Por Viviana Pastor
Negro Figueroa: El hereje del folclore
A los 53 años el Negro no descansa en viejas glorias y sigue apostando a transformar la música sanjuanina. La chispa le saltaba cuando aseguraba que “a nuestro folclore hay que darle una nueva mirada, buscarle otra cosa, no quedarse en los bares encerrados, eso no lo hace crecer. Lo que yo hice con el folclore cuyano fue sacarlo del modelo, compuse cosas para el mundo no sólo para los sanjuaninos”
Reafirmó la idea asegurando que “los músicos tenemos la responsabilidad de acercarnos a la temática social actual, tomar conciencia de que tenemos que impulsar algo nuevo. Con Daniel Giovenco, Rubén González, el Chicato Sánchez, Mario Robledo, hicimos un nuevo cancionero sin querer”.
Desde hace 27 años vive en la capital de Paraguay, se fue a trabajar y se quedó por amor. Con una tonada medio híbrida, entre el arrastre del sanjuanino y el golpeado de los paraguayos, el Negro contó a Tiempo de San Juan que sigue muy activo y con el corazón siempre en su tierra: Acaba de grabar su cuarto disco como solista, “Ecléctico”, un resumen de su estilo.
El disco lo grabó superando mil dificultades, hizo algo en Buenos Aires y lo terminó acá, en el estudio de Sergio Manganelli, El Hornito. “Mi idea era grabar todo el disco en Buenos Aires, bajo la producción de Néstor Basurto, pero el presupuesto no me alcanzó porque en el transcurso se enfermó gravemente mi señora y tuve que poner toda la plata que tenía. Así que Basurto me arregló 5 temas nada más. En San Juan se lo mostré a Sergio en su estudio, le gustó mucho y me alentó para seguirlo desde San Juan”, contó el Negro.
Pidió plata prestada a un primo de Buenos Aires y así pudo terminar de grabar. El disco se puede escuchar en la flamante página web, www.elnegrofigueroa.com.ar, pero aún no está editado, algo para lo que no alcanzaron sus fondos.
Autodidacta, como muchos de los grandes músicos sanjuaninos, Figueroa empezó a cantar desde niño, de mano de su padre. A los 16 años ya tocaban la guitarra y empezó a cantar en el coro vocacional de la Universidad, él atribuye a quien entonces era su profesor, Ricardo Ochoa que fue tenor del teatro Colón, el descubrimiento de su talento como compositor.
Por entonces surgieron sus primeras canciones, mientras estudiaba armonía, y teoría y solfeo en la Escuela de Música de San Juan. Con apenas 18 años grabó un disco acompañando a otros guitarristas con Julia Vega, la alondra de los Valles Huarpes.
Pero sus inquietudes musicales lo llevaban a los escenarios, donde sus canciones no siempre eran bienvenidas. “En las peñas folclóricas no querían escucharme, decían que mis tonadas eran para homosexuales, ahí yo no tenía espacio, así que me iba con los rockeros, ellos porreaban y yo tomaba vino, fueron los que me dieron un espacio para cantar con ellos, “los rockeros se prendieron con lo que hacía”, recordó el Negro.
Tocaban en salas, cines, por los departamentos, donde fuera. De esos grupos salieron los Pléyades, la mítica banda del rock sanjuanino formada por Miguel Domeneghini, David Molina y Alberto Sarracina, a la que luego se sumó Tito Oliva.
Por entonces Hugo tenía un grupo con su nombre, había guitarras, violines, violonchelo y fagot, con músicos de la orquesta de altísimo nivel. “Esa banda sonaba como la puta madre. Me acuerdo que una noche en el anfiteatro tocamos con ellos y como la gente pedía más y no teníamos más repertorio yo me quedé sobre el escenario con la criolla y me acompañó Sarracina con la eléctrica, toqué por primera vez Primera Soledad y pensé: ‘primera y última vez que toco esta porquería’, me parecía que la música mía era muy sencilla para ese pedazo de poema de Armando. Pero a la gente le gustó mucho y fue tal la reacción que después todo el mundo hablaba de esa tonada”, dijo.
Estudiar e investigar sobre música fue siempre su inquietud, así que a los 21 años se fue a Mendoza a tomar clases con Tito Francia, otra gloria mendocina que era profesor de la cátedra de Guitarra en la Universidad. Allí conoció a Tejada Gómez, “palabra mayor del folclore”, a quien le musicalizó varios poemas; y se incorporó al movimiento del Nuevo Cancionero.
Mediaba la década del ’80 cuando Figueroa crea Vereda, una banda con Sarracina, Rulo Tejada y Rolando Lamela. “El grupo fue considerado uno de los mejores de Cuyo, por el ajuste y las fusiones que producían, fuimos los primeros en hacer folclore cuyano con instrumentos eléctricos”, dijo.
Según cuenta la leyenda, una vez el Negro compuso un tema a una chica en la que también estaba interesado Giovenco, “yo había ido a visitarla y estaba Daniel ahí, entonces le dije que le había hecho un tema y se lo canté. Al tiempo me dice Giovenco: ‘me dio mucha vergüenza ese día porque yo también le había hecho una canción a Eve, pero con 4 acordes y la tuya tenía como 100!’, pero bueno, él es más ingenioso con las letras”.
En 1987 viajó a Paraguay para realizar arreglos a una cantante de ese país que se presentaba en Viña Del Mar y se integró a Cantamérica, un grupo paraguayo con el que recorrió todo el país. En esas andanzas conoció a Miyuki Ota, hija de japoneses residentes allá y quien logró retenerlo. “Me enamoré y perdí el rumbo, como todos los enamorados”, bromeó. Con ella tuvo tres hijos: Nishu Emerson, de 24 años; Yuri Ayelén, 21; y Keiko Beatriz de 19.
En el 2010, de paso por San Juan, armó el grupo Negro Figueroa Trío con dos ex-Vereda, Tejada y Lamela, más el saxofonista Eduardo Bustos, actuaron en San Juan y Mendoza.
Hoy vive en Asunción y trabaja medio día en un minisúper, propiedad de la familia. El otro medio día lo dedica a la música, realiza arreglos para otros músicos y dirige coros.
En proyecto tiene cientos de canciones propias, pero su sueño es hacer un disco musicalizando poesías de Buenaventura Luna.
Recién salido del Hornito
“Me encanta Villavicencio (Ernesto), es un genio, tenía una oreja terrible; pero ahora tenemos que hablar de las cosas que están pasando. El último disco, Ecléctico, tiene muchas variaciones. Ahora los pendejos cantan el folclore como Luis Miguel, se perdió la raíz”, criticó el Negro.
De su disco destacó algunos temas nuevos como Ensoñación, un ritmo de vals-jazz, “no es desconocido el ritmo en Estados Unidos, pero en Argentina es poco usado. La letra la hice una noche que soñé con mi madre, ella había muerto hacía tiempo pero se me aparecía y me preguntaba dónde y cómo estaba. Cuando ella murió o lloraba mucho, quedé muy mal, y ella en el sueño me dijo que deje de sufrir, que ella estaba siempre conmigo, que tenía que seguir mi vida y que crecer con mi música. Yo me desperté y escribí lo primero que me salió: madre te fuiste de mí, dejándome un páramo, una estrella rota entre mis manos…”
Contó que en el tema ‘Cuando llora mi niña’ habla de la desolación de los niños del mundo en las guerras; El Repartido busca darle un nuevo enfoque a la tonada con una letra que transporta a la infancia.
“Éxodo, con letra de Miguel Vera, un sanjuanino que coordina el encuentro de poetas en Cosquín, cuenta su historia cuando de niño sus padres trabajaban en la cosecha del ajo y como después de eso quedaban sin nada”, señaló.
Pero también se incorporaron sus grandes éxitos como Tonadita, Primera soledad, Espejo en la acequia, y Hay un pueblo, es mi pueblo.
“Yo creo que no soy nadie, pero sí hice un folclore muy diferente. Lo tradicional está muy bueno, pero hay que lograr imponer lo que hacemos en Buenos Aires, para eso necesitamos un nuevo sentido, nuevas letras, porque si logramos imponernos estamos imponiendo nuestra cultura”, dijo.
El investigador
Figueroa dijo que hizo un estudio sobre la raíz folclórica de Cuyo, que aún no ha plasmado en ningún documento, según el cual éste tiene 7 células rítmicas, muchas de las cuales quedaron muertas. “Hay algo en el estilo de Carlos Gardel, que lo tuvo a Saúl Salinas como guitarrista y le pasó muchas cosas de Cuyo, como Sanjuanina de mi amor”, aseguró.
También dijo que en el país hay 365 ritmos musicales, “pocos en el mundo tienen esta variedad”.
Estos conocimientos lo llevaron a dar charlas en varias escuelas, donde con su guitarra y grabador enseñaba “las músicas nuestras y la importancia de no perder la raíz, hoy los chicos están perdidos en relación a nuestra música”.
Un reclamo
“Los músicos de esta vieja escuela están viviendo un exilio musical, no tenemos el apoyo que deberíamos tener ni la difusión. Tendríamos que hacer como en Rosario que hicieron ‘el rosariazo’; los mendocinos están mejor agrupados. Nosotros hicimos como un movimiento pero nunca pudimos crear algo importante para darnos a conocer”.
Opinan del Negro
Sergio Manganelli / sonidista-músico
“El Negro es parte de una camada de grandes compositores e intérpretes de la música muy sanjuanina, no de Cuyo, muy de acá, y no sólo del folclore sino también del rock y de la música en general. Junto con Giovenco, Chicato Sánchez, Jano Molina, Enzo Pérez o el Cabezón Varas, son los valores de gente de más de 40 años.
El Negro vienen de otro ambiente que no es el folclore puro y su música tiene cosas de otros lados. Como compositor me parece muy bueno, tiene canciones geniales, hermosas, a la altura de cualquier compositor nacional o internacional”.
Enzo Pérez / músico-compositor
“Creo que el último disco de Figueroa es un producto muy logrado, muy personal. Su búsqueda melódica, armónica y su manera de cantar lo hacen único. Tiene personalidad su voz. Se nota que está en una búsqueda, más allá de sus influencias de la gente de esta camada que viene del folclore, del jazz y del rock, pero él lo sintetiza de manera personal. Y no sé si me parece a mí, pero esa síntesis tiene que ver con este paisaje sanjuanino, tiene una dosis de cuyanía y es su marca”.