Por Michel Zeghaib
Semana Santa del ’72, entre la fe y las protestas
La Semana Santa del año 1972 cayó entre los días 26 de marzo y 02 de abril. Uno de los lugares más elegidos fue el santuario de la Difunta Correa. Otros, los templos o parroquias; demostrando cómo en San Juan la religiosidad forma parte de su vida cotidiana. Por un lado estuvo la oficialidad católica con sus reglas y ritos; por otro la religiosidad popular con sus matices particulares. La cantidad de personas que deciden vivir esta semana, lejos de los lugares en los que habitualmente se manejan, aumenta cada vez más. El santuario de Vallecito desde sus inicios fue un ejemplo claro de esto, y de la necesidad de vivir de manera distinta la fe.
Aquel año ‘72 se pueden ver en las notas de la prensa escrita la cantidad impresionante de creyentes que se dirigían en procesión hacia el santuario. Cada cual manifestándose según lo sentía. Muchos cumpliendo una promesa: mujeres de rodillas con un niño en sus brazos; hombres de espaldas tratando de avanzar dificultosamente por el pavimento en subida de la Cuesta de las Vacas; o una familia que acompaña a uno de sus integrantes mientras sube las largas escalinatas hasta donde se encuentra Deolinda Correa. Las imágenes conmocionaban, la cantidad incontable de gente conmovía; y se respiraba en el aire un clima de recogimiento imposible de describir con palabras. Desfilaron por el lugar personas venidas desde Bs As, Mendoza, La Rioja, Santa Fe, Santiago del Estero, La Pampa, Córdoba, Tucumán.
Por otro lado, estaban también los que decidieron ir a algún templo cristiano, o a una parroquia, o a la Catedral, donde las celebraciones eran presididas por el arzobispo de ese momento, el franciscano barbado Ildefonso María Sansierra, para sumarse a los ritos propios. Por ejemplo, el domingo de ramos, que, en aquel año se celebró con normalidad. A las 11 de la mañana Sansierra hacía su entrada al templo mayor de los católicos, junto a canónigos y monaguillos, y una cruz llevada por un cura que dirigía la procesión. Al llegar al altar, y ya de frente al pueblo reunido, Sansierra se dispuso a bendecir los ramos de olivo con agua bendita e incienso, para dar comienzo a la misa. Lo mismo con las del jueves santo y el lavatorio de los pies, o el viernes y la celebración de la cruz, la tradicional visita a las siete iglesias, y finalmente, el domingo de resurrección.
Todo era "en apariencia” normal. Gobernaba –de facto– entonces la provincia Carlos Gómez Centurión, y el país el Gral. Alejandro Agustín Lanusse. Y en medio de la fe y la espiritualidad, aquella semana santa se vivió con protestas por un aumento desmedido en las trifas de electricidad y de obras sanitarias. Varias voces se hicieron oír por esos días. Una de ellas fue la del Arzobispo Sansierra que llamó la atención al gobierno de turno respecto de las graves consecuencias que traería a la provincia y a la misma nación, una suba desconsiderada de esos servicios. Otra de las voces fue la de Enrique Ruffa, Presidente de la Asociación Dirigentes de Ventas y Comercialización, y, sin dudas, los principales dardos apuntaron a la política económica que estaba llevando adelante Gómez Centurión. Lunes, martes y miércoles santo fueron días de reuniones e intensas discusiones para lograr acuerdos que parecían esfumarse. Hasta tal punto llegó la crispación que el pueblo sanjuanino decidió no pagar las boletas, con el riesgo de pasar aquella semana santa a oscuras.
De una o de otra manera, y a pesar de los problemas energéticos, para la mayoría del pueblo sanjuanino aquella semana no fue cualquier semana. Tuvo una significación especial, distinta, única, en la que conmemoraron la muerte y resurrección de Jesucristo, declarado como Hijo de Dios, y salvador de los hombres. Las significaciones de esta afirmación pueden ser múltiples, y en aquella semana santa del ’72, una de ellas fue la resistencia a una política económica agobiadora, sostenida por la fe en Dios. Política y Religión se unieron, y, aunque las protesta continuaron después, las celebraciones de aquella semana quedaron intactas.
Fuentes:
Diario Tribuna, marzo y abril de 1972
Diario de Cuyo, marzo y abril de 1972
En el santuario de la Difuntita
En vallecito se congregó una cantidad impresionante de creyentes. Algunos con flores, otros con sacrificios corporales; veneraron la mítica figura de una mujer milagrosa. Las historias que se esconden detrás de las imágenes, dan fe de la intervención de esta mujer en la vida de centenares de personas que se acercan a ella para pedirle un milagro que mejores sus vidas.
La organización con la que se vivió aquella semana, llevada a cabo por la Fundación Cementerio de Vallecito, fue impecable. Hizo fácil el desplazamiento de los visitantes, creando en el lugar un ambiente agradable y de tranquilidad. Junto a los lugares previstos para la oración y el cumplimento de una promesa, estuvieron los típicos negocios que ofrecían a los transeúntes exquisiteces regionales: dulces, chivitos a las brasas, o los clásicos sándwich de jamón crudo; además de imágenes religiosas.
No hay registro de que el santuario se haya realizado aquel año alguna celebración eucarística, o precesión, u otro rito religioso precedido por la iglesia católica.
La consigna: "no pagar y resistir”
La boletas de los servicios de luz y agua tuvieron, como es lógico, dos lecturas: la de la empresa, y la de los contribuyentes. Según la primera, el aumento había sido del 117%, según los segundos, del 350%. Sea cual fuere, ambos fueron desmedidos e imposibles de pagar.
Esto llevó a que el pueblo sanjuanino, apoyado por comerciantes, empresarios y la misma iglesia; decidieran no pagarlos con el riesgo de que les fuese quitado el servicio. Y así fue. Las últimas boletas correspondientes a los primeros meses de aquel año quedarían impagas hasta que no tuvieran una respuesta por parte de la empresa, que desde el año 1956 pertenecía al Instituto Provincial de Energía (IPE). Fue un plan de lucha que tuvo repercusiones varias: una de ellas fue una asamblea popular impulsada por un grupo de estudiantes y obreros; que se llevó a cabo en contra de la opinión de los líderes de los principales centros gremiales –por ejemplo, el Centro Empleados de Comercio, entre otros– que prefirieron protestar de otra manera. La consigna de la lucha fue "no pagar y resistir”. No pagar las últimas boletas, y resistir el corte de suministro, de producirse.
El miércoles 29 de abril de 1972 –miércoles santo– la asamblea de sindicalistas dispuso un gigantesco acto en la Plaza 25 de Mayo. Acto que no se realizó durante la semana santa –quizá la conciencia religiosa popular lo impidió– para hacerse efectivo el martes 04 de abril, dos días después del Domingo de Resurrección.
Dejá tu comentario
Te Puede Interesar
Acción en tres ejes
Por Redacción Tiempo de San Juan
En San Juan, cómo funcionará el plan para detectar vuelos sospechosos como los "rompetormentas" y redes de trata
Redes sociales
Por Redacción Tiempo de San Juan
Abril de blanco: dos bodas de hijas de famosos se robaron todas las miradas en San Juan
Tribunales
Por Pablo Mendoza
Sigue el misterio de la amoladora perdida en una comisaría de Rivadavia, pero ahora con un oficial de la fuerza imputado
Atrapados
Por Redacción Tiempo de San Juan