interior.
El estar cuatro días en Terapia Intensiva, esperando ver cómo reaccionaban sus riñones, le produjo un gran cambio a Victoria: "Tenía muchísimo miedo de no poder caminar. Me alegré muchísimo cuando la kinesióloga me dijo que venía para hacerme levantar para que caminara. Y cuando pude levantarme se me llenaron los ojos de lágrimas. Valoro poder caminar".
EL DÍA DEL GIMNASIO
Victoria llegó al electrofitness por la red social Instagram. "No había hecho electrodos antes. Me daba mucha curiosidad".
Todo ocurrió el lunes 23 de octubre. A las 11.20. Victoria se había comunicado por teléfono con el gimansio y había pedido hacer la clase gratuita de prueba. Esas clases son de a dos personas. Su compañera de ese día ya llevaba algunos meses haciendo electrofitness.
"Sólo me preguntaron si antes había hecho actividad física. Y les dije que hacía dos o tres semanas que no hacía. Siempre hacía funcional, kanggo jump, me encanta hacer gimnasia", contó Victoria.
Al empezar la clase, Victoria contó que mojaron los electrodos y se los pusieron en casi todo el cuerpo.
Así relató Victoria el tormento de la clase de gimnasia: "Sentí un cosquilleo muy fuerte en el cuerpo cuando encendieron los electrodos. Pregunté y me dijeron que era porque no estaba acostumbrada. Me dolía demasiado el cuerpo, los brazos, las piernas. Tenía que hacer sentadillas y les decía que me dolía mucho, pero me decían que era normal. Al terminar la clase me dolía mucho. Les pregunté y me dijero que era normal por ser la primera clase. También me llamó la atención que no enlogáramos".
Victoria no le había contado a nadie en su familia que había ido a la clase de electrofitness. "Ya en mi casa me seguían doliendo mucho las piernas. Yo sentía que no era el dolor muscular típico del día después de ir al gimnasio. Me llamaba la atención que fuera tan fuerte".
Al otro día no podía levantarme, le tenía que llamar por teléfono a mi mamá para que me llevar al baño; no tenía fuerza ni para lavarme los dientes. Estaba paralizada
Para no preocupar a su familia, Victoria decidió esperar para ver si el dolor se le pasaba. Pero como le había pasado la noche del lunes, el martes tampoco pudo dormir. Pero el susto fue grande cuando orinó color marrón oscuro. Ahí se dio cuenta que estaba todo mal con su organismo.
"A las 14 horas me llevaron al Sanatorio Virgen de Lourdes donde atiende un kinesiólogo amigo de la familia. Me vio con otro médico de apellido Giménez. No podían creer cómo tenía de hinchadas las piernas. Estaban duras, con poco pulso. De ahí me pasaron directo a terapia intensiva porque los riñones no me estaban trabajando", recordó Victoria.
Los médicos le confirmaron que tenía una insuficiencia renal aguda. Y le dijeron que su vida se salvó porque, dentro de todo, fue rápido al médico. Eso le evitó tener que dializarse.
En esos dos días que estuvo en cama, Victoria estuvo investigando en internet los síntomas que tenía después de la clase de electrofitness. Y los médicos le confirmaron lo que ella pensaba que tenía: "Rabdomiólisis". Básicamente, es la destrucción del músculo esquelético. Además, el cuerpo libera sustancias difícil de eliminar.
"Los médicos me dijeron que eso era por sobreestimulación", contó Victoria. Para dimensionar la lesión, contó que "lo normal son 170 CPK y yo tenía 38.000. Es el equivalente al haber sufrido una electrocución en las piernas". El CPK son las siglas en inglés de la creatina quinasa, una enzima que liberan las células y los tejidos.
FALTA DE CONTROLES
Victoria nunca imaginó que esa clase de electrofitness le iba a provocar tanto daño en su cuerpo. Ella admite que no se había hecho ningún control médico antes de ir a ejercitarse. Pero apunta a los dueños del gimansio.
"En el gimnasio no me pidieron nada. Yo realmente confié en ellos. Yo no tengo que decirles nada al respecto. Si un lugar es apto para todo el público debe ser porque está habilitado. Yo confié en la aparatología. Hay una responsabilidad por parte de quiénes se ponen ese tipo de negocios. Dí por hecho que estaba habilitado. Trabajan con personas, no con sillas", contó Victoria.
Los dueños del gimnasio nunca hablaron con Victoria. Sí lo hicieron con su familia, a quienes le llamaron para ponerse a disposición: "A mí no me llamaron. Hoy en día no pienso en ellos. Me preocupa mi salud".
La joven estudiante contó que nunca antes había tenido un solo problema de salud: "Fue mi primer suero. Tengo secuelas, debo ir un vez a la semana al médico, debo hacerme estudios y análisis".
EL FUTURO
Tras salir de la internación, a Victoria le dijeron que no iba a poder hacer gimnasia hasta fin de año. Y que deberá concentrarse en su rehabilitación: "Todo esto me pone muy triste, me cuesta mucho hablar de lo que pasó. Lo hago para que a otras personas no les pase".