Por Miriam Walter
Las caritas de cachetes colorados y mocos pegados por el aire frío muestran sonrisas. Son un malón de bebés, de niñitos, de niñotes, algunos jugando con cajas donde se mezclan las plantas de malvón con su ropa rotita en medio de la mudanza. Dejan la villa San José en Rawson para irse al barrio Cuyo en Rivadavia. Este asentamiento, el protagonista de la última erradicación de villa que hizo el Gobierno a principios de agosto, es uno de los que más chicos involucró: alrededor de 900 dejaron sus ranchos para empezar a disfrutar de un techo digno.
El plan “Vivienda digna, techo seguro” lleva en 9 años de aplicación 84 villas erradicadas que implican 5.164 familias beneficiadas y 25.820 personas, la mayoría de ellas, menores de edad. En el Instituto Provincial de la Vivienda calculan 4 chicos promedio por cada familia, pero se han visto casos de hasta 12 niños en un mismo hogar, según dijo Gladys Videla, a cargo del Departamento de Adjudicaciones del IPV.
El asentamiento que más gente involucró fue el Villa General Mosconi, de Pocito, que implicó el traslado en marzo de 2013 de 306 familias con alrededor de 1.200 niños a los barrios Huarpes y Lagunas en Pocito y Rivadavia, respectivamente. Otras villas que movieron muchos chicos fueron la Benavídez de Chimbas (erradicada en 2006), la Madre Teresa de Calcuta de Pocito(2008) y la San Martín de Caucete (2006), con alrededor de 1.000 menores cada una.
Para los niños hay una logística especial dentro del operativo general de erradicación: “Fue un aprendizaje para nosotros esto. Los niños a primera hora son trasladados a un sitio especial del barrio de destino por asistentes sociales y les dan chocolate, masitas, los hacen jugar, mientras se produce la erradicación. Sobre todo porque entran las máquinas a voltear los ranchos, no queremos ninguna desgracia, y para que los padres se mudan tranquilos”, explicó el ministro de Infraestructura local, José Strada.
Oficialmente aseguran que la erradicación de villas impacta directamente en la mejora de la seguridad y de la salud de la gente, beneficiando de lleno a las nuevas generaciones. “La brutal disminución del índice de mortalidad infantil que pasó del 20 por mil al 9 por mil en pocos años, tiene como una de las causas la erradicación de villas, porque los chicos pasan a tener condiciones de higiene muy diferentes, sobre todo en el consumo de agua potable”, afirmó Strada.
La lectura gubernamental es que la erradicación cambia notablemente la vida de los antiguos habitantes de la villa a todo nivel. De la letrina y el hacinamiento en el rancho, los chicos pasan a tener habitación propia y un lugar digno donde criarse. Dejan de sufrir frío en invierno y la pasan mucho mejor en verano. En cada barrio, se prevé una placita para los chicos. “El proyecto urbano, para ser aprobado por Planeamiento requiere un porcentaje de espacios verdes y ahora también estamos incluyendo centros de salud y escuelas”, apuntó Strada.
Una de las variables más complejas que entra a jugar es el de la escolaridad de los chicos, que muchas veces son trasladados a barrios ubicados lejos de donde estaba el asentamiento y, como son muchos y es cualquier época del año, deben quedarse en la escuela original que también les queda retirada, con el consiguiente trastorno para terminar el ciclo lectivo.
“Nosotros tenemos previsto, coordinando con Educación, que desde el nuevo barrio se traslade a los chicos a la escuela donde iban. Entonces los chicos se trasladan en un colectivo puesto por el Gobierno, porque es conveniente que terminen el año en la escuela donde iban. Y después tienen que inscribirse en escuelas cercanas. Para evitar colapsos se construyen escuelas a la par de los barrios”, dijo sobre el tema Strada. Y agregó que “Se va a seguir con el plan hasta que no quede ni una sola villa”.
Opiniones
José Luis Gioja/Gobernador
“Erradicar una villa de emergencia es la satisfacción política más grande de mi dilatada carrera política. El ver la cara de los chicos abriendo un surtidor, abriendo la ducha del baño, prendiendo una luz, cosas que para muchos de nosotros son comunes y para los que no las tienen no lo son. En la última erradicación había un pibe que me decía ‘cuándo va a llover, para estar acá adentro’, para no mojarse, qué cosa más simple y cuánto hace falta reivindicar e ir a los sectores más sensibles que son ellos. Tiene que ver con la seguridad, con la salud, con la educación, tiene que ver con todo, porque salen de la oscuridad y van a la luz, nos hace bien a todos”.
José Strada/Mtro. de Infraestructura
“El sentido profundo de la erradicación es precisamente el beneficio que van a tener los niños. Muchas veces se dice que la gente que vive en la villa ya tiene su vida armada, pero los chicos son el futuro. Los chicos tienen en un par de años 14 o 15 años y la permanencia en la villa les crea una situación muy complicada porque no siquiera pueden invitar a sus compañeros de escuela a sus casas y muy cerca de las villas tienen el centro donde ven un contraste muy marcado. Un chico que no se rescata a tiempo de una situación de precariedad, ya puede uno intuir el futuro que puede tener. Una mejora en la calidad de vida de esas personas nos beneficia a todos”.