Recientemente el Ministerio de Salud de la Nación anunció la inclusión del implante subdérmico (Etonogestrel 68 mg) al listado de insumos anticonceptivos de distribución gratuita que integran el Programa Nacional de Salud Sexual, cuya ineficacia intentaremos demostrar. Vamos por parte:
Nuevos anticonceptivos, viejas deudas sociales
2- Deficiencias del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable creado por Ley 25673 en octubre de 2002. La citada norma reconoce entre otros objetivos el prevenir embarazos no deseados, y disminuir la morbimortalidad materno-infantil (art 2°). Estamos frente a un Programa que lleva doce años de vigencia en todo el territorio de la nación y que, lamentablemente no ha logrado disminuir ni los embarazos adolescentes, ni el inicio precoz de la sexualidad, ni la mortalidad materna. Veamos algunos datos reveladores:
Respecto al inicio precoz de la sexualidad y de los embarazos adolescentes, las propias autoridades sanitarias reconocen que no se han logrado las metas propuestas cuando afirman que el 13, 1% de las adolescentes de entre 15 a 18 años tienen al menos un hijo. Por su parte, Unicef Argentina, publica que el porcentaje de embarazo en adolescentes en 2011, superó al promedio nacional en 6 de 24 provincias con valores superiores al 20%. Formosa y Chaco con 25%; Misiones 22% y Catamarca, Corrientes y Santiago del Estero 21%. También aumentó la tasa de fecundidad adolescente, indicador que muestra la probabilidad de embarazo en esta población. El análisis de este indicador en nuestro país muestra un incremento acumulado del 11% en los últimos 20 años.
En cuanto a la tasa de Mortalidad Materna (TMM), fácilmente puede advertirse que sí la Argentina sigue con estos parámetros, no habrá logrado para el 2015 la reducción del 75% comprometido ante los 193 Estados Miembros de Naciones Unidas
El propio Ministerio de Salud de la Nación, revela que en 2011 las mujeres menores de 20 años representaron el 18% de los egresos hospitalarios por aborto. Lo mismo sucedía en 2010 cuando desde el “Plan Operativo para la Reducción de la Mortalidad Materno Infantil, de la Mujer y de los Adolescentes”, advertían deficiencias en la gestión de servicios, fallas en el proceso y resultados de la atención preventiva y curativa y el gasto en salud para reducir la mortalidad materna. Por su parte, en diciembre de 2010 la “Dirección Nacional de Maternidad e Infancia” informaba que la evaluación de los Servicios de Obstetricia monitoreados era deficitaria (52% global), señalando que la falta de sangre en los Servicios de Obstetricia, seguía siendo la deficiencia más importante especialmente en NEA y el NOA. Estos datos oficiales visibilizan una realidad innegable, cual es la relación directa entre Mortalidad Materna, pobreza y fallas en el sistema de salud . Más que pertinente resulta el concepto de la Organización Mundial de la Salud, cuando afirma que la Mortalidad Materna es un evento centinela que vigila la calidad de los sistemas de salud en todo el mundo y las fallas en el acceso a los sistemas de salud.
3. Embarazo adolescente y Mortalidad materna: Una deuda social: Nadie puede minimizar la situación de vulnerabilidad a la que quedan expuestas nuestras adolescentes embarazadas, muchas veces unida esta realidad a contextos de pobreza y exclusión, que requieren medidas urgentes de acompañamiento. Ni el estado, ni la sociedad en su conjunto pueden permanecer ajenos frente a esta problemática. Pero todo indicaría que el inicio cada vez más precoz de la sexualidad, el embarazo adolescente, como las tasas de mortalidad materna son la punta del iceberg que esconde una realidad que nos hiere como sociedad, y que debemos poner sobre la mesa para abordarla con seriedad. Hasta ahora, la distribución masiva y gratuita de esta batería de anticonceptivos, algunos de ellos además antiimplantatorios, no pareciera haber dado resultados. Tal vez la razón está en haber concentrado esfuerzos y recursos económicos en las consecuencias, sin intentar solucionar las causas de estas problemáticas. Podríamos intentar otros caminos que impliquen políticas propositivas y de mayor compromiso social:
1- Educación de la sexualidad y de la afectividad: ¿Porqué no atrevernos a empezar por una educación integral de la sexualidad? ¿Porqué no animarnos a abordar desde el aula, en forma gradual, pertinente y en alianza con la familia, todas las dimensiones de la sexualidad, sin reducirla a enfoques biologicistas o a simples instrucciones de cómo colocarse un preservativo? Una educación de la sexualidad que promueva el juicio crítico, el discernimiento moral y la responsabilidad en el ejercicio de la sexualidad y la comunicación de la vida.
2-Educación Emocional: Incorporando en la escuela talleres o espacios curriculares específicos sobre el manejo de las emociones en niños y adolescentes que les capacite para la toma de decisiones. El cuidado y valoración del propio cuerpo, la posibilidad de incorporar la sexualidad en un proyecto de vida personal, la capacidad de resistir a condicionamientos culturales que empujan a un inicio sexual precoz, se apoyan necesariamente en la educación emocional, en el desarrollo de aptitudes y en la capacidad de resiliencia
3-Mejorar las condiciones del sistema de salud: Reforzando la atención del grupo de madres que se encuentran en alto riesgo de vulnerabilidad social. ¿Porqué no intentar abordar el tema de la mortalidad materna más allá de fríos números, que según sean manipulados, muchas veces provocan estériles discusiones que nada aportan. No es el número lo que más importa, porque una y todas nos duelen, sobre todo sí a ello se suma la tragedia de la exclusión y la marginalidad. “Reducir las brechas socioeconómicas y educativas de las mujeres que afectan la vivencia de la maternidad en el presente, es un mandato social sí es que queremos evitar reproducir inequidades en las generaciones futuras” Las brechas regionales arrojan datos reveladores: 1- en la región del NEA prácticamente 5 de cada 10 madres son pobres, mientras que en la Ciudad de Buenos Aires una de cada 10 lo es; 2 - más del 50% de las madres del NEA y NOA no cuentan con una cobertura de salud mientras que un tercio de las madres de la Ciudad de Buenos Aires se encuentra en esta situación
Todo ello nos lleva a la siguiente reflexión: mientras no comprendamos que la problemática del embarazo adolescente y mortalidad materna es un problema social que trasciende el componente sanitario, seguiremos poniendo el carro delante de los caballos. Frase tan obvia como poco sutil, pero que originada en la sabiduría de los hombres de campo, nos recuerda que para que las cosas funcionen con corrección, debemos hacerlas respetando un debido orden.