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sábado 28 de marzo de 2026

Identifican restos

La historia de Fernando, cuando saber duele y cura

A los 5 años sus padres, ambos militantes de Montoneros, lo enviaron a San Juan y nunca más los volvió a ver. Fueron asesinados por la dictadura en el ’76. Lo adoptó su tía y su marido, un ex juez de menores. Los restos de su madre fueron identificados en un cementerio de Rosario. Estaban enterrados como NN. Por Viviana Pastor.
Por Redacción Tiempo de San Juan
Por Viviana Pastor

La cara de Fernando decía todo. Por momentos roja la piel, tensa de dolor, rojos los ojos, húmedos de tristeza, quebrada la voz, lista para el llanto. Pero por algunos instantes volvía a brillar esbozando una sonrisa de tranquilidad, una mueca de alegría. Todas las emociones se leían en su cara como si fuera un libro. Su historia conmovía. 

Llegó a la redacción con la remera blanca de HIJOS (Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio), lo acompañaban dos integrantes, apoyo emocional (ver aparte).

Tiene 43 años y a los 5 perdió a sus padres, Irma Parra Yakin y Jorge Elio Martínez, ambos Montoneros, asesinados por la dictadura militar en 1976 y 1977. Su tío, Carlos Parra, también fue miembro de montoneros, hoy es juez federal. 

Irma, o "Perla” su nombre en la agrupación y como la recuerdan muchos de sus compañeros, murió en un enfrentamiento en Rosario y sus restos nunca fueron hallados, hasta ahora. Hace unos días, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) le comunicó por teléfono a Fernando Martínez Parra que habían identificado el cadáver su madre, sepultado como NN.

39 años después de la muerte de Irma su hijo podrá terminar de hilvanar su historia. "Cuando me informaron lo de los restos no podía ni hablar, no pude ni decir chau, fue un mazazo. Lloré como un niño tirado en el fondo de mi casa”, contó Fernando.

Cuando logró calmarse, lo primero que hizo fue llamar a sus compañeros de la agrupación HIJOS, "que son los que saben lo que hemos vivido”, sólo ellos podían brindarle la contención que necesitaba en ese momento. 

Fernando no necesitaba cerrar los ojos para viajar en el tiempo y recordar los rincones de la casona de Córdoba, los detalles del lugar donde vivía con sus padres antes de perderlos. La militancia los había llevado a esa ciudad donde él hacía una vida ‘normal’, iba al jardín de infantes y nada le hacía suponer que el mundo que conocía estaba a punto de darse vuelta. "Me acuerdo como si fuera hoy. Las caras de mis viejos me acuerdo, más de mi vieja. Mi padre estaba mucho tiempo afuera, yo supongo que trabajando o en el movimiento y pasaba todo el tiempo con mi madre. Me acuerdo de todo. Para mi cumpleaños mi vieja me regaló un perrito, lo traje conmigo y se murió de viejo acá. Pero no era consciente de lo que pasaba”, dijo.

Con la certeza de que los buscaban, mandaron a Fernando a San Juan, con la familia. Al parecer, el matrimonio se separó, Carlos partió a La Plata; Irma, a Rosario, allí, un 4 de noviembre, cayó en una redada junto a otra pareja.  Seis meses más tarde fue abatido Carlos. "De mi vieja no sabíamos nada, mi papá había llamado diciendo ‘Perla murió en Rosario’. Nunca pude reconstruir su historia y esto me va a servir para eso.
Supuestamente fue en un enfrentamiento y eso me da una tranquilidad terrible de que no fue torturada. Los del equipo forense me dijeron eso. Es una noticia tan fea y alguno puede decir ‘cómo está contento por eso’, pero es algo que te da tranquilidad”.

La madrina de Fernando, hermana de su madre, María Alcira Parra, y su esposo, Lisandro LLoveras, ex juez de menores de la Provincia, fueron sus padres adoptivos. Con ellos y sus cinco ‘hermanos’, tuvo una infancia feliz, llena de afecto.  "Mis primos eran mis hermanos y mis tíos eran papá y mamá. Siempre vivimos en calle Alem y Mariano Moreno donde tuve una infancia normal y mucha suerte porque otros compañeros sufrieron mucho”, admitió.

Siempre le dijeron la verdad sobre la muerte de sus padres a Fernando, pero la comprensión real de lo que pasó llegaría con los años. En la escuela Normal Sarmiento había algunos compañeros que tenían órdenes de no juntarse con Fernando "el hijo del subversivo”. "Yo no me daba cuenta, me lo confesaron después. Mi mejor amigo me dijo que a mis viejos los había matado porque habían asaltado un banco, como si fueran delincuentes”, contó.

Estudió en Córdoba la carrera de Contador Público, pero en esa época no le interesaba la política y ni se enteró cuando en 1995 se creaba la agrupación HIJOS, en la Docta. 

En la familia no se hablaba mucho del tema, para su madre adoptiva sigue siendo difícil hablarlo sin llorar. "Debe haber sido en la adolescencia cuando empecé a preguntarme y a entender las cosas”. En el 2000 empezó a participar de las reuniones de HIJOS pero el grupo se hizo fuerte 4 años después, aunque con poca militancia. 
Nunca ejerció como Contador, siempre ha sido un emprendedor en distintos rubros. Se casó en el 2002 con Andrea Otiñano y tuvieron cuatro varones. 

El click definitivo en la cabeza de Fernando se produjo cuando su hijo más grande, Santiago, cumplió los 5 años, la edad que él tenía cuando perdió a sus padres. "Me cayó la ficha y dije ‘no puede ser que no haga nada por mis viejos’, si me muero ya, pensaba, me gustaría que mi hijo me recuerde, que no se olvide de mí. Tenía que reivindicar su lucha, no sólo porque era de ellos, sino porque yo coincido con ella. No quería que su muerte fuera en vano”, aseguró. 

Santiago hoy tiene 12 años y sabe lo que pasó. "Los dos más grandes conocen la historia y preguntan, los más chicos no. Todo lo que puedo contarles, para la edad que tienen, se los he contado”.

Los HIJOS saben que hay cosas que para el resto es difícil entender. "Esto sirve para cerrar algunas heridas, tener donde llevarle una flor. Cierra una parte personal pero no cierra la lucha, para nada. Lo más importante es seguir luchando por un montón de compañeros que no tienen aún los restos de sus padres, que no tienen justicia. Es fundamental que la muerte de mi madre no haya sido en vano”, repitió.

La agrupación HIJOS estima que hay unos 150 desaparecidos y asesinados durante la última dictadura: sanjuaninos desaparecidos acá, los que desaparecieron en otra provincia y los de afuera que fueron secuestrados en San Juan. 

Fernando quiere traer a San Juan los restos de su madre, "no sé cuándo, esto demorará un par de meses de trámites, posiblemente a donde están sus padres en el cementerio de Capital”.

Sobre Jorge
Jorge Elio Martínez fue emboscado y muerto en La Plata. "El Obispo” era jefe de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) y miembro de la conducción nacional de Montoneros. Un pibe que vivía en la misma casa contó la historia de su muerte. La policía rodeó la casa y Martínez escondió al chico debajo de la cama, luego se produjo el enfrentamiento. Fernando dijo que tenía la pastilla de cianuro, no quería caer en la tortura para no delatar a los compañeros. 

Los restos de Jorge están un cementerio de La Plata, hay un registro, pero no se sabe aún dónde.

Los HIJOS, de pie
Cuando Eva Rodríguez se enteró que su padre había sido montonero asesinado por la dictadura, se llenó de odio. Tenía 11 años y su madre nunca le había contado la verdad, fue su hermano el que comenzó a investigar y le dijo lo que había pasado con su padre. 

Gabriel Farías también perdió a su padre. Fue secuestrado en su casa, torturado en clandestinidad y muerto de un tiro en la cabeza. Ambos son miembros de HIJOS y estuvieron todo el tiempo con Fernando. "Somos un grupo muy unido, siempre nos acompañamos. Somos 15 y cuando hay alguna buena noticia nos apoyamos. Pero hay más por hacer”, dijeron. 

El grupo trabaja en red, su tarea más importante es la difusión del tema, que los chicos de las escuelas conozcan que pasó durante la dictadura, que nadie se olvide. Durante el juicio por delitos de lesa humanidad fueron acompañantes de los testigos, además del apoyo psicológico.

"Esto comienza a tomar fuerza en el 2003, gracias a Néstor. Pero cuando empezamos seguíamos siendo subversivos para la mayoría de la gente. Hoy es más fácil porque hay un gobierno comprometido y tenemos la posibilidad de generar muchas cosas”, dijo Eva.

 "No recibimos ni un peso del gobierno, todo lo que hacemos es a pulmón. Creemos que estamos en una época distinta y que estamos dejando a nuestros hijos un lugar mejor donde pueden vivir con justicia. Y lo hacemos sin odio ni rencor”, aseguró Gabriel.

Gabriel tenía un año cuando asesinaron a su padre, Alberto Farías, y no recuerda nada de él. Hace tres años exhumaron sus restos para saber cómo había muerto y confirmaron que fue torturado y asesinado de un tiro en la cabeza. "No lo conocí en vida y lo único que vi de él son sus huesos. Parece morboso pero es lo más cerca de nuestras raíces, así se reconstruye nuestra historia”.

DESTACADO
"Fernando nos habló para contarnos y nos dijo que estaba feliz y partido, es doloroso, es muy fuerte pero tiene todo nuestro apoyo”, Eva Rodríguez.

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