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martes 7 de abril de 2026

La explosiva carta de un cura que anticipó el malestar por los manejos de fondos

La escribió el padre Coyo Rosales hace algo más de un año a Monseñor Delgado, luego de ser removido de la Medalla Milagrosa. Allí da algunas pistas en el debate sobre el uso del dinero.
Por Redacción Tiempo de San Juan
Cuando estalló el escándalo que derivó en la remoción del padre José Rosales de su condición de representante legal del colegio Medalla Milagrosa, desde el propio Arzobispado lo definieron como "una persona brillante, muy estudiada, especialista en derecho canónico, un verdadero intelectual”.

Habrá sido por esa especialización que pidió en febrero del año pasado la intervención del mismísimo Vaticano en lo que consideró una decisión arbitraria, claro que sin obtener su pretensión. Igual escribió una carta explosiva que él mismo repartió en la puerta de la misa del domingo, en la que no se privó de ninguna acusación. Relató su punto de vista en el incidente, desencadenado por una denuncia de una docente de la escuela contra él. Dijo que no sintió que se respetase su derecho a la defensa y se consideró "maltratado y víctima de daño moral y espiritual”.

Causó una verdadera conmoción en la comunidad el alejamiento de un cura que era querido, pero también tenía sus objeciones por el trato. Y desencadenó una verdadera divisoria de aguas entre los que salieron a respaldarlo y los que se pusieron del lado de la decisión del obispo.

En lo que no se reparó demasiado es que esa misma carta abrió al público una insinuante línea de cuestionamiento sobre el uso de los fondos del Arzobispado, que ahora hacen aparición rutilante por la denuncia penal de estafa. En esa carta, Rosales adjudica a la autoridad malos manejos en los dineros, lo hace una manera sutil pero claramente inquisidora.

En aquella nota dirigida a monseñor Delgado, Rosales le señala: "Le recordé por escrito la responsabilidad que tenía sobre los presbíteros, especialmente Roberto Gómez, cuando sufrió el ciclón Ike en Cuba, ante lo cual me pidió que hiciera un colecta para ayudar a los damnificados. La cual se hizo, se recaudaron $20.000 aproximadamente, de los cuales sólo se entregaron $10.000. Le reclamé por escrito que se debía respetar la decisión del donante y usted argumentó otros gastos de computadora y viaje del misionero. También en esa oportunidad recibí un trato despectivo y humillante”. Hay que hacer notar que en los citados balances del Arzobispado existe una cuenta "Misión Cuba” que imputa gastos por $5.000 en 2010 y $10.000 en 2011.

Y continuó Rosales en su carta a la feligresía de la Medalla: "En una reunión de decanato, al salir el tema de la asignación de los presbíteros de frontera que no se les daba tal asignación, usted afirmó que se usaba para el pago de la obra social de las religiosas en el hospital Español. Yo mismo le argumenté que no debía ser así en justicia, y al menos por ese momento no era tampoco como afirmaba que era para ayuda de las religiosas, ya que una de las religiosas que está en la parroquia debía intervenirse quirúrgicamente y no podía hacerlo porque hacía tiempo que desde el Arzobispado no pagaban ese servicio. Aconsejé a las religiosas a hacerlo por escrito, también ahí recibí de usted un maltrato”.

"En ese tema económico me he visto perjudicado al haber pagado la obra social San Pedro en sede del Arzobispado y al no hacerse la transferencia del dinero de las cuotas que pagaba en término, no he podido usarla, a la vez que no se me ha reintegrado el dinero que tuve que poner en una intervención quirúrgica. Al reclamar a la obra social, devolvían la respuesta que era desde el Arzobispado que no pagaban, por lo cual decidí no pagar más esa obra social, de lo cual es usted responsable”.

"Al hablar con el Nuncio Apostólico sobre las denuncias que los fieles no querían hacerlas por su medio porque se sentían defraudados por usted, por envío de un sacerdote tomé las denuncias por el oficio que tengo de promotor de justicia (…) Le presenté la carta que un grupo de presbíteros del decanato Oeste le habíamos hecho llegar después de hablar cada uno con usted para que reviera el modo de llevar los asuntos no claros de la Arquidiócesis”.

Y cuenta que: "En Roma, al pedir referencia si había llegado una carta enviada al Santo Padre con esas irregularidades denunciadas, la carta no había llegado a destino, alguien la hizo extraviar”.

E insinúa otra sospecha: "He asesorado canónicamente a algunos de los presbíteros del Consejo Consultivo sobre la presunta venta inválida, según los cánones, que se ha realizado con un terreno del Arzobispado, que fue donado al colegio parroquial de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, donde hay ciertos indicios de no haber procedido usted según las leyes canónicas, y sé que esto también le ha molestado”.
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