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sábado 25 de abril de 2026

CASOS QUE CONMOCIONARION A SAN JUAN

Y corrió su última carrera…

El ciclismo se puso de luto. El 07 de mayo de 1998 moría el ciclista por antonomasia, el cronista certero, el padre de familia y el amigo. Una multitud lo despidió con dolor. Hoy, a 16 años de aquel momento, la memoria regresa. Por Michel Zeghaib.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Michel Zeghaib

Para muchos fue uno de los ciclistas más grandes que tuvo el mundo. Si nombre: Vicente Alejo Chancay. Había cumplido 58 años hacía poco cuando la muerte golpeó su puerta. Fue un día jueves, quizá, uno de los más tristes que recuerde la historia del ciclismo local y nacional. “El Vicente” pasaba a formar parte de las leyendas del mundo deportivo sanjuanino. Además, fue un hombre muy querido y respetado. Para muchos, había sido tocado por la varita mágica de la excelencia. Decían que tenía un don, que “alguien” lo había bendecido como deportista del ciclismo.

El Vicente fue un hombre sencillo. Muy lejos de las luces de las ovaciones que lo habían posicionado como un grande, era humilde. Murió a causa de una enfermedad que lo aquejaba desde hacía tiempo. Estaba casado y tenía 4 hijos y, al momento de morir, habían pasado 15 años de su última carrera. Aún así, la multitud que acompañó el día de su funeral fue impresionante. Amigos, admiradores; incluso, contrincantes, se hicieron presentes para acompañar a su familia, y despedirlo.

Aquel día, luego del religioso velatorio, se dispuso a armarse la caravana que, desde una cochería céntrica, iba a llegar hasta el departamento de Pocito. Una vez en camino, la multitud que seguía al coche fúnebre aumentaba a medida que avanzaba. En las imágenes periodísticas se podían ver detrás del coche miles de personas, y, delante de él, encabezaban la caravana dos motos de la División de Tránsito y un pelotón de ciclistas ataviados del correspondiente atuendo de competición.

Fueron por la avenida España y entraron al Barrio Güemes por calle Liniers, de tal manera que sus vecinos pudieron despedirlo con lágrimas en los ojos y aplausos respetuosos. Luego, tomaron por Lemos y, finalmente, se dirigieron al cementerio parquizado de aquel departamento sureño. Allí quedaron para siempre los restos del campeón.

Los últimos cincuenta días de vida los pasó en el Instituto Médico de calle Catamarca. Él presentía que esa internación podía ser la última, y así fue. En un estado de total naturalidad tuvo tiempo de despedirse de su esposa y de sus hijos, incluso del médico que lo atendió, el Dr. Daniel Arias, y las enfermeras. Murió en paz, resignado, consciente, preparado. Enfrentó la muerte con entereza y valentía. Esa muerte que golpea sin permiso cuando viene, esa muerte que es lo único a lo que nadie puede cerrarle la puerta en la cara, aunque no estaría mal poder hacerlo.

El talento y al carisma que tenía fue insuperable. Veintiséis carreras fue la herencia que dejó al mundo del ciclismo, haciendo que su recuerdo quede vivo. Los 16 años que han pasado no menoscabó su figura emblemática que quedó impresa en la memoria colectiva de miles de sanjuaninos. El doloroso final de aquel cáncer implacable hizo de Vicente Alejo Chancay una persona indeleble, alguien inolvidable.

Fuentes:
Diario de Cuyo, mayo de 1998
Diario de Cuyo, mayo de 2008


Anécdotas y opiniones

En nota de Diario de Cuyo de mayo del 2008, Fabio Garbi una anécdota poco conocida. Resulta que cuando Vicente tenía 14 años, se subió a un vehículo de reparto y se fue hasta El Cerrillo para ver la “Mendoza - San Juan” en su edición del año 1955 en la que ganó Miguel Sevillano.
En la misma nota cuenta también que Ernesto Contreras, había dicho que no le gustaba llegar junto a Vicente al velódromo, porque podía venir fusilado, pero cuando pisaba la pista y escuchaba el clamor del público renacía y era casi imposible vencerlo: “...él solo llenaba el estadio”, decía.

Un ciclista único

1962: 1º en Clasificación General Calingasta (Doble Calingasta), Argentina.
1967: 2º en Juegos Panamericanos, Ruta, Winnipeg (Manitoba), Canadá. En ésta carrara salía primero en canadiense Marcel Roy, y tercero el mexicano Heriberto Díaz Ornela.
1968: 1º en Mendoza – San Juan, Argentina.

 

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