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miércoles 15 de abril de 2026

El Rulo, la cábala del cruce

Guitarrero, cantor y humorista, es un expedicionario destacado desde la segunda edición. Este será su noveno cruce. El Rulo Arredondo se ha convertido en una pieza indispensable en las noches de la travesía. Por Viviana Pastor.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Viviana Pastor

Este año quiso desertar, pero fue el mismo gobernador Gioja el que le hizo llegar un mensaje: "El Rulo no puede faltar, es la cábala del Cruce de Los Andes”. Así que ésta será la novena expedición para él.

Pocos saben su nombre de pila, es sólo ‘El Rulo’ para todo el mundo. Julio César Arredondo, como lo bautizó su madre, es quien le pone música y humor a las noches de la travesía. Sabe más de mil canciones con su guitarra y no es de los que se hacen de rogar, el Rulo canta hasta cuando nadie se lo pide. Puede cantar insolado, con soroche (dolor de cabeza por la altura), con hambre, pero nunca con sed, siempre hay una mano generosa para invitarle un trago.

Tiene una facilidad de palabra increíble y una rapidez asombrosa para el humor instantáneo, no repite un catálogo de chistes, él inventa sobre la marcha. Y siempre está de buen humor.

En el bar de mayor altura del país, El Mandinga, que se abre cada año para calentar las noches de los expedicionarios, el Rulo es el protagonista. A veces lo acompaña algún cantor gendarme o civil, y él cede escenario, pero le cuesta horrores prestar la guitarra.

A los 65 años, hacer esta travesía no es una obligación para el Rulo. "El Cruce de Los Andes es una experiencia extraordinaria, los paisajes, el aire puro, me gusta la naturaleza. No es ningún sacrificio, al contrario, es una pasión, allá cantar las letras de San Martín y la historia que uno conoce, es muy emocionante”, dijo el Rulo.

El Rulo canta desde la cuna. Su papá, Andrés Arredondo, era cantor profesional, integró el grupo ‘Así canta San Juan’. "Somos cinco hermanos y el único que canta soy yo. Mi madre, Irene Romero, una bellísima mujer, no cantaba pero nos apoyó siempre. Mi padre era un cantorazo, lo llamaban siempre y el andaba con figuras, políticos, con todo el mundo, porque tenía un gran sentido del humor”, contó Rulo. Su padre era empleado en la Municipalidad de la Capital, donde también trabaja Rulo hoy.

El folclore cuyano es su preferido, sobre todo el Negro Villavicencio; "con el Negro canté muchas veces”, dijo orgulloso.

Aprovechó el Rulo para desmitificar la mala fama de los cantores: "El que piensa que los cantores de tonada son los más amigos del vino no sabe nada, no ha ido a la escuela nunca. La tonada es lo más puro de nuestro folclore”.

Su familia siempre le hizo el aguante, por eso los menciona con nombre y apellido para que no se queden afuera: su esposa Liliana Gil, su hijo Franco, su nuera Yésica Ochoa y su nieta Morena, que siguiendo los pasos de su abuelo ya se subió a los escenarios a bailar flamenco con sus escasos 4 años.

También tuvo palabras de elogio para sus amigos Marcelo Lima, y Raúl Menegazzo, ellos fueron los que lo invitaron a participar del cruce. Hacerse indispensable fue mérito propio.

Pero el canto y el humor no son sus únicas habilidades. Hasta donde se sabe, el Rulo es el único expedicionario que puede dormir sobre la mula en marcha.

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